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“En el Senado imperó la homofobia”: Alba Luz Pinilla

Por Luis Fernando García Forero / Ola Política 

Representante a la Cámara  por el Polo Democrático Alternativo y gestora empresarial de la Universidad Industrial de Santander (UIS), fue militante desde los doce años de la Anapo, a favor de las causas sociales y desarrollando trabajo de base. Gracias a su liderazgo fue senadora de la República durante el período 1999-2000 con la consigna Paz y Justicia Social.

En el 2000 se desempeñó como Asesora de Paz y Derechos Humanos en la alcaldía de Bucaramanga,

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Por Luis Fernando García Forero / Ola Política 

Representante a la Cámara  por el Polo Democrático Alternativo y gestora empresarial de la Universidad Industrial de Santander (UIS), fue militante desde los doce años de la Anapo, a favor de las causas sociales y desarrollando trabajo de base. Gracias a su liderazgo fue senadora de la República durante el período 1999-2000 con la consigna Paz y Justicia Social.

En el 2000 se desempeñó como Asesora de Paz y Derechos Humanos en la alcaldía de Bucaramanga,

y como resultado de la tarea realizada en ese cargo fue obligada al exilio por la defensa de sus principios de honestidad, trabajo, transparencia y humanismo.

Igualmente fue subsecretaria de Integración Social entre los años 2008 y 2009. Allí se posicionó como defensora de la política pública social a través de los programas y servicios sociales para quienes más lo necesitan.

En el año 2010 fue elegida representante a la Cámara por Bogotá, durante el cuatrienio 2010-2014, por el Polo Democrático. En su trabajo legislativo se ocupa de los temas de seguridad alimentaria, derechos de parejas del mismo sexo, derechos sexuales y reproductivos, niños, niñas y adolescentes, y mujeres. Es la autora de la Ley 1616 de 2013 de salud mental.

Además, es integrante de la Comisión VII Permanente y de la Comisión Accidental de Paz de la Cámara de Representantes.

OP: Usted fue una de las autoras del proyecto que pretendía establecer el matrimonio de parejas del mismo sexo. ¿Cómo sintió esa derrota?

AP: Nunca había sido algo tan doloroso, nunca pensé que en Colombia llegáramos a retroceder tanto en la garantía de los derechos. Sentí mucho dolor porque soy una soñadora con la Constitución de 1991 y con ese Estado Social y de Derecho

OP: ¿Qué imperó fuera de las mayorías que votaron en el Senado?

AP: Imperó el discurso conservador religioso, y lo más aberrante: la homofobia.  Fue muy dolorosa no solamente la decisión sino los pobres debates, sin el reconocimiento de los derechos, con propuestas absurdas y disfrazadas de doble moral. Respeto a los homosexuales, los quiero y los aprecio. Les digo a todos los senadores, “nos los quieran, mejor que nos los quieran; pero hagan valer sus derechos”. Para eso los eligieron, para que respeten la Constitución.

OP: ¿Hubo más presión externa que lucha dentro del Senado para lograr la aprobación de la iniciativa?

AP: Recordemos que se presentaron cuatro proyectos, entre esos el que presenté y cuyo articulado asumió el senador Benedetti. Allí pedimos apoyo a la iniciativa  porque era una modificación al Código Civil, no se modificaba la estructura de la familia, no se modificaba nada más sino a partir del artículo 113 de la Constitución Nacional. Pedimos también que se pronunciara el gobierno, pero como siempre, en su oportunismo calló. El gobierno sobre el tema debió pronunciarse en su momento y no después, como lo hizo el ministro Fernando Carrillo. El ministro brilló por su silencio. La población LGBTI fue  tratada como de segunda categoría en el Senado de la república.

OP: ¿Dónde queda el tema ahora?

AP: Tiene que haber un movimiento ciudadano muy grande y muy fuerte  para decirles a los senadores que en Colombia no se va a permitir  cosas como las que sucedieron en la esclavitud, de crear escuelas para negros. En los buses no se podían montar los negros, había buses para ellos. Aquí no queremos normas para LGTBI porque las rechazamos, queremos ciudadanos y ciudadanas iguales y ante la ley. Con los mismos derechos. Es doloroso que los conservadores se ganen las mayorías en el Senado para tumbar derechos que privan de las libertades a los ciudadanos y las ciudadanas.

OP: ¿Se impuso un tema político por encima de lo jurídico?

AP: Político y religioso. La trayectoria del pensamiento del Partido Conservador es bien conocida, no es ningún secreto. O ¿quiénes se han opuesto eternamente a los avances que ha tenido la sociedad? Los conservadores. La opinión pública y los columnistas reflejaron la pobreza de los debates. El Partido Liberal que ha sido abanderado, actuó en consecuencia, así como el Polo Democrático, que a través de su historia ha demostrado que su lucha debe ser la defensa de las libertades y la  posibilidad de un país que proteja las minorías.

OP: ¿Cercenaron derechos de una comunidad?

AP: Sí. Y es un retroceso muy grande.  Pero además es la falta de conocimiento y estudio frente a los temas. Discursos basados en mentiras, en confusión de artículos. Un debate muy pobre. Los colombianos que lo pudieron ver se dieron cuenta de que primó una concepción religiosa y no una concepción de derecho, de normas constitucionales, de igualdades, de dignidad y de pluralismo.

OP: ¿En torno a una reforma a la justicia, cómo vería el tema?

AP: Fuimos los únicos que nos opusimos a la reforma a la justicia. Pero déjeme decirle que debería haber una sanción para senadores que expresan desde su curul, como el caso del senador Gerlein, que son posiciones claramente homofóbicas, incluso castigadas en el código penal. Con la ley de discriminación dicen que tendrán cárcel aquellos que juzguen por su orientación sexual y esto es una ley que fue presentada por el MIRA y que da cárcel, y debería ser empleada para congresistas.

OP: ¿Cómo ambientar una nueva oportunidad para los gays en el Congreso?

AP: Con educación, eduquémonos. Las madres tenemos la obligación  de luchar más que ninguna contra ese sistema patriarcal que vulnera los derechos  a alguien que ha tomado decisiones sexuales y orientación sexual diferente. Ellos pueden ser nuestros hijos, nuestros primos, nuestros sobrinos, amigos o compañeros de trabajo. Porque nosotras las mujeres hemos revolucionado una sociedad, no han sido los hombres.

OP: Asume una posición de genero bastante fuerte…

AP: Sí, así es. El sistema es patriarcal y eso no lo podemos negar. Una de las revoluciones más grandes ha sido la femenina, no sólo en lo que tiene que ver con la ciudadanía, sino con su cuerpo. La Iglesia nos prohíbe la planificación, pero hemos sido las mujeres las que tomamos decisiones de cuántos hijos debemos tener. La Iglesia  nos dijo que el matrimonio era para procrear, pero hemos sido las mujeres las que hemos decidido disfrutar de nuestro compañero, y decir que somos seres vivos y sexuales, y que nos gusta también el placer. Que no estamos con nuestro marido solamente para procrear, sino que nos gusta la caricia, nos gusta el beso. Nos decía también la Iglesia que no nos podíamos divorciar y hemos sido las mujeres las que hemos decidido hacerlo.  No queremos vivir con alguien que nos maltrata, nos golpea.

OP: ¿Se está acabando la familia?

AP: Hay estadísticas de 159 casos de mujeres asesinadas por su pareja. Según estudios forenses, hay 140 denuncias diarias de maltrato de los esposos o compañeros que maltratan a su mujer. ¿No se pregunta la sociedad si eso es lo que está deteriorando y acabando la familia? En Colombia, según encuesta del DANE,  el 35 por ciento de las familias son conformadas por un papá, una mamá y los hijos, y el otro 65 por ciento son familias diferentes. ¿No se pregunta la sociedad colombiana por  esa niña que murió en estos días por los golpes que le propinó  su papá, porque perdió una materia? ¿Pero sí le niegan la posibilidad a esa madre diferente, o a otras, para que conformen su propia familia? Eso se llama doble moral. No es un problema de género, es problema de una estructura patriarcal. Las leyes las han hecho los hombres, las mayorías del Congreso son hombres. Históricamente las mujeres no escapamos a eso, muchas mujeres son patriarcales. Muchas mujeres obedecemos a esos moldes impuestos por iglesias y sociedades patriarcales.

OP: ¿Plantea una lucha de género?

AP: Es que hemos venido cambiando y debemos seguir acabando con la sociedad patriarcal. Nosotras somos hacedoras de vida, tenemos la obligación de transformar y de cambiar esta sociedad. Por eso invito a una revolución femenina.

OP: En el caso del matrimonio entre parejas del mismo sexo, ¿se perdió en el Congreso una batalla, pero no la guerra?

AP: ¡Claro! Conquistar derechos nunca ha sido fácil. No fue fácil que se acabara la esclavitud, recordemos los grandes señores a los que no les daba vergüenza tener un ser humano, hijo de Dios, de esclavo. Eso sí es un arrepentimiento que debería pedírsele a la humanidad. Nunca se atreven a hablar de que vinieron a robarnos la tierra, nuestras riquezas, a violar nuestras mujeres, a humillar a toda una raza, y hemos sido las mujeres las que hemos creído en esta transformación.

OP: En su concepto, ¿en qué queda el término familia?

AP: El Estado colombiano ya reconoce que se debe modificar el artículo que habla de la familia. La familia no es un hombre y una mujer. Soy madre y con hijos,  soy una familia. Si son dos hermanas viviendo, son una familia.  Si es una abuela que está viviendo y cuidando sus nietos, a quienes en esta guerra les asesinaron a sus papás, es una familia. Y si hay dos hombres que se aman, que se quieren, que quieren compartir los días, la cotidianidad, transmitirse afectos y compartir su patrimonio, esa también es una familia.

Ola Política.

 

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