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¿Qué universidad queremos?

Por Eurdoro Álvarez  

Pregunta necesaria incluso en  épocas electorales en Unillanos, universidad pública en la Orinoquia y por lo tanto clave en el desarrollo regional.

Desde el pensamiento universal y académico, la universidad debe ser, para merecer el título de tal, autónoma; ello implica que:

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Por Eurdoro Álvarez  

Pregunta necesaria incluso en  épocas electorales en Unillanos, universidad pública en la Orinoquia y por lo tanto clave en el desarrollo regional.

Desde el pensamiento universal y académico, la universidad debe ser, para merecer el título de tal, autónoma; ello implica que: “qué se enseña y cómo se enseña, tiene que decidirlo la comunidad académica y esa es una decisión que no puede ser tomada por instancias políticas” . Además “un estado democrático, un estado decente, tiene que reconocer una autonomía bastante amplia a la universidad y, sin ingerir en ella, financiarla”  .

Cuando se toma- impulsado desde fuera de las universidades- el criterio de que un programa curricular,  debe ante todo ser  rentable, se desnaturaliza la universidad; esa rentabilidad, implica autofinanciación y ello privatización, acarreando el marginamiento de la educación,  para gran parte de la población. Una sociedad donde el desempleo  y el subempleo rondan el 60% de la población económicamente activa, forzosamente excluye a esa población del derecho fundamental a la educación.

Se podría argumentar que la constitución del 91, incluyó la autonomía universitaria; pero el desarrollo legal de esa inserción ha disfrazado la autonomía universitaria. La ley 30 de 1992, emitida para desarrollar la constitución en el ámbito de la educación superior, estableció tantas cortapisas a la autonomía que la desapareció en la práctica.

Consecuencia  de la ley 30, en materia de financiación de la educación superior,  es su desfinanciación, que a cuentas de los rectores de las universidades públicas, alcanza la suma de un billón de pesos. Unillanos triplicó la matrícula en los últimos 20 años, pero la asignación presupuestal no creció al mismo ritmo; la respuesta a esa limitante ha sido la de abrir carreras con matrículas cada vez más elevadas y multiplicar posgrados que tienen ofertas de universidad privada.

El desfinanciamiento, ha incidido en la calidad de la educación en Unillanos, inocultable a pesar de las acreditaciones otorgadas por el Ministerio de Educación. Una universidad en donde el profesorado de planta ha sido menguado manifiestamente y reemplazado por ocasionales y catedráticos, no se pude ufanar de estar en la senda de la calidad.

Autonomía, financiamiento y calidad son materias en donde Unillanos está reprobada.

eudoroalvarez@gmail.com.


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