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El venerable hermano Ministro

Por Jaime Enríquez Sansón  

El V. H. Ministro de Justicia Juan Carlos Esguerra podrá ser disciplinado masón, orador convincente en su logia y muy fotogénico para la prensa (ver en la siguiente dirección:

http://granlogiadecolombia.co/eventos/112-fotos/230-abr-12-el-ministro-de-justicia-juan-carlos-esguerra-en-la-gran-logia) pero como Ministro de Justicia es poco afortunado.

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Por Jaime Enríquez Sansón  

El V. H. Ministro de Justicia Juan Carlos Esguerra podrá ser disciplinado masón, orador convincente en su logia y muy fotogénico para la prensa (ver en la siguiente dirección:

http://granlogiadecolombia.co/eventos/112-fotos/230-abr-12-el-ministro-de-justicia-juan-carlos-esguerra-en-la-gran-logia) pero como Ministro de Justicia es poco afortunado.

Cual somos poco afortunados los colombianos con el equipo ministerial del presidente Santos: una canciller a quien casi nada le importan los resultados del litigio con Nicaragua, así pose en todas las giras presidenciales; una ministra de educación que se ha dedicado a perseguir maestros en toda la geografía patria con el lerdo cuento de la institucionalización; un ministerio del trabajo y la protección social que sobre todo se preocupa por impulsar la reforma pensional más peligrosa para los trabajadores y, para colmo, un ministro de justicia que no sólo reparte prebendas en las Altas Cortes (cuatro años adicionales en el cargo para los magistrados) con el fin de doblegar la voluntad de los jueces sino que llega a negar el derecho fundamental de la alimentación infantil, la que en su criterio “podría pedirse en una carta al Niño Dios…” antes que hacerla realidad por la vía de la Constitución, según lo manifestó cínicamente en la plenaria del Senado el día 9 de mayo del presente año.

El venerable hermano ministro no sólo fue grosero con el pensar, el sentir y el deseo de los colombianos, sino que demuestra no tener el mínimo respeto por la Constitución Nacional. El, que se supone encarne el ideal de justicia del gobierno y de los colombianos. El, que se entiende debe saber cual es la ley de leyes; él, que está en el cargo no para repartir prebendas sino para impedirlas; no para acomodar la ley, sino para hacerla respetar; no para pisotear los derechos sino para estimularlos y luchar por su conservación. El mismo que, al interior de su logia y fuera de ella, debe propugnar por la libertad, igualdad y fraternidad. Pero ¿cuál libertad, venerable hermano, si es una libertad con hambre? ¿Cuál igualdad si hay niños cuyo alimento es una taza de agua en la que se diluye un pedazo de panela o una porción de Binestarina contaminada por no sabemos qué, mientras la Banca obtiene, según informes oficiales, 14.3 billones de pesos de utilidad en su ejercicio del primer trimestre del año? ¿Cuál fraternidad en un pueblo de desempleados, en donde, como los casos de Quibdó, Riohacha, Tumaco, la violencia y el desplazamiento gestan hambre, o el desempleo es producido por el propio gobierno municipal como en el caso de Pasto, mientras los Nule se niegan a devolver uno tan sólo de los miles de millones que le escamotearon al país?

Libertad, igualdad, fraternidad hacen falta en el país donde alternan paradójica o intencionalmente la devoción al Sagrado Corazón y los congresos masónicos. Libertad, igualdad y fraternidad que sólo se logran –según el mismo credo masón – a través de la Ciencia, la Justicia y el Trabajo. Pero ¿con hambre? Pero ¿con desnutrición infantil? Pero ¿con burlas a los derechos fundamentales de los niños?

El intrigante Luis Felipe II de Orleans, por su manifiesto odio a la corona, mereció que los revolucionarios de su tiempo lo llamasen Felipe Igualdad. Y pese a sus simpatías por la revolución francesa, esta se encargó de guillotinarlo cuando apenas frisaba los 46 años. El venerable ministro Esguerra, claro defensor de las desigualdades y quien nos invita a pedir en una carta al Niño Dios el cumplimiento de un deber del estado y el logro de un derecho de los más débiles cuales son los niños, se va de frente contra las promesas del presidente Santos y desentona del plan de gobierno cuya propuesta alcanzó el poder en las urnas, como Felipe Igualdad desentonaba en la corte de Borbón. Y como ocurrió en los terribles días Reinado del Terror, acá también merece que ruede su cabeza, simbólicamente por supuesto, porque si flaco servicio le prestan al presidente algunos de los ministros que hemos mencionado, el venerable Esguerra le presta tísico servicio no sólo al señor Santos sino a su partido y a toda la democracia colombiana. Por supuesto que también a la Gran Logia de Colombia, miembro de C.M I., C. M. C., C. M. B., cualquiera sea el significado de esas esotéricas siglas, y así sólo participe de los eventos masones en calidad de invitado.

Altos de la Colina, Pasto, mayo de 2012

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