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El Mujica global

Por Edison Lanza / Semanario Brecha  

Una mediación por Colombia, la marihuana legal y un liderazgo fuera de fronteras. El presidente José Mujica podría convertirse en un líder mundial para la paz. Abrió una fisura en el pensamiento único que justifica la guerra contra las drogas, se comprometió sin vueltas en el proceso de paz en Colombia, y los auditorios mundiales se rinden frente a su estilo de vida y la cara más filosófica de su discurso. Sin embargo, la atención mundial y una posible candidatura al premio Nobel

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Por Edison Lanza / Semanario Brecha  

Una mediación por Colombia, la marihuana legal y un liderazgo fuera de fronteras. El presidente José Mujica podría convertirse en un líder mundial para la paz. Abrió una fisura en el pensamiento único que justifica la guerra contra las drogas, se comprometió sin vueltas en el proceso de paz en Colombia, y los auditorios mundiales se rinden frente a su estilo de vida y la cara más filosófica de su discurso. Sin embargo, la atención mundial y una posible candidatura al premio Nobel

también aumentarán la atención sobre cómo maneja su gobierno los temas que son percibidos como avances fuera del país.

Una vez más la historia juega con la ironía. Cuando Mujica ganó las elecciones internas de 2009, una de las preocupaciones de sus adversarios –y digámoslo, también de buena parte de los votantes frenteamplistas– radicaba en el papel que podía hacer en el exterior si era electo presidente y cómo esa figura sui géneris y de estilo desaliñado representaría a Uruguay.

Cuatro años después Mujica se ha instalado como el presidente uruguayo de la posdictadura más valorado en el exterior y con mayor incidencia en algunos procesos mundiales en marcha. “Yo estaba seguro de que lo iba a hacer bien, porque ya como ministro de Ganadería había hechizado a varios auditorios en lugares como Parma o París; pero fundamentalmente porque cree profundamente que la paz es el mayor logro para América Latina”, sostuvo en diálogo con Brecha el canciller Luis Almagro.

¿Puede comparárselo con el papel que desempeñó en algún momento Julio María Sanguinetti? Brecha hizo esta pregunta a varios analistas, debido a que el ex presidente colorado, durante sus dos presidencias, se involucró con el grupo Contadora para la pacificación de Centroamérica, invitó a Fidel Castro para proporcionarle oxígeno internacional, formó el Grupo de Montevideo, y sus discursos también eran seguidos por los auditorios internacionales.

Aunque podrían tener puntos de contacto, mientras a Mujica lo están promoviendo para el premio Nobel, la imagen de Sanguinetti en el exterior terminó devaluada por su decisión de defender la impunidad para los violadores a los derechos humanos durante la dictadura. Incluso con una carta que varias personalidades mundiales firmaron para recordarle este incómodo asunto. En ese sentido, el actual presidente parece correr solo.

UNA ESTRELLA DE ROCK

Con Mujica hay material en exceso para los semiólogos. Ya Brecha (30-XI-12) había dado cuenta de la atención que han despertado su figura y su talante transgresor de la liturgia del poder en los medios de todo el mundo. A esta altura compite con el delantero celeste Luis Suárez en materia de popularidad, y cuando se habla de popularidad a escala mundial hay que decir que lo conocen los taxistas, los jóvenes y la gente común de cualquier ciudad importante del mundo.

Si en el comienzo la fascinación hacia su figura estuvo relacionada con la austeridad de su estilo de vida, algunos aspectos folclóricos y su mensaje contra la sociedad de consumo, hoy el interés se funda en aspectos más sustantivos.

La aprobación del matrimonio igualitario, la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo y el proceso en marcha para legalizar el autocultivo, venta y consumo de marihuana volvieron a poner el foco a nivel mundial sobre el mandatario (aunque en algunos de estos casos el fogoneo provino de la sociedad civil y el trabajo para ajustar los proyectos recayó en la bancada parlamentaria). “Si esta ley (de regulación de la comercialización del cannabis) es aprobada por el Senado, en ese momento Uruguay se convertirá en el primer país en el mundo en remplazar la ley de prohibición de la marihuana por un sistema legal de regulación”, escribió días atrás Ethan Nadelman, director de la Drug Policy Aliance, en la revista América Economía.

Mujica abrió una fisura en el muro del prohibicionismo y por eso las organizaciones que luchan por poner fin a la absurda guerra contra las drogas lo quieren postular al premio Nobel para la paz (véase recuadro). “Creo que desde el exterior se observa a Uruguay como un país que durante décadas estuvo anquilosado, y que hoy es el abanderado de las transformaciones sociales, que habilita a la gente la posibilidad de elegir en cualquier plano”, explicó Almagro.

COLOMBIA Y LA PAZ

Pero en las últimas semanas el presidente uruguayo jugó una carta aun más arriesgada. Puso su creciente peso internacional al servicio del proceso de paz en Colombia. Durante su visita oficial a Cuba, a fines de julio, el ex guerrillero mantuvo contactos con Luciano Martín Arango (alias Iván Márquez) y Seusis Pausivas (alias Jesús Santrich), dos dirigentes de la guerrilla colombiana que participan en los diálogos de paz en La Habana, informó el semanario Búsqueda (1-VIII-12). Días después Mujica hizo declaraciones a W Radio de Colombia explicitando su apoyo al gobierno de Manuel Santos y al proceso de paz en ese país, “porque es una cosa grandiosa”. Incluso mencionó la posibilidad de mediar para conseguir el apoyo al proceso colombiano de todo el Mercosur y llevar el tema a la Asamblea de las Naciones Unidas.

En la misma emisora se animó a sugerir un camino para la negociación: “Que exista cordura y serenidad, los planteos no tienen que ser imposibles. Si se ponen a ventilar cuentas por 50 años, seguramente no se van a encontrar con la paz”, opinó.

En la cancillería uruguaya el apoyo a la idea de Mujica es evidente. “Vamos a ayudar en todo lo que podamos a Colombia; estamos dispuestos a facilitar y a ayudar en lo que nos pidan”, aseguró Almagro.
Las formas en que el gobierno uruguayo puede ayudar en el proceso podrían ser muy diversas. Almagro admitió que se trabaja intensamente, pero prefirió mantener reserva sobre la metodología. Se habla de la posibilidad de abrir una nueva mesa de diálogo en Montevideo con el ELN, una guerrilla que pese a reunir a cerca de 3 mil hombres es más pequeña que las Farc. También preocupa al gobierno uruguayo la reinserción de los ex guerrilleros en la vida social y política del país.

“Mujica es un hombre que cuenta con la confianza del gobierno y de la guerrilla (…) y se ha dado una coyuntura en la que el presidente Mujica puede jugar un rol muy importante”, explicó Laura Gil a En perspectiva, una politóloga uruguaya radicada hace 20 años en Colombia.

De hecho, fuentes del entorno del presidente uruguayo dijeron a Brecha que es “muy escuchado por los grupos de izquierda, en particular en Colombia”. También hay que considerar los chispazos imprevistos que tiene Mujica en las relaciones interpersonales, y algunas fuentes recuerdan que durante la reunión con el papa Francisco le comentó: “Los colombianos son muy católicos, usted tiene la posibilidad real de intervenir”. Una frase que desarmó a Bergoglio.

Para el canciller Almagro, “no busca otra cosa que ser un engranaje de unidad y de paz en la región”. “Cuando todos querían imponer sanciones a Paraguay, él les dijo a los restantes presidentes que no hay nadie ‘más de izquierda’ que él que mantiene la unidad”, confió, para poner en un ejemplo cómo opera en estos temas.

“La paz es un elemento estratégico para el desarrollo de América Latina, y si ayudamos a poner fin al conflicto más largo del continente, con miles de muertos, millones de desplazados y con un costo económico desorbitante, estaremos dando un paso real y simbólico para que la región sea una zona de paz”, opinó el jefe de la diplomacia.

¿CAMINO AL NOBEL?

En el gobierno, no obstante, se ha tomado con cautela la nominación de Mujica para ser considerado por el comité que otorga el premio Nobel de la paz en Oslo. Aunque en privado varios funcionarios del gobierno admiten que la idea es compartida, y que el presidente uruguayo tiene las condiciones para ser considerado, nadie quiere hacer declaraciones públicas al respecto.

“Si pongo a trabajar a un solo funcionario en esa nominación, el presidente nos mata, así que por ahora me parece una buena idea de algunos grupos interesados en la paz mundial, nada más”, definió el canciller.

“En general los políticos tienen miedo a equivocarse, y por eso arriesgan poco. Mujica no mide en función de los riesgos, porque cree en las decisiones que toma, y luego sigue tan campante”, analizó Almagro. De esta forma, el canciller se refirió no sólo a los costos políticos, sino también a los riesgos personales. En ese sentido –explicó–, nunca consideró si las mafias del narcotráfico tendrán alguna reacción frente a la legalización del cannabis en Uruguay.
La alta exposición internacional tiene un lado positivo que repercute en la consideración interna, pero también el gobierno de Mujica quedará más expuesto. En ese sentido, los ojos del mundo también repararán en cómo la actual administración resuelve cuestiones de alto impacto ambiental, que involucran la participación social, cómo mantiene altos estándares de respeto a todos los derechos humanos, y con qué eficacia instrumenta los cambios sociales que fueron aprobados en el papel.

“UNA FISURA EN EL MURO DEL PROHIBICIONISMO”

Frans Bronskhorst es director del Drugs Peace Institute de Holanda, una fundación dedicada a luchar contra el prohibicionismo y la guerra desatada por las potencias occidentales contra las drogas. En una entrevista con Brecha, vía Skype, explicó por qué, a su juicio, José Mujica está dando un paso “simbólico” que lo hará entrar en “la historia de la humanidad”.

En pocos días Bronskhort comenzará una campaña en universidades de Uruguay, Canadá, Estados Unidos y buena parte de Europa, para conseguir los cien nominadores que colocarían a Mujica entre los nominados para el premio Nobel de la paz de 2014.

Cuando leímos la propuesta de Mujica dijimos “este hombre y este país merecen ser apoyados, porque se proponen un cambio histórico”, afirmó Bronskhort.  Desde el punto de vista político es fantástica la brecha que abrió Mujica en los muros del prohibicionismo que han sido edificados en distintos ámbitos, incluidas las Naciones Unidas. Mujica va en contra de toda la historia de las élites y arma una brecha en el pensamiento único, puntualizó.

Semanario Brecha, Montevideo.

 

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