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El Polo es la verdadera tercería

Por Esteban Carlos Mejía  

¿Qué va a pasar con el Polo Democrático Alternativo en las próximas elecciones? ¿Desaparecerá? ¿Mantendrá su vigor? ¿Superará el bendito umbral?

¿Sacará más o menos votos que hace cuatro años? ¿Se afianzará como fuerza convergente en defensa del trabajo y la producción,

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Por Esteban Carlos Mejía  

¿Qué va a pasar con el Polo Democrático Alternativo en las próximas elecciones? ¿Desaparecerá? ¿Mantendrá su vigor? ¿Superará el bendito umbral?

¿Sacará más o menos votos que hace cuatro años? ¿Se afianzará como fuerza convergente en defensa del trabajo y la producción,

la soberanía nacional y la democracia? Las señales apuntan hacia un renacimiento.

El Polo es el único partido de oposición en Colombia. Aún más: ha sido el único partido de oposición al neoliberalismo, encarnado (¡encarnizado!) en los gobiernos de Uribe y Santos. Sin la oposición del Polo no nos habríamos enterado de Agro Ingreso Seguro ni del modelo Carimagua, que pretende despojar y proletarizar a los campesinos. Sin la oposición del Polo no habríamos sido conscientes de las consecuencias de los tratados de libre comercio: acuerdos leoninos a favor de transnacionales sin escrúpulos y en contra de la industria colombiana. Sin la oposición del Polo no habríamos sabido nada sobre las chuzadas del DAS a magistrados, periodistas y voceros de la oposición democrática. Sin la oposición del Polo no nos habríamos indignado con las bestialidades de la parapolítica. Sin la oposición del Polo no habríamos confrontado el favoritismo de los últimos ministros de Agricultura ni habríamos cuestionado con marchas y protestas la reforma de la salud, engendro de engendros. Sin la oposición del Polo hace rato viviríamos bajo una indigna y agobiante autocracia. En últimas, más allá de sus errores (incluir a la Anapo reaccionaria del clan Moreno Rojas, por ejemplo) y más acá de sus aciertos parlamentarios (Jorge Enrique Robledo, Wilson Arias o Germán Navas Talero), el Polo ha sido, es y será el garante de la democracia constitucional de 1991. Es y será la tercería.

Ahora bien, ¿Santos y Uribe son la misma cosa? En esencia, en lo más bajo de sus bajos fondos, hay pocas dudas: ambos idolatran el Consenso de Washington y el neoliberalismo. Se diferencian en la forma. Uribe es un capataz, Santos es un crupier. Hoy en día, en la sociedad del espectáculo, la gente se interesa más por el cantante que por la canción. Los votantes tienden a fijarse en menudencias y pendejadas sin importancia, la cara de póquer de Santos, el poncho de Uribe. No ven (o no quieren o no pueden ver) la esencia de las cosas: ¡Santos es pésimo, pero Uribe es peor! Cualquier intento de vencerlos o, al menos, de contrarrestarlos tiene que pasar por la oposición, por el Polo, por Clara López, la auténtica tercería.

Rabito de paja: por favor, no me pidan imparcialidad ni objetividad en política. Si quieren neutralidad vean el Boletín del Consumidor o llamen al Comité Internacional de la Cruz Roja. Gracias.

El Espectador, Bogotá, 16 de noviembre de 2013.

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