Editorial de El Tiempo
No fue poca la sorpresa que se llevó hace una semana en Levier (Francia) la quinceañera gitana Leonarda Dibrani. Cuando se encontraba con sus compañeras de colegio en una excursión, aparecieron dos policías y se la llevaron detenida. Horas después, ella y su familia –padre, madre y seis hijos– llegaban deportados a Kosovo. La detención de la colegiala y la expulsión de la familia –algunos de cuyos hijos nacieron en Francia– arrojan leña a uno de los debates más delicados e intensos de Europa: el racismo.
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