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Dos años de la política educativa de Gustavo Petro, en contra de “lo público”

Por María Antonieta Cano  

Transcurridos dos años de la administración de Gustavo Petro hasta el momento en materia educativa, la situación no podría ser peor. Para quienes desde la campaña electoral y de la aprobación del plan distrital de desarrollo de la “Bogotá Humana” denunciamos el carácter neoliberal

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Por María Antonieta Cano  

Transcurridos dos años de la administración de Gustavo Petro hasta el momento en materia educativa, la situación no podría ser peor. Para quienes desde la campaña electoral y de la aprobación del plan distrital de desarrollo de la “Bogotá Humana” denunciamos el carácter neoliberal

de sus políticas, del favorecimiento que para el capital privado contenían las tan mentadas “alianzas público-privadas”, tal desastre no nos sorprende.

A pesar de los afanes propagandísticos, de los eufemismos con los que se promueven políticas con nombres rimbombantes como “eliminar la segregación”, “la jornada única”, la “atención integral a la primera infancia”, el “fortalecimiento de la media”, entre otras; bajo ese ropaje altisonante se trata de encubrir la conjunción con la política educativa de Santos, incluso aventajándola en algunos casos y refrendando el modelo económico que está acabando con la educación pública: el neoliberalismo. Hay hechos suficientes que brindan evidencia para ratificar esta afirmación.

Más jornada, menos salario: con la política denominada “currículo para la Excelencia Académica y la Formación Integral 40×40”, más conocida como la “jornada extendida” y también con la contratación de personal para la atención de la Primera Infancia, se aumenta la jornada laboral de 30 a 40 horas semanales de los docentes sin que haya habido un debate sobre la justa compensación salarial que implica. Se cumple con el precepto neoliberal, “más jornada, menos salario”, coincidiendo plenamente con la ministra María Fernanda Campo. Y no se resuelve la necesidad que tiene la educación pública de la jornada única, para la cual se necesita ampliar la planta de personal, realizar un inmenso plan de construcción de infraestructura educativa y respetar la autonomía establecida en la ley general de educación para que sean los establecimientos educativos los que determinen el que hacer en su PEI y en su plan de estudios y no, como lo está haciendo Petro y la ministra, la imposición de las asignaturas a tratar y el contenido de ellas, todas referidas a la política neoliberal.

Tercerización laboral: Al tenor de la” jornada extendida”, que se quiere hacer pasar como jornada única, se introduce la tercerización laboral. Son conocidas las consecuencias que esta modalidad contractual trae para los trabajadores cualquiera sea el sector donde se implante. Los trabajadores de la salud, por ejemplo, son uno de los tantos ejemplos donde su aplicación ha traído abaratamiento de salarios, negación de derechos sindicales y degradación de las garantías laborales. En la Bogotá Humana campea el desmonte de la contratación directa mediante convenios con operadores privados, como COMPENSAR, que proveen al Distrito de vacantes donde deberían nombrarse docentes vinculados directamente por la Secretaría de Educación.

En julio de 2013, ya se habían incorporado, a la “jornada extendida” cerca de 500 docentes, 123 en comisión de servicios o provisionales, y 347 bajo la modalidad de horas extras en 56 colegios cubriendo algo menos de 42 mil estudiantes. Así, poco a poco, se van montando las conocidas recomendaciones internacionales que buscan aminorar al magisterio como gremio y a sus organizaciones y, de paso, se deteriora la calidad de la educación, precisamente contrariando lo que persigue una auténtica jornada única

Convenios y concesiones: en el marco de las alianzas público privadas (APP), la administración de Gustavo Petro sigue favoreciendo el negocio de los particulares en desmedro de la estabilidad de los docentes y de la educación pública. Durante 2013, en la modalidad de los llamados colegios por convenio, se contrató con 181 establecimientos para atender 78.476 estudiantes y, en la de colegios por concesión, hay un total de 25 que -con corte al 30 de julio del presente año- en el sistema de matrícula registraban 39.749 estudiantes. El gobierno distrital impulsa a la flexibilización y precarización del trabajo docente, bajo estas modalidades las jornadas laborales rebasan las distritales y los salarios son inferiores a los ya pírricos del sector público que deben cubrir los costos de la seguridad social, alimentación y transporte. Y ponen en un segundo plano la formación de los estudiantes, la cual queda bajo el arbitrio de la educación como negocio.

Estas cifras no se compadecen con el número de docentes, vinculados a la planta de personal del Distrito, que día a día ven tambalear su estabilidad laboral porque, según la Secretaría de Educación, hay “baja matrícula” en las instituciones educativas públicas distritales. Una clara contradicción con la publicitada -“defensa de lo público”- que se repite hasta el cansancio por la administración de Petro.

Infraestructura“mucho tilín tilín y nada de paletas”: Gustavo Petro desde su campaña ha hecho demagogia con este tema. Prometió la construcción de 1.000 jardines, en el Plan de desarrollo los redujo a 190 y a la fecha, en la mitad de su mandato, lo entregado (apenas 3) puede contarse con los dedos de la mano. Para la implementación de la “jornada extendida” dijo que construiría 100 colegios (por leasing, con el sector financiero), luego se volvieron 30 y a estas alturas no ha edificado ninguno.

Lo que con anticipación diversas voces alertaron sobre la imposibilidad de llevar a cabo tan desproporcionado ofrecimiento, que no fue más que el clásico engaño electorero tradicional para captar votos asaltando la conciencia de los votantes, queda demostrado en un estudio del concejal Juan Carlos Flórez, que concluye: “Al ritmo de la administración, tienen que pasar mínimo 60 años para poder garantizar la jornada única en todos los colegios públicos”.

Resistir y detener los soportes de la política educativa del Distrito

Aunque la tercerización laboral, la “jornada extendida”, las concesiones y convenios, y demás subproductos neoliberales son los soportes de la política educativa de Petro y de su secretario, Óscar Sánchez, en consonancia con las del gobierno nacional, y se adelantan con cautela y paulatinamente para no confrontar al magisterio, es necesario resistirlos y detenerlos. Que no logren concretar el intento de erosionar los principios y derechos centrales del magisterio y de la educación pública, que – de hecho- son complementarios, resistamos estas políticas para que no cumplan con tal propósito y más bien que pasen a la historia, como reza el adagio, “con el pecado y sin el género”, de haberlo intentado sin haberlo podido conseguir.

18 de noviembre de 2013.

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