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Nacional

Lección de 13 años

Por Eduardo Sarmiento Palacio   

En días pasados intervino en la asamblea de la ANDI Jeffrey Sachs. Hace 13 años (en 1999), en el foro “El nuevo modelo económico”, organizado por Portafolio, el influyente profesor participó como invitado principal en compañía de Rudolf Hommes, Carlos Caballero,

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Por Eduardo Sarmiento Palacio   

En días pasados intervino en la asamblea de la ANDI Jeffrey Sachs. Hace 13 años (en 1999), en el foro “El nuevo modelo económico”, organizado por Portafolio, el influyente profesor participó como invitado principal en compañía de Rudolf Hommes, Carlos Caballero,

Salomón Kalmanovitz y el suscrito. En ese entonces manifestó que el modelo neoliberal estaba dando resultados satisfactorios en Estados Unidos y Europa, y lo eximió de toda responsabilidad de la crisis de Asia y América Latina.

Por mi parte, en contradicción con los cuatro panelistas, sostuve que el modelo neoliberal del consenso de Washington tenía una clara responsabilidad en las crisis recesivas de Asia, América Latina y, en particular, con las que vivían en ese momento Colombia, Ecuador y Brasil. Asimismo, con cifras en la mano ilustré cómo la apertura económica había disparado el desempleo y estaba conduciendo a un deterioro sin precedentes en la distribución del ingreso. Al respecto, Sachs señaló que la discusión sobre el cambio de modelo no contribuía a arreglar las dificultades de los países y la calificó de bizantina, frase que el día siguiente apareció en los titulares de la prensa. Agregó que todo lo que tenía que hacer Colombia era continuar la liberación del sector externo y así propiciar las exportaciones independientemente de su origen.

El deterioro de la distribución del ingreso que siguió a las reformas de libre mercado condujo a Sachs, y en general a la ortodoxia, a colgarle a las reformas del Consenso de Washington la política pública. La propuesta consiste en una serie de programas sociales de bajo costo focalizados hacia los sectores más vulnerables, que denomina piso de protección social (PPS) y no implican mayores esfuerzos tributarios. La receta se aplicó en Chile, Perú y Colombia. Es posible que en los tres casos haya contribuido a reducir la pobreza, pero no le ha hecho ni cosquillas a la distribución del ingreso.

La experiencia de los últimos 13 años sirve para despejar los mitos que hicieron carrera durante décadas y a diario se controvierten. Primero, el modelo angloamericano, o si se quiere el Consenso de Washington, no funcionó en América Latina y Asia en la década del 90 ni en la primera del 2000, y en esta última falló en Estados Unidos y Europa. Todos los países están expuestos a recesiones y crisis financieras y cambiarias recurrentes, que no pueden ser evitadas ni superadas por las políticas monetarias y fiscales anticíclicas tradicionales. Segundo, las políticas asistencialistas contribuyen a elevar el ingreso de los pobres, pero no cambian su posición relativa ni alteran la distribución del ingreso. No están en capacidad de contrarrestar los daños inequitativos ocasionados por el mercado.

Los desaciertos de Sachs se originan en teorías que han sido invalidadas por los hechos y se mantienen contra viento y marea. De todas maneras, las lecciones de la experiencia y los debates les abren camino a visiones alternativas. No basta dolerse por el pésimo desempeño de la economía mundial. Es indispensable construir una nueva formulación macroeconómica que permita explicar la crisis mundial y ofrezca soluciones concretas para conciliar el crecimiento y la estabilidad tanto para el conjunto como para los países individuales. Mucho se avanzaría si se reconociera que la equidad no es independiente del modelo económico y no se puede lograr por la vía del asistencialismo. El desafío reside en encontrar el perfil productivo que eleve los ingresos laborales con respecto al capital y reduzca las brechas salariales, al igual que la política social de derechos que asegure la universalización de la salud, la educación y la pensión o ingreso mínimo.

El Espectador, Bogotá, 19 de agosto de 2012.

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