Por Ilka Oliva Corado
Uno no tiene que ser mexicano para que le duela en la médula lo que está sucediendo en el país hermano, al final de cuentas todos somos hijos de una sola entraña, las fronteras nos fueron impuestas. Guardar silencio ante tanta barbarie es encubrir el genocidio que el Estado está perpetrando contra su propio pueblo. El gobierno de Enrique Peña Nieto es uno de los más nefastos y sangrientos en la historia del país, títere de una oligarquía asesina, impostora y saqueadora.
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