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La frontera caliente

Por Reina Lucía Valencia / Arco Iris  

En tan solo una década se produjeron más de 30 mil homicidios en la zona fronteriza entre Colombia y Venezuela. A Colom¬bia ingresan cerca de un millón de galones de gasolina de contrabando y este negocio mueve unos 500 millones de dólares por año. La frontera se ha convertido en una zona de guerra y en un baluarte de la ilegalidad y la impunidad donde bandas criminales, guerrilleros y narcos tienen disparada la violencia.

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Por Reina Lucía Valencia / Arco Iris  

En tan solo una década se produjeron más de 30 mil homicidios en la zona fronteriza entre Colombia y Venezuela. A Colom¬bia ingresan cerca de un millón de galones de gasolina de contrabando y este negocio mueve unos 500 millones de dólares por año. La frontera se ha convertido en una zona de guerra y en un baluarte de la ilegalidad y la impunidad donde bandas criminales, guerrilleros y narcos tienen disparada la violencia. La reconfiguración criminal compromete no solo a estructuras binacionales, sino también a estructuras trasnacionales como las mexicanas y dominicanas que se disputan palmo a palmo la frontera. A pesar de que ambos países están realizando acciones conjuntas en materia de seguridad en la lucha contra el narcotráfico, dichas acciones han tenido un bajo impacto en las dinámicas locales de la ilegalidad.

Este es el desolador panorama que muestra el libro La frontera caliente entre Colombia y Venezuela; una investigación dirigida por Ariel Ávila, coordinador del Observatorio del Conflicto de Nuevo Arco Iris, quien también es editor del texto publicado por la colección Debate de Random House Mondadori. El libro tiene tres capítulos, de acuerdo a las dinámicas de cada territorio: Arauca-Apure, Norte de Santander-Táchira, y Cesar-La Guajira-Zulia. Cada capítulo desarrolla el contexto histórico del conflicto armado y luego describe la situación actual de los grupos armados ilega¬les. También presenta el impacto del conflicto sobre la población civil y, por último, estudia las economías legales-ilegales que se desarrollan en la región. Corrupción institucional y fuerzas militares son tratadas con un enfoque transversal en el libro.

La investigación revela que el crimen en la frontera colombo-venezolana se reconfiguró. Las estructuras cri¬minales, los mercados legales e ilegales en los que participan y los grados de captura institucional nada tienen que ver con lo que sucedía hace 20 años. Actualmente se tiene un Estado ma¬fioso virtual donde las acciones del crimen orga¬nizado no se diferencian de las que adelanta la institucionalidad. El narcotráfico comenzó a ser administrado por agentes institucionales. Por ejemplo, en Zulia, policías y sectores de la Guardia Nacional Bolivariana controlan rutas y son parte activa de carteles del narcotráfico. Las territorialidades criminales en la zona también cambiaron, según el estudio. El contrabando y el narcotráfico comenzaron a ser controlados por grandes estructuras criminales como “Los Rastrojos” y “los Zetas” mexicanos. La inestabilidad institucional de las administraciones locales y regionales también se incrementó durante los últimos años. Del lado colombiano, en el Cesar, las élites políticas mantuvieron relaciones estables con el paramilitarismo. La familia Araújo, casa política que entró en decadencia en los últimos años permitió el resurgimiento de la familia Gnecco Cerchar, este es uno de los casos más destacables.

El estudio parte de prejuicios o mitos que eran bastante comu¬nes a lado y lado de la frontera. Sin embar¬go, en muchos casos, los hallazgos contradijeron estos presupuestos.

Venezuela: falta de control y no complicidad

Uno de los prejuicios más publicitados era la alineación política y estratégica de los gobiernos de ambos países con los grupos armados ilegales. Sin embargo, la investigación demuestró que a éstos se les salió de las manos la situación fronteriza hace mucho rato. “Las dinámicas en la zona de frontera tienen explicaciones más cercanas a lo que sucede a nivel local, y no tanto a las directrices nacionales de ambos gobiernos. Ambos estados en los últimos 12 años, aunque también lo mostraron antes, han tolerado y mantenido un statu quo que permitió la consolidación de redes criminales, de tal forma que ninguno de los gobiernos –pero sobre todo el venezolano– controla lo que sucede en la zona de frontera”.

Las “Águilas Negras” nacieron originalmente en Táchira y Zulia. Este fue otro de los hallazgos del estudio y se evidenció que no solo se trató de grupos armados ilegales y estructuras criminales que pasaron de Colombia a Venezuela, sino que también hubo grupos de Venezuela que salieron para Colombia a expandirse como “los Rastrojos”, el ejército del “Loco Barrera” y “Las Águilas Negras”.

Las Bacrim más poderosas que las Farc en la frontera

Otro postulado equivocado desvirtuado en el libro es que el grupo armado ilegal dominante en la zona eran las FARC, pero el grupo dominante son “Los Rastrojos”. “Ellos controlan la Alta Guajira del lado colombiano y casi la totalidad del es¬tado de Zulia, incluida la capital, Maracaibo. Igualmente dominan gran parte de Tá¬chira, aunque esta zona se encuentra en disputa con “Los Urabeños”. Se despliegan por Cúcuta y su zona metropolitana. Varios de sus mandos se encuentran en Maracaibo y norte de Táchira”.

El ELN es el segundo grupo en la zona de frontera, según el estudio. Este domina el norte del departamento de Arauca y el sur del estado de Apure, y además tiene una presencia importante en la región del Catatumbo. Las FARC se encuentran en el tercer grupo con operaciones en la Serranía del Périja y sus 3 frentes muy debilitados, después de la ofensiva paramilitar. Allí se mueve uno de los comandantes principales del grupo guerrillero, “Iván Márquez”.“Los Urabeños” y las “Águilas Negras” ocupan el cuarto lugar. Estos han tendido a unirse en el último año. “Los Urabeños” están en La Guajira y mantienen una fuerte disputa con“Los Rastrojos”. Además, controlan parte del Cesar y desde 2011 ingresaron a Cúcuta y su área metropolitana. Del lado venezolano están en Maracaibo, donde prácticamente han perdido la guerra contra “Los Rastrojos” y se mantienen con fortaleza en los municipios de Ureña y San Cristóbal, en Táchira.

Por último, la investigación señaló que en la frontera colombo-venezolana las disputas y alianzas son bastante comunes y que la institucionalidad de ambos países y las fuerzas militares participan en una serie de alianzas locales.

La disputa por las rentas ilegales

La investigación quiso responder el interrogante sobre el porqué la zona fronteriza era atractiva para los grupos armados ilegales y encontró que la mayor motivación en gran parte es económica de rentas ilegales como narcotráfico, contrabando de ga¬solina y tráfico ilegal de licores y cigarrillos. Los resultados indicaron, también, que la necesidad de nuevas rutas y las disputas por controlarlas explican la fuerte violencia que se vive en la fronte¬ra, principalmente en Táchira y Zulia.

Otro aspecto relevante que arrojó el estudio es la compleja relación entre funcionarios policiales y el negocio del narcotráfico porque se establecen múltiples vínculos entre agentes oficiales y no oficiales. “La corrupción policial no puede reducirse a una desviación individual fruto de una elección consciente, sino que puede llegar a ser el producto de una estructura organizacional represiva vinculada con el poder político y con el crimen organizado, que llega a conformar redes institucionales completamente ilegales, en condiciones sociopolíticas de inestabilidad y baja consolidación estatal”.

En la actualidad, el narcotráfico no se puede entender como un proceso local, sino como un mercado transnacional y dinámico según el libro. “En el primer semestre de 2011, la tendencia en el reacomodo de las alianzas estratégicas de los carteles mexicanos ha sido a la polarización de las organizaciones criminales alrededor de los dos más grandes y poderosos carteles del narcotráfico en México: “los Zetas” y el Cartel de Sinaloa”.

Corrupción institucional y estados mafiosos

Cada uno de los gobiernos suele pensar que la ilegalidad y la criminalidad es asunto de su vecino y no suyo. El libro explicó como a Venezuela el conflicto armado le llegó de Colombia y la influencia del crimen organizado le llegó de México. Además que su instituciona¬lidad no estaba preparada para afrontar ese tipo de desafíos, y la forma en que llegó fue avasallante y supremamente rápida, y que por ello aún se tardará un tiempo para que la dirigencia política y militar entienda el desafío de este tipo de ilegalidad.

En Colombia, según el estudio, la explicación de la corrupción tiene raíces profundas. Por un lado, las Fuerzas Militares y la Policía no han depurado su institución, a pesar de los niveles de penetración que ha logrado el crimen. Además que la corrupción e impunidad también se derivan de los grados altos de corrupción de la clase política local y regional.

El texto desarrolla el concepto de Estado mafioso, indicando que las estructuras criminales al capturar instituciones estatales, garantizan el funcionamiento de las diferentes actividades ilegales. “No es que la mafia venga a distorsionar algo que estaba bien, sino que el Estado utiliza a la mafia. No es la mafia convertida en Estado, sino el Estado convertido en mafia, eso es tal vez la precisión del concepto de Estado mafioso”.

www.arcoiris.com.co, abril de 2012.

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