Por Horacio Duque
No es que la paz este de un cacho pero tiene mucho cuerpo, siendo un hecho objetivo que gravita todos los ámbitos de la sociedad y el Estado. El tiempo de las conversaciones transcurre y el sentido político del mismo amplia su significado en la dirección de la superación definitiva de la guerra y del conflicto social y armado. La Mesa de La Habana muestra sus virtudes pues la misma es un catalizador que remueve asuntos estancados como el de la justicia para descubrir las interioridades de su letal podredumbre, tal como lo retrata el “caso Pretelt”.
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