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Los pueblos que no conocen su historia…

Por Juan Manuel López Caballero  

Con motivo de la Semana de la Memoria Histórica el Centro de Memoria Histórica hizo un evento que por más de una razón debería llamar mucho la atención del país.

Se trata del esfuerzo y el trabajo que probablemente más podría ayudar a salir de la lamentable situación que vive Colombia.

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Por Juan Manuel López Caballero  

Con motivo de la Semana de la Memoria Histórica el Centro de Memoria Histórica hizo un evento que por más de una razón debería llamar mucho la atención del país.

Se trata del esfuerzo y el trabajo que probablemente más podría ayudar a salir de la lamentable situación que vive Colombia.

La misión que ha venido desarrollando el Centro –hoy por mandato de la Ley de Víctimas y antes como Grupo por la Ley 975 de 2007- es el equivalente al de las Comisiones de la Verdad en los casos donde se ha terminado el conflicto armado en diferentes partes del mundo.

En el evento en cuestión se hizo la presentación de los resultados, orígenes, antecedentes y vicisitudes de la Ley de Justicia y Paz (Ley 975 de 2007).

De los análisis planteados quedó claro que esa ley no tuvo inicialmente propósito diferente al de organizar la reinserción (o cooptación) de los grupos paramilitares. En cuanto a Justicia y a Paz ha sido un fracaso pues después de siete años solo se han producido 4 sentencias y las famosas BACRIM son simplemente las herederas de esas organizaciones. Entre la Corte Constitucional, algunos valientes y responsables fiscales, y la presencia de las víctimas se reorientó parcialmente la aplicación de esa norma y se logró un resultado en cuanto la Verdad, puesto que lo terrible de ella es lo que se ha revelado en esos procesos (más de 10.000 homicidios confesados; ubicación de más de 3.700 fosas comunes, cerca de 4.500 cadáveres encontrados y relación de más de 30.000 desapariciones forzosas).
Lo anterior es solo la punta del iceberg por el miedo y la dificultad que tienen las víctimas para ejercer verdaderamente como contraparte de los victimarios postulados para los beneficios que la ley ofrece, y por la absoluta inexistencia de persecución y menos castigo a los otros responsables de ese fenómeno (determinadores, socios empresariales o políticos, funcionarios o miembros de cuerpos militares, etc.).

Es sin embargo lo más esperanzador en cuanto a posible salida de las profundidades del mal de Colombia, puesto que solo conociéndolo se puede empezar a sanear. Y en ese sentido, dentro del propósito de contribuir a esa ‘sanación’, el conjunto de publicaciones del Centro de Memoria –en total cerca de 20 que cubren casos puntuales de las peores tragedias de nuestra sociedad-, al tiempo que recuerdan lo sucedido, ayudan a comprender el porqué de ello y el porqué de nuestros males.

Es bastante repetido el aforismo de que ‘los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla’. En ese sentido lo expuesto en ese acto debe servir para enriquecer y tal vez enrumbar las conversaciones que se iniciarán con los voceros de las FARC. Porque si bien lo revelado son sobre todo los horrores del paramilitarismo, también se puede aprender de las grandes fallas que trajo la negociación y la aplicación de esa mal llamada ‘justicia transicional’.

No es muy probable que se caiga en una repetición de ese trámite, puesto que la afinidad del Santismo con la guerrilla en nada se compara con la del Uribismo y el paramilitarismo; aunque hay el parecido en sus inicios (conversaciones secretas previas, preacuerdos desconocidos, falta de participación de facilitadores, víctimas, ONG’s especialistas en DD.HH y DIH, sociedad civil, Partidos y Congreso y de otros sectores diferentes a los voceros del ‘establecimiento’), es de esperar que se corrija con el avance que aportan estos estudios: mayor conocimiento tanto de las dificultades y fallas de procesos anteriores, como en conceptos como los de Justicia Transicional en relación a las víctimas y a la legislación internacional, de Conflictos Armados ‘desestructurados’, de Seguridad Democrática como obligación del Estado y no como slogan proselitista, etc.

En ese sentido se aplica que solo conociendo la historia se evita el peligro de repetirla; y a ello contribuye la labor del Centro de Historia.

Infortunadamente una encuesta paralela sobre la percepción que tiene la población respecto a los horrores vividos  –o sea, qué rechazo producen-, señala a la guerrilla con un 37% y al paramilitarismo con un 6%. Esa percepción obviamente viene de la información que le ha sido trasmitida oficialmente y por los medios de comunicación.

Por eso aún más importante es su contribución a que se conozca la verdad y la realidad diferente de la manejada por los interesados en mantener el statu quo, ya que es buscando entender porqué vive nuestra sociedad estas tragedias diarias y permanentes que se podrá iniciar el corregirlas.

Porque plagiando el título de este escrito: los pueblos que no estudian y enfrentan las causas de sus problemas están condenados a seguir viviéndolos.

16 de octubre de 2012.

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