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Dos años de Santos: ¿Prosperidad para “todos”?

Por Albert Berry / Razón Pública  

El experimentado economista canadiense y candidato al premio Nobel, gran conocedor de Colombia, explica por qué las locomotoras del gobierno de Santos no son aptas para crear empleo, mejorar las condiciones laborales o atender a los más necesitados.

¿De cuáles “todos” estamos hablando?

Entre esos todos están incluidos, claro está, los millones de desplazados por la violencia rural que ha azotado al país y otros millones con poca educación

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Por Albert Berry / Razón Pública  

El experimentado economista canadiense y candidato al premio Nobel, gran conocedor de Colombia, explica por qué las locomotoras del gobierno de Santos no son aptas para crear empleo, mejorar las condiciones laborales o atender a los más necesitados.

¿De cuáles “todos” estamos hablando?

Entre esos todos están incluidos, claro está, los millones de desplazados por la violencia rural que ha azotado al país y otros millones con poca educación , poca experiencia o pocas competencias para el tipo de trabajo que requiere más y más una economía moderna, y los millones (que se pueden traslapar con algunos de los primeros dos grupos) que constituyen el sector “informal”, donde se emplea alrededor de la mitad de la fuerza de trabajo urbana.

Dado que el ingreso laboral constituye el factor que determina cuántas familias permanecen en la pobreza o logran escapar de ella, el comportamiento de la economía durante los próximos años no podría calificarse de exitoso a menos que se tenga evidencia de un desempeño positivo del conjunto de las variables laborales: el empleo, la productividad laboral, el nivel de salarios o ingresos de los diferentes grupos de trabajadores, el desempleo, el subempleo, las condiciones del trabajo…

El comportamiento de estas variables es particularmente dramático en el caso de las familias desplazadas por la violencia, víctimas a quienes se les irán restituyendo tierras y derechos: pero su destino económico y social, compartido con los otros trabajadores menos capacitados (en buena parte los de menos educación y entrenamiento) adquiere además un carácter urgente.

Cómo absorber más mano de obra

El comportamiento de las citadas variables laborales depende de tres factores:

* la oferta de trabajo (cantidad y capacidades de los trabajadores);

* la demanda de trabajo, y

* la eficiencia del mercado de trabajo.

De estos factores el más importante es la demanda. En consecuencia, una estrategia exitosa de empleo debe, más que cualquier otra cosa, asegurar una fuerte demanda de mano de obra. La demanda agregada de mano de obra depende de la composición sectorial de la economía y de las tecnologías escogidas: mientras más sectores se caracterizan por el uso intensivo de mano de obra, mayor la demanda total, y mientras más se escogen dentro de cada sector tecnologías intensivas en mano de obra, mayor esa demanda total.

Así, los cambios de la composición sectorial de la economía y de las tecnologías seleccionadas nos dan una idea inicial sobre la probabilidad de que la demanda laboral crezca en el grado deseable.

Como objetivos laborales generales del Plan de Desarrollo se han identificado dos:

* generar 6,5 millones de puestos en el curso de la década, y

*formalizar 2,6 millones.

Los sectores identificados como locomotoras del crecimiento y del empleo son cinco: la minería, la infraestructura, el agro, la vivienda y la innovación (que a propósito, no es un sector, sino un foco de atención).

Esta combinación de sectores ya resulta preocupante, porque —con excepción de la vivienda y anotando que el impulso principal dentro de la agricultura no proviene de la agricultura familiar— la minería y la infraestructura son sectores que normalmente se consideran elementos de una estrategia o patrón de crecimiento excluyente, precisamente por su incapacidad de generar empleo en las cantidades necesarias.

A continuación paso revista a estos cinco sectores.

Locomotoras y empleo

La inversión en infraestructura es sin duda deseable y pertinente por su impacto sobre la eficiencia económica, y es capaz de crear bastante empleo siempre y cuando las tecnologías utilizadas no sean demasiado intensivas en capital. La construcción de caminos vecinales genera bastante empleo por peso invertido, la construcción de puentes urbanos genera mucho menos. Hay que estudiar los detalles para precisar el impacto sobre el empleo.

Cuando se basa en la pequeña agricultura familiar, el crecimiento de este sector aporta mucho empleo decente. Cuando el patrón favorece a la gran agricultura (incluso la ganadería, grandes plantaciones, etcétera) genera relativamente poco empleo en promedio por unidad de los otros factores utilizados.

El desplazamiento de los pequeños agricultores, en un contexto de violencia, y el descuido de la agricultura familiar por parte de la política estatal tienden a favorecer a las unidades grandes y poco generadoras de empleo. La concentración de la tierra es una de las más altas del mundo. Para que este sector recupere su capacidad histórica como fuente de empleo decente, se requerirá un cambio radical de la política, un cambio deseable de por sí en muchos sentidos, pero que no parece jugar un papel en el Plan 2010-2014.

De los cinco sectores identificados, la vivienda es el más promisorio en términos de creación de empleo, dado que típicamente absorbe bastante mano de obra, una buena parte no muy cualificada. Esta actividad tiene la limitante de que en ninguna economía alcanza a ser uno de los sectores más grandes; no obstante, puede crear empleos y así contribuir a que el Plan resulte finalmente incluyente.

La innovación es fuente importante de crecimiento, pero no de empleo. Por el contrario, su impacto típico es desplazar mano de obra, resultado deseable y natural en países con escasez de ese factor, pero no en países donde hay un excedente de mano de obra como es el caso de Colombia.

La innovación más deseable en un país como Colombia es la que aporta a la eficiencia de las actividades e industrias relativamente intensivas en mano de obra, tal como la agricultura familiar y las pequeñas y medianas empresas manufactureras (pymes industriales). La innovación menos deseable es la que aumenta la productividad de la mano de obra en sectores en donde esa productividad ya es alta, como es el caso de la minería moderna y de la gran agricultura.

En resumen, el impacto de la innovación sobre el crecimiento económico y especialmente sobre el empleo depende del tipo de cambio tecnológico y del sector dentro del cual ocurre. Al respecto, el Plan de Desarrollo no inspira mucha confianza.

La minería es en general el sector más débil de todos en cuanto a su capacidad de crear empleo, y tal vez también en cuanto a su efecto en el crecimiento. Aún en los países netamente mineros el porcentaje del empleo provisto directamente por este sector es bajo (menos de 1 por ciento en Venezuela, por ejemplo). Aun incluyendo el empleo indirecto a través de los enlaces con otros sectores, es un sector pobre en este sentido.

Luego, cuando se toma en cuenta el impacto negativo sobre el empleo que resulta de las importaciones “financiadas” por estas exportaciones, el impacto neto final sobre el empleo es casi siempre negativo, a veces muy negativo.

Lo normal es que la minería genere más empleo durante la fase de inversión y construcción, pero cuando esta fase se termina y comienzan las exportaciones (y las importaciones correspondientes) el impacto vuelve a ser negativo.

La minería al banquillo

Durante las últimas décadas la minería también se ha distinguido por ser un sector cuyo aporte al crecimiento económico ha sido menor de lo que se esperaba, dado el aparente valor de los recursos naturales (aunque varía de país a país). También se ha detectado una relación directamente proporcional entre el peso de este sector y el nivel de desigualdad del país.

Los estudiosos del tema han denominado a este conjunto de inconvenientes “la maldición de los recursos naturales.” Los peligros que acompañan la explotación de los recursos naturales pueden limitarse mediante políticas bien diseñadas que reconocen de antemano los peligros, tal como en los casos de Noruega, Chile e Indonesia (en ciertas épocas), en parte sobre la base de una tasa de cambio devaluada para evitar el flujo inmediato de importaciones, que en otras economías han perjudicado a las otras industrias productoras de bienes y servicios transables (o comercializables internacionalmente).

Una preocupación adicional en torno al desarrollo minero son los frecuentes y muy conocidos daños ambientales y abusos de los derechos humanos que esta actividad propicia. Con su historia de conflicto, de violencia y de falta de justicia en las áreas rurales, y con el grado del conflicto entre el uso de la tierra para minería y para la agricultura familiar, Colombia es uno los lugares menos propicios del mundo para esta actividad.


¿Un Plan deliberadamente excluyente?

El haber identificado al sector minero, al agro (enfocado en grandes proyectos de tecnología moderna) y a la innovación como motores del crecimiento implica de por sí que los objetivos en cuanto al empleo van a ser muy difíciles, si no imposibles de alcanzar. La generación de empleo fuera de la minería y de la agricultura tendría que ser muy grande, cosa que requeriría políticas muy sofisticadas y eficientes, que todavía no existen.

Se requeriría encontrar otros sectores bastante intensivos en mano de obra y a la vez con alta productividad para contrarrestar los previsibles efectos laborales negativos de estas tres locomotoras (y posiblemente la infraestructura también).

Sin poner en marcha una política explícita que incentive a estos otros sectores de crecimiento y empleo, es probable que un modelo de desarrollo que siga las líneas del Plan actual resulte “excluyente”, es decir cuyos beneficios se queden concentrados en pocas manos.

* Albert Berry es profesor emérito y director de Investigaciones del Programa de América Latina y el Caribe en el Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Toronto (Canadá) y candidato a Premio Nobel de Economía.

www.azónpublica.org, agosto 5 de 2012.

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