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Ministro reciclador

Por Germán Fernández Cabrera 

El pasado 15 de abril de 2012, el Diario El Espectador reprodujo un artículo del entonces miembro de la Junta Directiva del Banco de Colombia, Ingeniero Alejandro Gaviria, titulado “Una propuesta modesta”. Para entonces, no estaba en los proyectos del citado que hacia finales del mismo año iba a ocupar el cargo de Ministro de Salud y Protección Social donde tendría el escenario propicio para aplicar las formulas recicladas que hoy nos ocupan.

El artículo lo encuentra Gaviria Uribe, dice que olvidado en la sala de espera de un aeropuerto colombiano y por considerar que sus contenidos son importantes, recicla su conceptualización, seguramente porque también les ve aplicación en el escenario nacional.

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Por Germán Fernández Cabrera 

El pasado 15 de abril de 2012, el Diario El Espectador reprodujo un artículo del entonces miembro de la Junta Directiva del Banco de Colombia, Ingeniero Alejandro Gaviria, titulado “Una propuesta modesta”. Para entonces, no estaba en los proyectos del citado que hacia finales del mismo año iba a ocupar el cargo de Ministro de Salud y Protección Social donde tendría el escenario propicio para aplicar las formulas recicladas que hoy nos ocupan.

El artículo lo encuentra Gaviria Uribe, dice que olvidado en la sala de espera de un aeropuerto colombiano y por considerar que sus contenidos son importantes, recicla su conceptualización, seguramente porque también les ve aplicación en el escenario nacional.

Reza el documento publicado por el Ingeniero Gaviria que:

“El riesgo de envejecimiento es la principal amenaza para la sostenibilidad fiscal del mundo. En Inglaterra, por ejemplo, los estimativos oficiales proyectaban que, en promedio, una persona de 65 años de edad debería vivir otros 17 años. Pero los estimativos se quedaron cortos. La gente está viviendo tres años más que lo esperado, con consecuencias fiscales desastrosas. Tres años más de vida con respecto a las edades proyectadas implican un costo fiscal de largo de plazo del orden de 50% del PIB. Reconocer y mitigar este riesgo es un proceso que debe ponerse en marcha ahora mismo. Las reformas tradicionales tardarán muchos años en producir resultados. Nuevas reformas son necesarias.”

En otro acápite del recogido artículo, se refiere a nosotros como la “generación que causó la crisis” y sostiene que “…tendrá que asumir el costo de su resolución. Los países desarrollados deberían, mediante un proceso participativo liderado por organizaciones científicas, determinar (y probablemente incorporar en sus constituciones) el valor de un año de vida adicional de, digamos, una persona de 70 años. Con base en este valor, los beneficios y los costos de los medicamentos y procedimientos médicos pueden ser estimados. Si los beneficios son inferiores a los costos, el uso de recursos públicos debería prohibirse. Por ejemplo, medicamentos oncológicos muy costosos que, en promedio, apenas prolongan la vida de los enfermos de cáncer por unos pocos años deberían excluirse de manera definitiva.

Pero el pensamiento del hoy Ministro de Salud y Seguridad Social, Ingeniero Gaviria, no para allí. Aquí viene el almendrón del pensamiento que promueve: “Las personas de, digamos, ochenta o más años deberían vivir por su cuenta y riesgo.

Resulta muy oneroso para el resto de la sociedad asumir el costo de las distorsiones demográficas individuales. Varios intelectuales públicos han señalado que las vidas cortas constituyen un imperativo ético habida cuenta de los problemas económicos actuales. Los gobiernos deberían promover un diálogo sobre los costos sociales y las externalidades negativas de las vidas prolongadas. Muchos actores sociales subestiman o desconocen estos costos.”

Eso que señala de “las vidas cortas como imperativo ético”, ¿no es de hecho una invitación al suicidio o a la aplicación de la eutanasia? ¿Eso es lo que aprenden los estudiantes en las facultades de economía dónde este señor ejercía como decano?

Y finaliza: “Resumiendo: los países desarrollados han sobrepasado el nivel óptimo de envejecimiento (desde un punto de vista social). Por razones de justicia intergeneracional, los más jóvenes no deberían pagar por el exceso de años de vida de una generación privilegiada. Las reformas sugeridas para evitar un crecimiento insostenible de los costos de salud y pensiones son inaplazables.”

El Ingeniero Gaviria se encuentra en el Ministerio a su cargo con el escenario propicio para imponer sus teorías recicladas y de allí su nefasta influencia en el recorte de los beneficios ciertos a los pacientes – lo que logra con su nefasta influencia en la ley estatutaria. Y con sus propuestas en relación con la ley ordinaria, que pretende entregarle legalmente los recursos públicos de la salud a sus “gestoras” por medio de un elaborado mecanismo fiduciario. Y por supuesto, como parte integrante del equipo económico del Gobierno Nacional, va también por los derechos pensionales de los colombianos. En relación con los recursos de los riesgos laborales, no los toca, pues ya están en las pundonorosas manos de las ARL.

A Gaviria Uribe le estorban los viejos, los enfermos, los pensionados y los accidentados en el trabajo. Son enemigos de las utilidades que, según él, deberán ser para el usufructo de las empresas intermediarias en salud, pensiones y riesgos laborales. Y así también está reciclando con su ley ordinaria los componentes deletéreos que han llevado al fracaso del Sistema de Salud de los colombianos. Y va a cumplir su cometido.
¡Si lo dejamos!

Notas:

El pasado 24 de Julio, el colega médico anestesiólogo, Rafael Hernández Bonfante, sufrió un paro cardíaco cuando estaba abordando un avión que lo llevaría a Cartagena, donde residía. Como consecuencia, el colega, de 55 años, falleció. Inmediatamente lo supimos nos comunicamos con Blue Radio y con el Noticiero CM&, con el fin de que se indagaran las circunstancias que rodearon el hecho, sin mayores resultados, pues la muerte de una persona no era una gran noticia y además, le dijeron en OPAÍN a una de las periodistas que nadie había puesto alguna queja. El domingo 18 de agosto el Diario El Tiempo registra el hecho sin entrar en cuestionamientos de fondo. Al respecto del acontecimiento, nos preguntamos: ¿Cuentan los aviones con Desfibrilador Automático – DEA – para atender estas circunstancias? ¿Si cuentan con un DEA, las tripulaciones saben para qué sirve y lo saben usar? Es de señalar que su manejo es absolutamente elemental y da las instrucciones a cualquier persona sin entrenamiento médico. Ninguno de los relatos nos menciona que se utilizó un desfibrilador, así que al médico fallecido lo atendieron probablemente con consejos. ¿Cuenta el aeropuerto El Dorado con varios DEA, disponibles para su uso en cualquier eventualidad, como en todos los aeropuertos del mundo? Téngase en cuenta que en los corridos 8 meses de este año han pasado por el aeropuerto de Bogotá más de 13 millones de personas. Y más de 2 millones por el de Medellín y por el de Cali. ¿Hay brigadas de emergencia en los aeropuertos que estén en capacidad de atender estas eventualidades? ¿Qué pasa en los demás aeropuertos de Colombia? ¿Qué dicen de la eventual falla en el servicio la Aeronáutica Civil y OPAÍN? ¿Y el Ministerio de Salud, si estará al tanto de lo ocurre en los lugares donde hay gran afluencia de personas? ¿Y dónde está la vigilancia y el control de la Secretaría de Salud de Bogotá? ¿Y de las demás Secretarías de Salud? Son preguntas que deberán ser respondidas a la opinión nacional por todas las entidades de Gobierno y subsanadas de manera inmediata todas las fallas que se detecten. Que la muerte del colega no quede sin satisfacción debida.

 

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