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El Banco de la República necesita la presencia de sectores alternativos del pensamiento económico: Clara López Obregón

Durante el VI Congreso de la Unión Nacional de Empleados Bancarios, UNEB celebrado en Cartagena, la presidenta del Polo Democrático, Clara López Obregón fue invitada para hablar ante la Junta Nacional de la UNEB sobre coyuntura y movimiento sindical donde resaltó la gran importancia para el país, que cumple este sector.

En su intervención, Clara López manifestó que “la liquidez del sector estatal debe ser utilizada en función del desarrollo progresista de la economía nacional.

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Durante el VI Congreso de la Unión Nacional de Empleados Bancarios, UNEB celebrado en Cartagena, la presidenta del Polo Democrático, Clara López Obregón fue invitada para hablar ante la Junta Nacional de la UNEB sobre coyuntura y movimiento sindical donde resaltó la gran importancia para el país, que cumple este sector.

En su intervención, Clara López manifestó que “la liquidez del sector estatal debe ser utilizada en función del desarrollo progresista de la economía nacional.

Y los trabajadores y empleados bancarios deberían orientar su accionar y sus luchas con el resto de los trabajadores del país en el objetivo de establecer una regulación que permita la supervivencia del sector financiero en condiciones de control estatal favorable a los intereses de la economía y de todo el pueblo colombiano”.

Asimismo, la presidenta del partido de oposición, expresó la necesidad de que el Banco de la República tenga la presencia de sectores alternativos del pensamiento económico colombiano y explicó que esto se debe dar “como una manera de lograr la transparencia en la política cambiaria y en la regulación de las tasas de interés tan necesaria para garantizar una política de inversión que genere empleo y garantice que las utilidades de este mismo sector se reinviertan a favor del desarrollo industrial y comercial del país”.

Texto completo de la intervención:

Palabras pronunciadas por Clara López Obregón, Presidenta del Polo Democrático ante la Junta Nacional de la UNEB

Cartagena, 25 de septiembre de 2012

Quiero, compañeros y compañeras del VII Congreso Nacional Ordinario de delegados y delegadas de la Unión Nacional de Empleados Bancarios UNEB, agradecer esta invitación, que refleja las relaciones fluidas, de cooperación y compromiso, entre quienes militamos en la izquierda – en todas sus vertientes- y la clase trabajadora organizada. En los días y jornadas que vienen vamos a tener que estrechar esos vínculos para que la izquierda democrática pueda jugar el papel que le corresponde en el proceso de concreción de las reformas sociales y económicas, sin las cuales todo esfuerzo de reconciliación entre los colombianos resultará frustrado.

Hace unos días cuando hice una intervención sobre la coyuntura política ante la Junta Nacional de la CUT expresé que la realidad política y las relaciones de producción colocan a la clase trabajadora organizada, ante responsabilidades históricas ineludibles. En 1944, durante el golpe de Pasto contra Alfonso López Pumarejo, promovido para frenar los avances en el reconocimiento de los derechos laborales de los trabajadores, la CTC dio la orden de paro general y los trabajadores salieron a la calle a detener y derrotar a quienes querían hacer retroceder las conquistas alcanzadas.

En esa misma intervención agregué: “Fue una tarea que se impuso la clase obrera. Detener, frenar, derrotar en ese momento, a los enemigos del progreso social. Y el golpe de Pasto fue derrotado. Y la lección perdura en la memoria del pueblo colombiano. Y la lección es una: si el pueblo colombiano se une y actúa en dirección a la democracia y la justicia social, tiene asegurado el triunfo. Más tarde, después de la experiencia cubana, los pueblos del continente levantaron la bandera y consigna de indiscutible eficacia que todavía resuena sin perder vigencia: EL PUEBLO UNIDO JAMAS SERA VENCIDO!!”

Hoy quisiera expresar, con el objetivo de generar un debate en la izquierda y dentro de las organizaciones sociales, específicamente sobre el papel que le corresponde jugar a los trabajadores y empleados del sector bancario y financiero en la lucha por democratizar la vida económica del país. En América Latina, donde sectores de la izquierda democrática han llegado al Gobierno, ha surgido el gran interrogante acerca de la actitud que deben adoptar los gobiernos de signo alternativo frente al poder que ejerce el sector financiero en la economía en general y en el direccionamiento del desarrollo económico en particular a través de la asignación del crédito. Y la pregunta era obvia al emprender la tarea de gobernar cada uno de esos gobiernos representativos de expresiones de izquierdas: ¿Cuál es la tarea del momento, ¿la nacionalización, la expropiación o la regulación del capital financiero?

Ni en Venezuela, ni en Brasil, ni en Uruguay, Argentina o Nicaragua se escogió el camino de la expropiación. En estos países se ha definido claramente la necesidad de la regulación del papel del sector financiero en el proceso de lograr una economía competitiva con fuerte impulso industrial en dirección a la conquista de una sociedad más equitativa en lo social. Esta regulación incluye el fortalecimiento de la banca estatal para que pueda competir en igualdad condiciones con el sector financiero privado y, desde luego, claras reglas de obligatorio cumplimiento en cuanto a la democratización del crédito y su asignación a tasas razonables a los sectores sociales tradicionalmente excluidos de este bien necesario en una economía de mercado.

Entonces lo que se considera que está a la orden del día es la regulación del papel financiero privado, el fortalecimiento del sector estatal y su intervención en la asignación del crédito para satisfacer las necesidades de todos los sectores económicos y sociales. Pero esto no se puede lograr con la vigencia de la libre disposición de los recursos del Estado y su acaparamiento, incluso especulativo y quién sabe si con fines de evasión fiscal estatal !!!! como se acaba de develar por la Contraloría General de la República con los depósitos de ECOPETROL en las Islas Cayman, un reconocido paraíso fiscal.

La liquidez del sector estatal debe ser utilizada en función del desarrollo progresista de la economía nacional. Y los trabajadores y empleados bancarios deberían orientar su accionar y sus luchas con el resto de los trabajadores del país en el objetivo de establecer una regulación que permita la supervivencia del sector financiero en condiciones de control estatal favorable a los intereses de la economía y de todo el pueblo colombiano.

En esa misma dirección es evidente que un ente regulador del sistema bancario como es el Banco de la República necesita de la presencia de sectores alternativos del pensamiento económico colombiano como una manera de lograr la transparencia en la política cambiaria y en la regulación de las tasas de interés tan necesaria para garantizar una política de inversión que genere empleo y garantice que las utilidades de este mismo sector se reinviertan a favor del desarrollo industrial y comercial del país.

Uno de los temas en que permanentemente insistimos ante el Gobierno es la necesidad de concretar un Estatuto de la Oposición que acepte en la práctica lo que la Constitución Política consagra: que Colombia es una sociedad pluralista y que las instituciones del Estado deben reflejar esa realidad fáctica y jurídica. Para consolidar la paz, el Estado debe abrir sus puertas al pluralismo político. Ya es hora que se entienda que el Gobierno refleja las mayorías del momento pero que el Estado en su conjunto es una sumatoria más allá y más amplia que las mayorías coyunturales.

A ello nos referimos cuando decimos que hay temas de Gobierno y temas de Estado. En los temas de Gobierno, las mayorías dictan la política que recibió el favor en las urnas, escuchando, eso sí, en la deliberación pública y congresional democrática los puntos de vista e insumos de las minorías. Pero en los temas de Estado como las relaciones internacionales y en los órganos del Estado diferentes al Gobierno, la presencia de los sectores minoritarios es fundamental para la salud de la democracia y para la reconciliación del Estado con la diversidad nacional. Hoy la Oposición que representa la visión política de las minorías está ausente de espacios que le son propios en un Estado social y democrático de derecho: el Consejo Nacional Electoral donde se definen, ni más menos que la elecciones; la Junta Directiva del Banco de la República que es la depositaria del poder soberano sobre la moneda, que repito no es del Gobierno sino del Estado todo, dónde nosotros debemos tener cabida. Y puedo seguir, la oposición no tiene asiento en la Junta Asesora de Relaciones Exteriores que aconseja al Presidente sobre temas tan delicado como el de la soberanía sobre el Archipiélago de San Andrés y Providencia que no es monopolio de las mayorías gubernamentales sino un tema donde la verdadera unidad nacional es necesaria. Y seguimos. La oposición no tiene presencia en las altas Cortes que siguen siendo bipartidistas sin que norma alguna de la Constitución lo indique; ni en los órganos de control y así sucesivamente.

Es que, compañeros y amigos de la UNEB. La historia nos acaba de imponer una nueva tarea, compleja y de doble faz.: la tarea de derrotar la guerra y construir la paz. Más de 50 años de conflicto ahora parece que pueden llegar a su fin en la Mesa de Dialogo que se instala el 8 de octubre en Oslo. No solamente nos encontramos ante la posibilidad de poner fin al desangre de la violencia por razones políticas sino de destinar los recursos de la guerra a la tarea de construir la paz. Recientemente, un estudio realizado por varias universidades contabilizó en 207 billones de pesos los recursos devorados en la guerra, solamente durante los últimos 10 años!! Con ello podríamos haber construido 500 mil nuevas viviendas de interés social, 15 universidades, 100 colegios y muchos jardines infantiles. Es que la guerra afecta la vida material de los pueblos. Si alguien lo duda, que se meta a estudiar las cifras.

La guerra no solo afecta la vida material de los pueblos. Afecta su formación humanista. Afecta sus sentimientos. Afecta su psicología. Afecta la concepción de Nación y de ciudadanía. Afecta sus sentimientos de solidaridad. Pero, es bueno mencionarlo, afecta y ha afectado mucho, el curso democrático del país. Durante 50 años de guerra, los distintos gobiernos, buena parte de ellos, paritarios y alternacionistas entre las denominaciones que defendían una misma política y modelo, gobernaron bajo el llamado ESTADO DE SITIO. Estado de excepción que permitió al poder ejecutivo legislar e impartir la mal llamada “justicia militar”.

Álvaro Uribe no pudo acudir al Estado de Sitio pero pervirtió la institucionalidad al convertir los servicios de inteligencia del Estado en instrumento de represión y de operaciones ilegales como las del DAS, mientras avanzaba en la concesión de mayores privilegios a los de arriba y el despojo de las tierras y las conquistas sociales de los de abajo. Al inicio de su primera administración hizo aprobar por las mayorías consolidadas por el paramilitarismo cuya ligazón con el 35% de los congresistas elegidos está ya comprobada por el proceso iniciado a instancia mías como ciudadana inconforme en 2005, la reforma de flexibilización laboral que eliminó la jornada de ocho horas, recortó los derechos a horas extras y dominicales, produciendo la reducción salarial efectiva más grande de la historia.

En materia tributaria, introdujo exenciones y descuentos al capital también sin precedentes – el descuento primero del 30% y después del 40% por reinversión en activos fijos. Enseguida firmó con los grandes contribuyentes del país el beneficio de los contratos de seguridad jurídica que les garantiza que en los siguientes 20 años, las modificaciones en la legislación tributaria no los toque, no les aplique. El TLC convirtió esa “seguridad inversionista frente a los cambios en la legislación estatal en permanente para las empresas multinacionales. Por ello, la reforma tributaria anunciada por el Gobierno sobre la que el novel Ministro de Hacienda anuncia que “los ricos pagarán más, pero seguirán las exenciones”, no cambiará la estructura regresiva del impuesto sobre la renta.

Con el argumento de la creación de empleo, van por los recursos parafiscales vinculados a la nómina que hoy financian importantes conquistas sociales del Trabajo como la educación técnica del SENA y el cuidado de los niños del ICBF. El Ministro y el Presidente nos engañan con un lenguaje falaz. Dicen que las exenciones que no tocará la reforma tributaria son aquellas relacionadas con los descuentos a las familias por gastos en educación, vivienda y salud o el ahorro voluntario para mejorar las pensiones de quienes devengan los salarios más altos que constituyen beneficios para la clase media previstos en todas las legislaciones del mundo. A estas personas seguramente les aumentarán las tarifas para introducirle algo de progresividad en la escala media de ingresos gravados por el impuesto sobre la renta.

Pero ahí no está el problema de fondo. El problema real de la concentración estructural de los ingresos en Colombia y la falta de recursos suficientes del Estado para construir el Estado social de derecho está en que los ingresos más elevados, los provenientes de los dividendos de las empresas no tributan un solo peso y, el Ministro ya dijo con claridad que los dividendos seguirán sin tributar. Ni siquiera estamos ante exenciones tributarias. La ley tributaria considera los dividendos “ingresos no constitutivos de renta” con lo cual ni siquiera se contabiliza el ingreso dejado de percibir por este concepto como gasto tributario que asciende anualmente a unos 30 billones de pesos o el 4,5% del PIB.

Según esta tesis más de conveniencia que de técnica, al haber tributado los ingresos del capital en cabeza de la empresa, no debe hacerlo nuevamente en cabeza de los inversionistas cuando se reparten las utilidades. Acaso entonces, la remuneración del trabajo, el otro elemento dentro del concepto de empresa no tributa también en cabeza de la empresa y por tanto siguiendo el principio de la igualdad no debería pagar nuevamente en cabeza del empleado?. No estoy proponiendo que los empleados no tributen, nada parecido. Todos tenemos la obligación derecho de contribuir a construir una sociedad más justa. Lo que muestro es la insensatez del argumento llevado a su lógica consecuencia.

La tesis de la doble tributación no tiene asidero. Lo cierto es que en los países MECCA de capitalismo como los Estados Unidos y los europeos, los dividendos si pagan impuestos sin que allí tal hecho se considere un atropello aunque allá como acá la doctrina neoliberal viene haciendo estragos en la necesaria financiación del Estado vía los impuestos de los ciudadanos.

Esta nueva reforma tributaria, como las que le antecedieron, tiene un solo objetivo: reducir las garantías sociales arropando semejante despropósito en un discurso de equidad y beneficio social. Si de equidad se trata que no desmonten la parafiscalidad sino que pongan a tributar las rentas del capital. Hasta que eso no se haga, el sistema tributario no solamente no estará en condiciones de corregir las disparidades existentes sino que contribuirá a acentuarlas. Que podemos hacer? Si los salarios suben por la escalera mientras las utilidades lo hacen por ascensor. A comienzo de año se logró algo inverosímil. El aumento del salario mínimo del 5, 4%, algo más que la inflación. Pero fíjese de lo que no se da cuenta el Gobierno: las utilidades de las grandes empresas aumentaron en el 34% y las del sector financiero en el 60%. No será que el principio de igualdad debe aplicar en materia de ingresos y salarios. Hacia allá tenemos que llegar.

Por ello debemos tener claridad. La Mesa del Dialogo puede sellar el silenciamiento de los fusiles. Ojalá así sea. Pero la inconformidad social sólo tiene salida por las vías de profundas reformas sociales y políticas que la Mesa de Diálogo no nos pude proveer.

Ello debe inducirnos a trabajar arduamente por la democracia, por la conquista de los derechos democráticos y sociales para todo el pueblo colombiano. Hablamos de democracia y hablamos de democracia pluralista y también económica. Lo que vivimos los colombianos es un remedo de democracia. Una democracia restringida y excluyente. El gobierno del Pacto Nacional ni siquiera es el gobierno bi-partidista que nos tocó padecer durante los 16 años del Frente Nacional y los años que le siguieron.

El gobierno de hoy es un gobierno mono-partidista que actúa en función de un modelo de desarrollo en el plena crisis en todo el mundo, en Estados Unidos, en Europa, en Asia, África y, desde luego, en Colombia, incapaz como lo ha demostrado ampliamente durante los últimos 20 años de garantizarle trabajo y vida digna a millones de persona.

La clase obrera, los trabajadores y las trabajadoras colombianas en su conjunto, tienen la tarea y el compromiso de contribuir a abrir las compuertas de la democracia pluralista en Colombia. Ese papel solo podrá cumplirse conquistando la unidad de acción y abriéndole paso a la unidad orgánica, no solo para librar las batallas por la democracia, sino paralelamente, para defender los intereses de los trabajadores y trabajadoras que se conjugan con la conquista de una vida digna para todos los colombianos.

Pero la otra faz de las luchas que nos comprometen, tiene que ver con los esfuerzos conjuntos que hagamos para forjar un gran frente, integrado por todos los partidos y movimientos políticos, el movimiento social obrero y popular, las organizaciones juveniles y estudiantiles, las redes de mujeres y los defensores del territorio frente a la minería y los megaproyectos destructores de la naturaleza, una enorme confluencia que permita enfrentar exitosamente las pretensiones reeleccionistas que encarnan el mas crudo continuismo neo-liberal y antidemocrático.- Si enfrentamos unidos el continuismo del Pacto de Unidad Nacional del Presidente Santos y a los precursores de la guerra, ubicados especialmente en el uribísmo, podremos abrir las compuertas del cambio social y democrático.

Así lo hemos expresado desde nuestras distintas perspectivas, Jaime Caycedo, Antonio Navarro y quién les habla, entre tantos otros dirigentes y expresiones de las izquierdas que vemos una ventana de oportunidad en lo que se viene. Si antes de que se concretara la Mesa de Diálogo entre el Gobierno y las FARC, una encuesta divulgada por la Corporación Nuevo Arcoiris, constataba que el 28% de los votantes depositarían hoy su voto por una candidatura presidencial de izquierda, a si a secas, sin calificativos atenuantes, piensen los espacios que se abren para una gran confluencia de todos los sectores alternativos para convertirnos en mayoría si tenemos la madurez política de acordar un programa único y las reglas de juego para escoger una candidatura unificada a la Presidencia de la República en el 2014.

En esa dirección y propósitos, quiero invitarlos a meterse, con alma vida y corazón, a las grandes movilizaciones que se harán el día 8 de octubre, fecha en que comienzan los diálogos de paz en Oslo, no solo para dar nuestro apoyo al proceso que debe terminar con el conflicto armado, sino también para exigir la presencia de los trabajadores y las trabajadoras y las fuerzas alternativas en el gran acuerdo que ponga fin a la violencia política en nuestra Patria. Y lo más importante: expresarle a Colombia, que queremos PAZ con Justicia Social. Paz con democracia Pluralista. Queremos paz con Soberanía.

Permitanme para terminar hablar del Polo Democrático Alternativo. Vamos a unas elecciones el próximo 30 de septiembre. Elegimos los 750 delegados y delegadas a nuestro III Congreso Nacional. De ese Congreso esperamos una reforma estatutaria que le dientes al control partidario sobre los elegidos, la proyección de nuestra plataforma política de cara a las elecciones de 2014 y un mandato claro para impulsar y participar en esa gran confluencia de sectores de izquierda, independientes y alternativos que nos permitan conformar las mayorías para cambiar a Colombia. Les invito a participar y votar. El Polo necesita del apoyo de todos los sectores que consideran necesaria una izquierda robusta en el espectro político nacional.

 

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