García Márquez, el último encuentro

Por Ignacio Ramonet  

Me habían dicho que estaba residiendo en La Habana pero que, como estaba enfermo, no quería ver a nadie. Yo sabía dónde solía alojarse: en una magnífica casa de campo, lejos del centro. Llamé por teléfono y Mercedes, su esposa, disipó mis escrúpulos. Con calidez me dijo: “En absoluto, es para alejar a los pesados. Ven, ‘Gabo’ se alegrará de verte”.