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La parapolítica no termina

Por Óscar Fernando Sevillano / Fundación Nuevo Arco Iris

La detención de Dilian Francisca Toro demuestra una vez más que la parapolítica sigue viva y que es quizá el proceso judicial más largo que ha tenido el país.

En Colombia se han llevado diferentes investigaciones judiciales que han permitido destapar los vínculos de la política con la ilegalidad, y muy a pesar de que estas han traspasado las fronteras como sucedió con el proceso 8.000, ninguno se ha extendido tanto en el tiempo como la para-política.

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Por Óscar Fernando Sevillano / Fundación Nuevo Arco Iris

La detención de Dilian Francisca Toro demuestra una vez más que la parapolítica sigue viva y que es quizá el proceso judicial más largo que ha tenido el país.

En Colombia se han llevado diferentes investigaciones judiciales que han permitido destapar los vínculos de la política con la ilegalidad, y muy a pesar de que estas han traspasado las fronteras como sucedió con el proceso 8.000, ninguno se ha extendido tanto en el tiempo como la para-política.

Para un colombiano del común ya no es raro ver en los titulares de la noticia que la Corte Suprema de Justicia o la Fiscalía General de la Nación abra investigación o emita orden de captura contra determinada persona por supuestos vínculos con los paramilitares, sin embargo no deja de ser grave, entre otras porque estos hechos demuestran que la política nacional y local, a pesar de todos los intentos que se han hecho por depurarla, aún se encuentra contaminada por el conflicto armado y el narcotráfico.

Es claro que las alertas que se han dado en las dos últimas elecciones por parte de la Misión de Observación Electoral y la Corporación Nuevo Arco Iris no han servido para que los electores castiguen a los candidatos vinculados con redes criminales. En el Congreso de la República, quienes no pudieron acceder a las curules porque sus procesos judiciales se los impedían, pusieron toda su maquinaria electoral a favor de sus familiares y amigos, los que a su vez se han encargado de cuidar sus intereses. Y en lo local, aunque algunos caciques regionales en las urnas se les escaparon las alcaldías y gobernaciones, en el momento en que los mandatarios electos armaron sus coaliciones en concejos y asambleas, capturaron nuevamente el poder con el ánimo de seguir controlando las instituciones. Prueba de lo anterior es lo que sucede con Enilce López alias la Gata, quien a pesar de que ha perdido en varias plazas su poder, aún mantiene cierta capacidad para imponerse en los lugares donde un día fue dueña y señora.

Lo anterior demuestra todos los intentos que el fenómeno hace por resistirse a desparecer, sin embargo la justicia no ha cesado en su esfuerzo por investigar hasta donde se extendieron estas redes de mafia, paramilitarismo y política en las instituciones del Estado, y castigar a los responsables de este hecho.

La mejor prueba de que labor de la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía no termina, son los casos de Dilian Francisca Toro, senadora del Valle del Cauca, quien acaba de ser detenida por supuestas relaciones con las autodefensas en el Valle del Cauca y Germán Vargas Lleras, a quien se le indaga preliminarmente por denuncias que dejan ver los posibles lazos entre el actual ministro de Vivienda en sus épocas de Senador de la República, con el paramilitar Martín Llanos.

Lo mismo ocurre con políticos elegidos para el actual período legislativo como Yahir Acuña y Olga Suarez Mira, a quienes la Corte Suprema de Justicia les sigue proceso preliminar con el ánimo de verificar las denuncias que sobre ellos han llegado al máximo órgano judicial.

www.arcoiris.com.co, julio 27 de 2012

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