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Nacional

Las cuentas de la señora Ministra

Por Jaime Enríquez Sansón   

El miércoles 30 de mayo, en el marco del paro nacional de 24 horas, se realizó una multitudinaria marcha popular como expresión del creciente descontento ciudadano ante las medidas desacertadas del gobierno Santos en materias tan delicadas como la salud, la educación, la seguridad, la justicia y la economía.

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Por Jaime Enríquez Sansón   

El miércoles 30 de mayo, en el marco del paro nacional de 24 horas, se realizó una multitudinaria marcha popular como expresión del creciente descontento ciudadano ante las medidas desacertadas del gobierno Santos en materias tan delicadas como la salud, la educación, la seguridad, la justicia y la economía.

Para el gobierno el paro fracasó porque, según se ve, un movimiento es fuerte si tiene su cuota de sangre, si el pueblo pone muertos y si se registra violencia distinta a la oficial. Como el paro tuvo ingredientes coloridos y entusiastas, como la gente aprendió a protestar sin romper vidrios ni quemar llantas, como no hay saldo rojo de vidas en las cuentas de la administración, entonces se envalentonan sus representantes y salen a decir que no hubo paro, que fracasó la protesta.

Esas son las cuentas alegres de los gobiernos miopes. Como las cuentas alegres de la linda señora Ministra para quien el paro de los maestros era ilegal o injusto pues este gobierno “ha cumplido con el 100% del 70% de los pactos celebrados”. En otros términos, la linda señora Ministra, tan exigente en las cuentas cuando de aplicarlas se trata a los maestros, al contenido de las aulas, a los cupos que pueden encerrarse dentro de cuatro paredes sin asfixiarse demasiado, no es exigente en el cumplimiento oficial. La ley del embudo, señora linda, lo ancho para ustedes, para los que tienen el mango de la sartén presupuestal, para los que disponen de los decretos que sancionan y trasladan maestros y suprimen plazas y pueden (¿será que pueden?) ampliar el tiempo de trabajo de los docentes. Pero lo angosto, angostísimo para el proletariado que enseña a pensar, que hace patria en las escuelitas apartadas de las veredas humildes, que enseña el Himno y la geografía, que orienta la mano del niño para que escriba palabras tan grandiosas como papá, mamá, Dios, amor, solidaridad, Colombia. Para esos docentes que se inclinan ante la mesa del experimento o enseñan a tomar la paleta y a pintar las casitas o a interpretar el himno con la quena o trazan los derroteros de la investigación de los futuros Patarroyos o muestran cómo se hace la danza del gol sobre el césped para los futuros Falcaos. Para ellos, el angosto del embudo. Lo difícil, lo trabajoso, lo árido. El ciento por ciento. El total. Lo máximo del esfuerzo.

Con una serie de agravantes, por cuanto no habla de la calidad o del alcance de los compromisos cumplidos, así como no dice que en lo referente al tal 70% de lo cumplido, hay muchas cosas eludidas, es decir, hay mucha trampa. ¡Qué lindas cuentas mi linda señora! Pero lindas y todo, linda usted y todo, eso es mediocridad. Con el 70% del 100% no se hace un Patarroyo o un Falcao o un Frank Preuss. Ni se hizo una acta de independencia (hablo de la independencia de verdad, no de la oficial). Lo que pasa es que usted, señora Ministra, está acostumbrada, como fiel exponente del sistema, al 70% de la soberanía nacional, al 70% de la justicia, befada en las bancadas oficialistas y en contubernio con los Magistrados que se venden por cuatro añitos más en sus cargos; al 70% de la verdad respecto a los resultados que por ello se denominan falsos positivos; al 70% del esfuerzo para garantizar el pan al 70% de los colombianos sin camisa, sin zapatos, sin caminos. Al 70% del techo para los desposeídos a quienes un bajísimo porcentaje de familia les quitó la tierra con Agro Ingreso Seguro o con Reforma Agraria de pacotilla, o sea, como en su caso, con trampa. El 70% de los colombianos tiene que tomar gaseosa del tamaño que ordene el dueño del capital. Y tiene que comprar la marca, la calidad y cantidad de alimentos que le señalan los monopolios radiales y televisivos. Y tiene que ver las noticias con el 70% de mentiras redactadas por los periodistas de la Pequeña gran prensa, que trabajan bajo el látigo de los dueños del papel y de los mercaderes de la propaganda.

Así no son las cosas, señora Ministra. Esas cuentas alegres y tramposas ofenden nuestra inteligencia y ofenden nuestra dignidad. Diga que está acostumbrada a lo mediocre, que tiene compromisos para mantener el puesto, que tiene que conservar el statu quo santista y que cree en la política de dilatar y dilatar para por fin vencer, pero con trampa.

Por lo pronto, perdió el examen señora Ministra. Tiene que someterse a un curso de recuperación. Le fallaron las competencias. Se rajó. Ni siquiera pasó raspando, no la salvó ni siquiera la trampa. Pero aún tiene tiempo para no perder el año. Estudie un poco más, sea más diligente y cuando vea que puede exhibir no el mediocre 70% sino que cree poder exhibir más del ciento por ciento de sus logros, vuelva ante los periodistas incondicionales de la Pequeña gran prensa y dígale de frente al país la verdad de las cuentas que el pueblo necesita.

jrenriquezs@yahoo.com

Pasto, junio 2 de 2012.

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