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La elección en Estados Unidos y el periodismo colombiano

Por Juan Manuel López Caballero  

El cubrimiento de la prensa colombiana al proceso y al resultado electoral americano dejó ver  que es muy poco lo que entienden o profundizan en cuanto al sentido y contenido de un proceso político como ese.

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Por Juan Manuel López Caballero  

El cubrimiento de la prensa colombiana al proceso y al resultado electoral americano dejó ver  que es muy poco lo que entienden o profundizan en cuanto al sentido y contenido de un proceso político como ese.

En casi todos los medios y a través de la inmensa mayoría de columnistas lo único que se comentó (y, como si fuera una novedad, repetido mil veces) fue que la votación allá era por un Colegio Electoral; que por eso podía suceder que el elegido no fuera quien más voto popular lograra; que eso había pasado tres veces en la historia; y que así gracias a la Florida derrotó Bush a Al Gore.

No apareció la explicación de que los Estados Unidos es, como lo dice su nombre, una unión de Estados; que ese es el origen y la razón de ese sistema electoral; que como modelo federal solo maneja lo que los Estados delegaron; que por eso cada Estado es autónomo y tiene su propia policía, su propia Corte  Suprema, su propio órgano legislativo, etc. y en consecuencia se representa como Estado en las elecciones generales; que el contrato entre Estados solo entregó el manejo de la moneda, las relaciones internacionales, la fuerza militar y el comercio; que por ejemplo la Corte Suprema Americana no puede resolver casos sino en instancia de apelación porque su competencia se limita a las diferencias entre los Estados (o, por extensión, entre un ciudadano de un Estado contra otro Estado); o que por eso pueden existir ‘paraísos fiscales’ internos como Delaware; en fin, que contrariamente a la mayoría de los comentarios no es un sistema anacrónico, ni falto de ‘democracia’, ni necesita ser actualizado -o si lo fuera debería serlo con todo el sistema que lo acompaña-.

Tampoco hubo mención alguna a qué otros temas de interés tenía ese resto de sistema, cuando se decidía al mismo tiempo la representación popular en la Cámara de Representantes; la representación por Estados de la tercera parte del Senado; las mayorías en las respectivas legislaturas estatales; ni mención alguna a la cantidad de referendos en los cuales se votaba a nivel de los ciudadanos de cada Estado sobre los temas de directa incumbencia, tan importantes como el matrimonio gay, o tan interesantes para nosotros como la legalización del consumo recreativo de la marihuana.

La ‘información’ se limitó a las posibilidades de que ganaran Obama o Romney (así, solo las personas) según una u otra encuesta, pero sin mencionar siquiera lo que significaría o representaría lo uno o lo otro teniendo en cuenta lo que estaba en juego y quiénes eran los jugadores.

Quién ganó y quién perdió va mucho más allá de los candidatos, puesto que estos son solo los voceros de grupos e intereses. Sobre todo, en una elección tan reñida, la polarización misma implica muchos mensajes.

El primero y el de más peso (aunque no lo más destacado), la escogencia de un modelo y una propuesta económica: entre la tesis de que lo esencial es la oferta y que ésta se logra con estímulos a la inversión (y, por la lógica misma, favoreciendo a los dueños del Capital), y la de que el motor de la economía es la demanda, y ésta se alcanza por la vía del empleo que da poder para el consumo, prevaleció esta última.

Pero hay otras de bastante significado si se estudia la segmentación del voto.

Está el caso del respaldo a Obama por parte de la población joven: si el 60% escogió esa candidatura y solo el 40% acompañó a Romney, debe entenderse que fue por una mayor sintonía en los temas que afectan el futuro, en particular el tema ambiental; si cifras similares se dieron en el voto femenino, debe entenderse que apoyan el progresismo que se ve con la reelección en relación a temas como las políticas de género o el aborto; la aceptación de los derechos del homosexualismo y probablemente el rechazo a la guerra o el problema de los inmigrantes inclinaron la balanza a favor del ganador como alternativa a la actitud contraria mostrada por quien perdió; el que el 80% de no ‘wasp’ (blancos, anglosajones y protestantes) repitiera su triunfo sobre el 60% de apoyo de estos que tenía Romney consolida una nueva sociedad americana -por lo menos en la población votante- (en especial con la presencia de los hispanos).

Geográficamente es significativo que la llamada ‘America Profunda’ – o sea, la de los Estados del interior- sería la del Partido Republicano (como siempre lo ha sido) mientras que las costas más cosmopolitas y con más contacto con el mundo se inclinan (también de siempre) por los demócratas. La visión de los primeros aislada de las relaciones con el exterior (con la simple visión de que ser potencia asegura su tranquilidad como lo propone la derecha), la de los segundos más orientada a una inserción en el mundo según las realidades que se van presentando. Ejemplos o desarrollo de esta diferencia se ve en los resultados de los referendos de Arizona con orientaciones radicales de derecha, y los de Washington y Colorado que liberalizaron el uso del canabis;  y algo también dice la ubicación de las grandes universidades (Berkley,Caltec, o todo el Ivy league) en contacto con el mundo.

En cuanto dependa de los medios y el periodismo colombianos -donde todo gira alrededor de las personas y el análisis de la política se reduce a las maniobras electoreras- nos falta mucho para entender lo que pasa y lo pasó en las elecciones americanas… Lo grave es que igual sucede respecto a los procesos políticos aquí…

11 de noviembre de 2012.

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