Por María Elvira Bonilla
La reacción de la Policía francesa frente al ataque aleve a Charlie Hebdo fue la de una cacería enloquecida para capturar a los primeros sospechosos: los jóvenes hermanos Kouachi. En menos de un día estaban muertos. Una persecución con eco en los medios, de película, creando la falacia generalizada que así, aniquilando, “se extirpará el mal”.
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