Por Carolina Vásquez Araya / Prensa Libre
La frontera entre México y Guatemala tiene cerca de mil kilómetros de longitud, cruzando de uno a otro océano (Guatemala sobre el Pacífico y Belice sobre el Atlántico) y entre sus dos lados existe una completa similitud étnica, de cultura y costumbres. De hecho, muchos habitantes de esas áreas trabajan en un país y viven en el otro. Los puestos fronterizos, por lo tanto, no son más que la presencia institucional de ambos Estados con el propósito de hacer oficial el paso entre las naciones, pero no tienen la estructura física, ni los medios administrativos ni de personal para impedir una migración constante de personas en sus puntos intermedios.
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