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En medio de la efervescencia, ¿el magisterio qué pitos toca?

María Antonieta Cano   

Colombia vive la más formidable movilización agraria de los de los últimos tiempos. La conmoción causada hace unos meses por el paro nacional de los cafeteros ha sacado a relucir el vigor, la organización, la bravura y la valentía de nuestras gentes campesinas. Dispuestos para la lucha

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María Antonieta Cano   

Colombia vive la más formidable movilización agraria de los de los últimos tiempos. La conmoción causada hace unos meses por el paro nacional de los cafeteros ha sacado a relucir el vigor, la organización, la bravura y la valentía de nuestras gentes campesinas. Dispuestos para la lucha

y con el brío que los caracteriza, caficultores, cacaoteros, ganaderos, arroceros y paneleros, acompañados por mineros y camioneros, han decido una nueva gran jornada nacional agropecuaria, ante el incumplimiento de los acuerdos por parte del gobierno nacional, que comenzará este 19 de agosto.

Las masivas protestas corroboran que la política económica de Santos, elegido presidente hace tres largos años, enfrenta el rechazo resuelto y multitudinario de la ciudadanía. Y no es para menos. La constante en Colombia es la pobreza, el sufrimiento, el hambre, la desesperanza, la rabia. La defensa de la patria y de los intereses de la mayoría de la población tiene su mejor expresión en esta batalla. La valerosa movilización de los agricultores, mineros, camioneros y gentes laboriosas del país merece por ello la solidaridad de Colombia entera.

Y en este escenario ¿el magisterio qué pitos toca? Se ha demostrado hasta la saciedad que el gobierno solo atiende cuando hay protesta. Y en el contexto de la protesta de los asalariados, existe una palabra que parece haber sido proscrito durante los últimos años. Esa palabreja es: paro. Sí, es bueno recordarla, porque los maestros tenemos razones de sobra no solo para salir a respaldar la movilización agraria, sino para plantearnos movimientos de largo alcance, como el paro nacional indefinido. Solo así podremos recuperar los derechos que los trabajadores de la educación hemos perdido.

¿O es que estamos muy contentos los maestros con los servicios de salud? Evidentemente, no. ¿Vamos a dejar que Juan Manuel Santos y su ministra María Fernanda Campo burlen los acuerdos que firmó con FECODE? ¿O cómo podemos llamar la artimaña que hizo con el decreto sobre la prima de servicios, que, al crear el derecho, niega el retroactivo demandado por nosotros? ¿Nos vamos a quedar tranquilos con las deudas que el gobierno tiene con el magisterio? ¿Y qué ha pasado con la expedición del nuevo decreto para proteger a los docentes amenazados y desplazados?

En definitiva, con Santos se agravó el deterioro del sector educativo. Aumentó la jornada laboral y les dio a los rectores poderes plenipotenciarios para hacer control policivo. Campean los colegios por concesión, los bancos de oferentes y los convenios. Es ostensible el propósito oficial de acabar el régimen especial de salud y pensiones.

Y si con la nación nos llueve, en el Distrito no escampa. La política educativa del alcalde Petro agudiza el problema. Con la “jornada extendida”, que impone 40 horas efectivas semanales, no se habla de reajuste salarial sino de horas extras o bonificación y en cambio sí se terceriza a los nuevos docentes por la vía de operadores privados como Compensar, Cafam o Colsubsidio. Con el grado 12 se evade la responsabilidad que el gobierno nacional y el distrital tienen de garantizar educación superior pública y de calidad y la tan mentada política de la primera infancia sería en bodegas o salones comunales pues de los mil jardines que se prometieron apenas hemos visto uno.

Es por eso que el paro nacional del magisterio sigue siendo la tarea. Si Santos le incumple a un gremio como los cafeteros, que han demostrado su gallardía en las carreteras de país ¡Cómo no nos va a mancillar si ni un paro le hemos hecho! Fecode y sus sindicatos filiales deben acoger esta táctica como una justa decisión de afrontar una batalla impuesta. De no librarla, las condiciones cada vez más precarias de la educación y de nuestros derechos arrojarán al magisterio a un abismo de decaimiento, desánimo y pesimismo. Por fortuna entre los maestros, como en los demás sectores de la sociedad, se abre paso la idea de que ninguna reivindicación será posible sin lucha y que es imprescindible una resistencia masiva, organizada, con objetivos bien definidos que identifique al gobierno santista como el agente del enemigo principal y que propicie la unidad de la inmensa mayoría de la nación.

Maestros colombianos, Fecode, ADE: no perdamos estos momentos de efervescencia y calor. El país se convulsiona. Tenemos que estar a la altura de las circunstancias.

Bogotá, 16 de agosto de 2013.


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