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Exdirector de Incoder acepta que senador Jorge Robledo tiene razón en su reclamo por inconsistencias de cifras de restitución de tierras

Por Cecilia Orozco Tascón / El Espectador  

“El Gobierno ha estado a la defensiva porque el tema se ha vuelto espinoso debido a que están rodando por ahí muchas cifras con grandes disparidades. Esto sucede, en parte, porque hay una enorme confusión en los conceptos y no se diferencia entre tierras abandonadas, tierras despojadas, titulación de baldíos, y así sucesivamente.

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Por Cecilia Orozco Tascón / El Espectador  

“El Gobierno ha estado a la defensiva porque el tema se ha vuelto espinoso debido a que están rodando por ahí muchas cifras con grandes disparidades. Esto sucede, en parte, porque hay una enorme confusión en los conceptos y no se diferencia entre tierras abandonadas, tierras despojadas, titulación de baldíos, y así sucesivamente. A eso le ha caído muy duro el senador Robledo”, afirmó en entrevista con El Espectador, el exdirector del Instituto Colombiano para el Desarrollo Rural (Incoder), Juan Manuel Ospina.

El exfuncionarios terminó por darle la razón al senador del Polo Democrático Alternativo, Jorge Enrique Robledo, quien citó a un debate al ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo para que aclare no solo la confusión de las cifras que tiene el gobierno respecto de la titularización de tierras durante este cuatrienio sino además la viabilidad de su política agraria.

La salida de Juan Manuel Ospina del Incoder reafirma la argumentación del senador Robledo en cuanto a las inconsistencias de la política de tierras del gobierno del presidente Santos.

Cecilia Orozco Tascón.- ¿Cuánto hace que surgieron las diferencias de fondo entre usted y el ministro de Agricultura?

Juan Manuel Ospina.- Después de que el Gobierno tomara la decisión de no liquidar al Incoder (Instituto Colombiano para el Desarrollo Rural), como se había pensado al principio, sino de reestructurarlo. Tomada esa ruta empezó a generarse, desde el Ministerio, una dinámica muy difícil de entender.

C.O.T.- ¿Por qué?

J.M.O.- Porque el ministro mantuvo una posición dubitativa y cautelosa sobre el Incoder, que era alimentada por funcionarios y personas cercanas a él. El argumento central contra el Instituto era que éste no tenía la capacidad de asumir las responsabilidades de ordenamiento de la propiedad y titulación de predios rurales en desarrollo de la política de restitución de tierras. No se le daba espacio a la entidad, pero se le exigía. Así fue como se empantanó la situación.

C.O.T.- ¿Cuáles personas ejecutaron la tarea de crear dudas entre el ministro y el Incoder? ¿Se puede decir que esa división hizo que se perdiera perspectiva en la política de restitución?

J.M.O.- Varios funcionarios del círculo ministerial se dedicaron a esa tarea seguramente porque querían abrirse un espacio y tener manejo de ciertos temas. Con mucha calma también le digo que quien ha sido mencionado como posible reemplazo mío en el cargo, Alejandro Reyes Posada, ha sido uno de los mayores críticos de la existencia del Incoder. Por consiguiente, él es un gran defensor del mantenimiento y acrecentamiento del poder del Ministerio en su papel de ejecutor de la política de restitución. Va a ser interesante verlo, si lo nombran, evolucionar en un escenario por el cual nunca ha manifestado respeto. En cuanto a lo segundo, no sé si uno puede decir tan tajantemente que se está perdiendo la perspectiva. Lo que sí es claro es que por lo pronto han llevado al ministro a una posición muy ambigua frente al Instituto.

C.O.T.- ¿Esa especie de competencia entre el Ministerio y el Incoder generó tensiones entre los dos equipos?

J.M.O.- Claro que sí. Esa realidad, más el hecho de que siempre se aplazaba la reestructuración del Instituto, hizo que afloraran sus falencias después de una primera etapa de trabajo de nuestro equipo que fue productiva. Es en este último marco en donde cabe la descripción del ministro sobre la velocidad de 10 a 100 que, según él, existía entre nuestra entidad y sus planes.

C.O.T.- Me da pena, pero, ¿la poca “velocidad” de que habló el ministro cuando se refirió a su retiro no se refería a su ritmo personal de trabajo, según dio a entender él?

J.M.O.- No. He dicho que ojalá yo fuera el problema, porque con mi salida se resolvería todo. No será así, como se podrá ver dentro de algún tiempo. Con todo respeto, el problema que apareció en toda su magnitud fue el de la equivocada distribución de responsabilidades entre el Ministerio y el Incoder como consecuencia de que se quiso preservar un ministerio con el poder que fue heredado del gobierno anterior, mientras al Incoder se le mantenía minusválido.

C.O.T.- Pero si el problema venía de atrás, ¿por qué estalló la crisis la semana pasada?

J.M.O.- Existen, a mi juicio, dos circunstancias determinantes: una, la proximidad de la realización de unos debates críticos que están próximos a realizarse en el Congreso sobre la gestión del ministro. Dos, la culminación de la primera parte de las tareas del Incoder en el llamado “plan de choque” en el que activamos procesos administrativos de titulación de propiedades a campesinos, formalizamos titulaciones colectivas a las comunidades indígenas y afrocolombianas, y avanzamos en los procesos de restablecimiento de sus derechos a los campesinos que habían perdido su título de asignación de los predios rurales.


C.O.T.- No entiendo. Si eso era exitoso, ¿por qué el ministro Restrepo se queja?

J.M.O.- Como durante ese primer año quedó funcionando el componente tierras que le corresponde al Incoder, nos estábamos dedicando ahora al desarrollo rural. Y en esta etapa el avance no pudo ser tan fluido porque se empezaron a sentir las limitaciones de la institución, que además tuvo que ver cómo se activaron otros programas también rurales por fuera del Instituto y en cabeza del Ministerio: programas para la mujer y el joven del campo, planes de vivienda rural, préstamos para educación, etc.


C.O.T.- ¿A cuáles debates en el Congreso se refiere usted cuando señala que coyunturalmente pudieron influir en el ánimo del ministro cuando le pidió la renuncia?

J.M.O.- A los que están preparando el senador Robledo y el representante Cepeda (del Polo). Para enfrentarse a ese escenario el ministro necesitaba tener un escenario despejado.

C.O.T.- ¿Qué quiere decir con “escenario despejado”?

J.M.O.- Que el ministro podrá argumentar que había sectores en su área que no le estaban caminando y que ya encontró y castigó al presunto responsable. Al respecto me gustaría indicar que no hay que desesperarse y que es necesario entender que ya pasó la luna de miel del Gobierno y que, a casi dos años de su inicio, se entró en la etapa de la política dura cuando la realidad hace aterrizar todos los programas y promesas, y se empiezan a pasar cuentas de cobro. Eso no le pasa sólo a este Gobierno. Les sucede a todos.

C.O.T.- El senador Robledo ha controvertido las cifras que menciona Juan Camilo Restrepo en el programa de restitución de tierras. ¿Está nervioso, como parece, el ministro por ese debate?

J.M.O.- El Gobierno ha estado a la defensiva porque el tema se ha vuelto espinoso debido a que están rodando por ahí muchas cifras con grandes disparidades. Esto sucede, en parte, porque hay una enorme confusión en los conceptos y no se diferencia entre tierras abandonadas, tierras despojadas, titulación de baldíos, y así sucesivamente. A eso le ha caído muy duro el senador Robledo.

C.O.T.- Esa confusión en el programa bandera del Gobierno, ¿ocurre por falta de claridad o por diferencias ideológicas entre los funcionarios de la administración?

J.M.O.- Hay de todo un poco. Una medida lógica y elemental era la de darles un manejo organizado a las cifras. No se trata de las cuentas del ministro o de las de otras entidades. Sin embargo, ese propósito no se ha logrado y se está golpeando la credibilidad del programa de restitución. Un problema de forma y manejo se dejó avanzar al punto de permitir que se cuestione la totalidad de la política.


C.O.T.- ¿Quiénes, en el Gobierno, mencionan cifras distintas en esta materia?

J.M.O.- Muchos: ministro de Agricultura, ministro del Interior, superintendente de Notariado, gerente del Incoder y hasta el propio presidente. Ahora entra a jugar también la recién creada Unidad de Restitución.

C.O.T.- ¿Para usted el senador Robledo tiene razón cuando le discute al ministro Restrepo la cifra de que en este Gobierno se restituirá la tierra de 160 mil familias?

J.M.O.- Creo que Robledo está poniendo el dedo en la llaga cuando cuestiona la debilidad en el manejo de las cifras. En este sentido, el senador puede terminar prestándole un gran servicio a la política de restitución.


C.O.T.- ¿Le parece positiva la crítica de uno de los pocos opositores que tiene el Gobierno?

J.M.O.- Pongámoslo al contrario: me parece fatal que no haya crítica, porque si no es muy difícil darse cuenta de los errores y, en consecuencia, corregirlos. Nadie duda del poder destructor que tiene un mensaje confuso de la propia administración sobre uno de los elementos claves de su política. Si no se conoce el verdadero alcance y el nivel de compromiso del Gobierno con un tema tan específico, ¿cómo se puede creer que su desarrollo se ajustará a la realidad?

C.O.T.- Es rara esa confusión de metas en un gobierno que da la impresión de tener todo bajo control… ¿Qué pasa?

J.M.O.- Juegan dos factores: primero, que además de que continúa existiendo una gran pluralidad de fuentes, no se han podido establecer mecanismos de depuración y de sistematización de las cifras. En segundo lugar se podría pensar que hay afán de protagonismo. Como esta es una política histórica, más de uno quiere ser el artífice de la misma. Ahí puede encontrarse parte de las tensiones, por ejemplo, entre el ministro de Agricultura y el del Interior.

C.O.T.- ¿Ese afán de protagonismo del que usted habla fue el que llevó al ministro a pedirle su retiro?

J.M.O.- Difícil contestarle la pregunta, salvo que el ministro viera en mí a un potencial competidor en el manejo de los temas agropecuarios. Al respecto le diría que puede estar absolutamente tranquilo porque mi interés nunca fue el de buscarle la caída al superior de mi área.

C.O.T.- El ministro insiste en la falta de ejecución del Incoder en cabeza suya. ¿Le queda alguna inquietud sobre su ritmo de trabajo?

J.M.O.- No me queda ninguna duda de que nos la jugamos a fondo y que incluso logramos que los funcionarios de carrera del Incoder, a quienes los venía corroyendo el desestímulo y en ciertos casos hasta el cinismo, volvieron a ver que en su trabajo había posibilidades de realización personal y sueños de ser útiles al proceso agrario colombiano y al bienestar de la población rural.

C.O.T.- No puedo dejar de preguntarle por la sanción que la Contraloría Distrital le impuso, como secretario de Gobierno que fue de la Alcaldía de Luis Eduardo Garzón por la compra de unos predios aparentemente por un precio superior al real. ¿Tuvo que ver esta sanción con la petición de retiro que el ministro le hizo?

J.M.O.- Puedo decirle que cuando tuve la conversación con el ministro sobre mi retiro, él no conocía el tema de la Contraloría Distrital, sobre el cual, por lo demás, presenté una acción de tutela que me fue admitida. Simplemente denuncio que ese órgano me violó el debido proceso. Confío en que en los estrados judiciales esa violación quedará establecida y que la sanción será revocada.

C.O.T.- ¿El exceso de concentración de poder le gusta al ministro Restrepo, quien paradójicamente era contrario a la administración Uribe?

J.M.O.- Sí, le gusta.

C.O.T.- Curiosidad: ¿al ministro lo picó la vanidad?

J.M.O.- No sé si se trata de vanidad. Él debe estar sintiendo que reposa sobre sus hombros una gigantesca responsabilidad. Pero no debería olvidarse de que en el campo de lo público, opera mejor el trabajo en equipo que la acción solitaria. C.O.T.- ¿No será que, respondiendo a su responsabilidad, también quiere montar su futura campaña presidencial como lo han comentado algunos medios? J.M.O.- Nadie duda de que el ministro es, fundamentalmente, un hombre político. Y una persona con esas características siempre guarda en su ‘corazoncito’ la posibilidad de ser presidente. Si eso fuere cierto, cosa que no puedo ni afirmar ni negar, sé que el ministro tendrá inteligencia para saber que ese sueño se haría realidad únicamente en la medida en que lograra pleno éxito en su gestión actual.

C.O.T.- Todos hablan de restitución de tierra. Pocos de la capacidad de permanencia de los campesinos en ella. ¿Este Gobierno, según le consta a usted, está dispuesto a dar la batalla por la primacía del interés de los débiles por encima de los poderosos intereses particulares?

J.M.O.- Creo que nadie puede dudar de la sinceridad y el compromiso del presidente con este tema. Repito, habría que revisar la organización y distribución del trabajo. En esa perspectiva, la discusión sobre la tarea y el futuro del Incoder adquiere todo el sentido en particular si se le ubica como un buen componente de la gran estrategia.


C.O.T.- Para nadie es un secreto que esta política ha generado profunda tensión entre el presidente Santos y el expresidente Uribe. ¿Los tropiezos actuales y la falta de planes a largo plazo sobre la política de restitución tienen algo que ver con las dudas que genera la oposición subterránea del exmandatario al reordenamiento de la propiedad de la tierra?

J.M.O.- En la medida en que la política de restitución no se presente de manera completa y coherente, se dará pie, como sucede con el debate de las cifras, a que sus contradictores, incluido el expresidente Uribe, encuentren argumentos para criticarla, entre otras razones porque se da lugar a interpretarla como un conjunto de acciones contra sectores empresariales rurales sin establecer diferencias entre quienes obran lícitamente y los que se van por los atajos.

C.O.T.- El modelo del gobierno anterior en materia de tierras quedó plasmado en Carimagua. ¿Cree que ese es el mismo modelo del gobierno Santos?

J.M.O.- No. La diferencia entre los dos modelos es grande, pues si bien ambos admiten la presencia e importancia de un empresariado rural en el proyecto de desarrollo, su participación es diferente. En el modelo que impulsa el actual gobierno los empresarios juegan, pero en asocio con sectores de pequeños productores organizados, quienes son también empresarios, como las propias organizaciones campesinas (Anuc) lo admiten. El esquema del gobierno anterior llevaba a un escenario en donde había empresarios y campesinos. Sin embargo, éstos se transformaban en obreros agrícolas, posiblemente bien remunerados y con sus prestaciones sociales, pero sin posibilidades y derechos en la propiedad.

Detonante de la crisis

Pronto se realizará en el Senado el que promete ser uno de los debates más agitados de los últimos años. El parlamentario Jorge Enrique Robledo, uno de los pocos opositores del Gobierno, citó al ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, para cuestionar las cifras con las que promociona el programa bandera de la administración: la política de restitución de tierras a los campesinos despojados de sus predios. El congresista recuerda, en una carta a la Alta Comisionada de la ONU para los Refugiados, las palabras del ministro cuando éste aseguró que “la meta para el cuatrienio (Santos) es de 160 mil solicitudes (de restitución) resueltas”. A continuación, contrasta esa promesa con la aspiración de restituir 2.100 predios a víctimas en 2012. Suma esa cantidad a 699 peticiones que, según datos oficiales, fueron atendidas en 2011 y al número de soluciones en 2013, que duplicará el de este año. Termina Robledo diciendo que “faltándole al Gobierno apenas siete meses para concluir, las restituciones llegarían a sólo 11 mil, con una diferencia de 149 mil unidades en relación con las 160 mil prometidas”. La preparación del debate fue, de acuerdo con el renunciado exdirector de Incoder, uno de los detonantes de la crisis en el sector.

El papel del Incoder

Cecilia Orozco- Ya por fuera de Incoder, ¿la entidad debe liquidarse o fortalecerse?

Juan Manuel Ospina.- No tengo ninguna duda de que hay que apostarle a un Incoder renovado y con mayores capacidades. No se trata solo de las necesidades para implementar una política específica del gobierno Santos sino también de los requerimientos de un país cuyo desarrollo rural quedó desprotegido desde hace años.

C.O.- ¿Cuál es el papel que el nuevo Incoder debería ejecutar?

J.M.O.- Debe ser la entidad que garantiza el equilibrio en las acciones destinadas a darle claridad y orden a la propiedad de la tierra, junto con la tarea de darle impulso a sus usos productivos. Al respecto quiero aprovechar para dejar en claro que entre las responsabilidades del Instituto no está la de la restitución en sí misma, que la ley de víctimas pone en cabeza de los jueces y magistrados. El Incoder tiene unas responsabilidades relacionadas con la ejecución directa y el manejo de los instrumentos de desarrollo rural. Y otras, en acciones de gestión y coordinación con entidades de otros sectores para que ellas contribuyan al bienestar de las comunidades y los territorios rurales en materia de salud, educación, vivienda, etc.

El Espectador, Bogotá, abril 1 de 2012.

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