Por Juan Diego García
La denominación de “estados fallidos” que las potencias capitalistas utilizan para criminalizar a ciertos gobiernos incómodos y justificar su derrocamiento debería en realidad aplicarse en primer lugar a la idea misma de estado, al menos en su versión burguesa clásica de “estado social de derecho”, inspirado en los principios del humanismo y como instrumento equilibrador de los conflictos sociales.
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