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Mientras el “libre comercio” destruye, los trabajadores construyen

Por María Antonieta Cano  

Durante los últimos 20 años, los gobernantes de turno y sus méngualas se han dedicado a destruir los medios que Colombia tiene para acumular riqueza, para salir adelante. Intermediar los intereses de los grandes poderes extranjeros les ha dado ganancias a esos señores y a sus compadres grandes fortunas.

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Por María Antonieta Cano  

Durante los últimos 20 años, los gobernantes de turno y sus méngualas se han dedicado a destruir los medios que Colombia tiene para acumular riqueza, para salir adelante. Intermediar los intereses de los grandes poderes extranjeros les ha dado ganancias a esos señores y a sus compadres grandes fortunas.

Han recibido un pago por su traición. Se han enriquecido a reventar sobre el empobrecimiento de todas las clases colombianas que no hacen parte de la rosca del “libre comercio”.

El “libre comercio” ha traído reformas que han eliminado garantías laborales conquistadas por los trabajadores y sus organizaciones a lo largo de más de cien años de incansable lucha. El Primero de Mayo no es una fecha cualquiera. Este día se conmemora, precisamente, para recordar las acciones heroicas de los trabajadores que ofrendaron sus vidas en la lucha constante por conquistar los derechos elementales.

Si el trabajo se ha degradado tanto, es porque los poderosos del mundo no han parado un instante de conseguir ese propósito. Como dijo Warren Buffet, el segundo hombre más rico del mundo: “Claro que hay lucha de clases. Pero es mi clase, la de los ricos, la que ha empezado esta lucha. Y vamos ganando.”

En la globalización del “libre comercio” las empresas multinacionales van de país en país buscando aquellos donde los costos laborales sean más baratos. Es decir, donde los trabajadores tengan menos garantías, donde persista la discriminación contra el género femenino en el mercado laboral y se presente una elevada concentración de mujeres en empleos de bajos ingresos y donde las legislaciones laborales estén “flexibilizadas” al máximo. No es por una casualidad o por un castigo divino que para los colombianos sea cada vez más difícil, por no decir imposible, encontrar un empleo digno.

El “libre comercio” también ha golpeado a los profesores y con fuerza. Nadie en Colombia ha logrado escapar a este flagelo. El primer zarpazo se dio con el recorte a las transferencias en 2001, la expedición de los decretos 1850 y 3020 de 2002 y su ley reglamentaria, la 715 del mismo año, que alargó la jornada laboral y comenzó de manera sistemática el recorte a las plantas de personal, la rebaja real de los salarios, con los aumentos por debajo de la inflación, el hundimiento del régimen pensional y prestacional del magisterio colombiano, el congelamiento del escalafón y el arrasamiento de todas las garantías laborales a los docentes nuevos con la entrada en vigencia del estatuto docente 1278.

Con la aplicación de las políticas de apertura y privatización, el neoliberalismo desmanteló al país en materia productiva y arrasó con los derechos de los trabajadores. Y lo peor está por venir, porque la minoría que malgobierna a Colombia en beneficio de sus jefes extranjeros no va a parar. El próximo 15 de mayo entra en vigencia el TLC con Estados Unidos. La ruina acosará al agro y la industria. El desempleo y el rebusque crecerán. Para completar, en el capítulo del TLC sobre asuntos laborales se establece que si el gobierno de Colombia lo busca, se podrán deteriorar aún más las condiciones laborales para ganar exportaciones o inversiones de extranjeros. Está claro. La globalización del “libre comercio” es el reinado de las multinacionales para aprovechar la mano de obra barata, muy barata, de los pueblos pobres de la Tierra, como Colombia.

Ante esta situación, los colombianos tenemos que indignarnos. La afrenta del gobierno contra el pueblo colombiano es imperdonable. Por eso los trabajadores debemos luchar por recuperar nuestros derechos y sumar esfuerzos con todos los sectores democráticos de la sociedad colombiana, para ser capaces de resistir los embates que se avecinan con el TLC y lograr, por fin, la reconstrucción de la nación porque ¡Colombia sí tiene arreglo!

Mayo 2 de 2012.

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