Lo que es con él, es conmigo, papá

Por Reinaldo Spitaletta  

Colombia tiene una larga y sombría tradición sobre la utilización de métodos del lumpen en la política. La usanza de intimidar a contrincantes y contradictores, cuando no de sacarlos de la palestra a punta de bala o desapariciones, es de vieja data, y el listado de caídos por estas intervenciones criminales es extenso.

Y aunque esas “mañas” de eliminar a los rivales hunde sus raíces en las gestas independentistas y el nacimiento de la república (que otros, con acierto, denominan republiqueta), es posterior a la Violencia liberal-conservadora y a la aparición de los grupos guerrilleros (devenidos luego en industrias criminales), cuando se agudizan no solo las cuantiosas metodologías delincuenciales, sino el fascismo. Y el fascismo, para no teorizar mucho, es la “negación del hombre”.