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Muere el mítico líder comunista español Santiago Carrillo

El mítico líder comunista español Santiago Carrillo murió este 18 de septiembre en Madrid a los 97 años. Con su muerte desaparece uno de los últimos protagonistas de la España de la Guerra Civil, la dictadura y la Transición a la democracia.

 

El que fuera secretario general del Partido Comunista (PCE) entre 1960 y 1982 se encontraba enfermo desde hace unos meses y había tenido que ser hospitalizado en un par de ocasiones, la última en julio,

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El mítico líder comunista español Santiago Carrillo murió este 18 de septiembre en Madrid a los 97 años. Con su muerte desaparece uno de los últimos protagonistas de la España de la Guerra Civil, la dictadura y la Transición a la democracia.

 

El que fuera secretario general del Partido Comunista (PCE) entre 1960 y 1982 se encontraba enfermo desde hace unos meses y había tenido que ser hospitalizado en un par de ocasiones, la última en julio, cuando fue ingresado en un hospital madrileño por un problema con el riego sanguíneo.

 

Su estado de salud se agravó en la última semana. Y hoy falleció de una insuficiencia cardiaca mientras dormía la siesta, según contó su familia. “Ha muerto tranquilo, sin enterarse”.

 

El rey Juan Carlos lo alabó como “una persona fundamental en la transición” tras visitar junto a la reina Sofía a la familia del mítico comunista en su domicilio de Madrid. Ya antes los había llamado por teléfono para expresarles su cariño y darles su pésame. Carrillo y él mantuvieron una estrecha relación pese a la ideología republicana del ex secretario general del PCE.

 

Carrillo fue “un referente” para la política española, dijo de él el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, en el telegrama de pésame enviado a la familia.

 

“El destacado papel que desempeñó durante la Transición y su contribución al orden constitucional, al nuevo marco de convivencia y a un futuro común sin abandonar sus profundas convicciones, perdurarán como referente para la política española”, escribió el jefe del Ejecutivo.

 

Nacido en Gijón en 1915, el histórico líder comunista fue una de las principales figuras de la oposición clandestina a la dictadura de Francisco Franco (1936-1975).

 

Muerto el dictador, fue uno de los protagonistas de la Transición a la democracia, junto al entonces presidente del gobierno, Adolfo Suárez, y el rey Juan Carlos. Regresó a España clandestinamente del exilio en 1976 y un año después, el PCE fue legalizado.
El partido que mayor pesó llevó en la lucha contra Franco no vio sin embargo reconocidos sus esfuerzos en las primeras elecciones democráticas en España, celebradas en 1977. El triunfo del Partido Socialista (PSOE) de Felipe González en 1982 selló su ocaso. Y Carrillo dimitió, aunque políticamente se mantuvo activo unos años más.

 

Fuera de España, adquirió gran relevancia por haber sido pionero del eurocomunismo, una corriente opuesta a la ortodoxia de la Unión Soviética y que defendía un comunismo democrático.

 

Pese a su avanzada edad y aunque hacía ya tiempo que se había retirado de la política, sus colaboraciones con medios de comunicación y sus apariciones públicas eran frecuentes hasta hace poco tiempo. Fumador empedernido, se mantuvo lúcido hasta el final. Publicó libros e impartió conferencias. Hasta la víspera de su muerte habló con sus hijos sobre la actualidad española, según contaron hoy dos de ellos a las puertas de su domicilio.

 

Toda la clase política española, con independencia de ideologías, lamentó hoy la muerte del histórico dirigente comunista y reconoció su contribución clave a la Transición española.

 

El Congreso de los Diputados estalló en un aplauso cuando esta tarde un diputado socialista recordó su figura, poco después de conocerse su muerte.

 

“Entregó su vida a la lucha y a la defensa del comunismo”, destacó hoy de él el actual secretario general del PCE, José Luis Centella. Es “una pérdida importante” para la izquierda, manifestó Cayo Lara, coordinador general de Izquierda Unida (IU), en la que se integra el PCE. Se pierde “un pedacito de nuestra historia”, dijo por su parte el diputado de IU Gaspar Llamazares.

 

El Partido Socialista (PSOE), al que Carrillo estuvo afiliado en su juventud antes de abandonarlo para ingresar en el PCE, destacó su “decisivo papel” en “la recuperación de la democracia y en el proceso de reconciliación de los españoles” y lo puso como “ejemplo de un dirigente político que supo anteponer la búsqueda de los intereses comunes a los partidistas”.

 

Pero las condolencias por la muerte de Carrillo no sólo llegaron desde el mundo político. El cantautor Joaquín Sabina lo calificó hoy de “hombre fundamental del siglo XX español”. “Todo pasó por él”, dijo a la Cadena Ser, donde le sorprendió la noticia de la muerte de Carrillo cuando estaba siendo entrevistado junto a Joan Manuel Serrat.

 

Carillo será incinerado y sus cenizas, tal y como era su deseo, serán esparcidas en el mar Cantábrico, en la costa de Gijón que lo vio nacer.

Santiago Carrillo, un comunista pragmático que abrazó la democracia

Por Sara Barderas y Jorge Vogelsanger

La vida de Santiago Carrillo es en sí misma parte de la historia de España. Con la muerte del mítico líder comunista hoy en Madrid, a los 97 años, España pierde una de las últimas voces que podían narrar en primera persona los tres episodios clave del último siglo: la Guerra Civil (1936-1939), la dictadura de Francisco Franco (1939-1975) y el regreso a la senda democrática.
Junto al ex presidente del gobierno Adolfo Suárez (1976-1981) -a quien el Alzheimer arrancó ya hace años la memoria- y al rey Juan Carlos, el ex secretario general del Partido Comunista de España (PCE) estaba considerado como “el tercer hombre de la Transición”. Y es que, tras años de exilio y lucha clandestina contra la dictadura, Carrillo hizo uso del pragmatismo necesario para contribuir a la democratización ordenada de España.

 

Fuera del país adquirió gran relevancia por ser pionero del eurocomunismo, opuesto a la ortodoxia de la Unión Soviética y defensor de un comunismo democrático. El cisma con el estalinismo se produjo en 1968, cuando Carrillo condenó la represión de la Primavera de Praga y la invasión de las tropas soviéticas en Checoslovaquia.

 

Nacido el 18 de enero de 1915 en la ciudad asturiana de Gijón, tierra obrera, supo muy pronto a qué clase pertenecía. Su padre era obrero metalúrgico socialista y a los tres años lo visitó en prisión, después de que hubiera sido encarcelado en una huelga minera.
Entre 1934 y 1935 fue él mismo quien estuvo en la cárcel por participar en los preparativos de una revolución en Asturias, y en 1936, en los albores de la Guerra Civil, dejó el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), en el que había entrado inicialmente, para ingresar en el PCE. A la sombra de la mítica Dolores Ibárruri, “La Pasionaria”, fue escalando posiciones, hasta sucederla al frente de la secretaría general en 1960.

 

Todo ello en el exilio, porque dejó España a finales de la Guerra Civil. Desde París lideró la reorganización del PCE. Como secretario general, dirigió el partido con mano de hierro, expulsando a los que consideraba posibles infiltrados o traidores de la causa, entre ellos el escritor Jorge Semprún, “Federico Sánchez”, que en 1964 fue echado por “revisionista” junto al dirigente Fernando Claudín.

 

Carrillo no regresó a España hasta 1976, un año después de muerto Franco. Y, con el PCE aún sin legalizar, lo hizo clandestinamente, con una peluca que se convirtió después en famosa y unas lentillas.
La legalización del PCE llegaría el 9 de abril de 1977, bautizado desde entonces como “Sábado Santo Rojo”, por coincidir con la Semana Santa, después de algo más de un año en el que Carrillo había vivido la clandestinidad de forma pública para ir acostumbrando a la sociedad española al partido.

 

Carrillo negoció en secreto con Suárez la legalización del PCE y el rey Juan Carlos estaba al tanto. El momento fue delicado. El franquismo había apuntado siempre al comunismo como amenaza y la Guerra Civil, según esta idea, había servido para derrotarlo. Salvo excepciones, era lo que los militares seguían creyendo.

 

Una de las imágenes más recordadas de Carrillo, si no la que más, es la del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Cuando el teniente coronel Antonio Tejero y sus hombres irrumpieron a tiros en el Congreso al grito de “¡Se sienten, coño!”, Carrillo, sosegado y con un cigarrillo en la mano, fue el único de los diputados que, junto a Suárez, desafió a los golpistas de pie.

 

“Yo sabía que si querían matar a alguien, yo sería el primero. Así que no tenía sentido esconderme debajo de mi banco”, relató después con la socarronería que lo caracterizó durante su vida.”Siempre he pensado que en realidad hice lo que hecho toda la vida: estar en mi sitio”, dijo en otra ocasión, ya serio.

 

Pero no todos los episodios de su vida proyectan luces. También hay una gran sombra. Como jefe de facto de la policía en Madrid, en 1936, al inicio de la Guerra Civil, ordenó el traslado a Valencia de cientos de oficiales y soldados franquistas que habían caído en manos republicanas. Estos fueron masacrados a la altura de Paracuellos del Jarama por milicianos, en una de las peores matanzas de la contienda.

 

La derecha siempre lo acusó de haber sido el responsable de la masacre y él siempre lo negó. “Pienso que si alguna responsabilidad tuve yo en aquello fue la de no tener capacidad para controlar y castigar a los responsables. La verdad es que no teníamos fuerzas con moral suficiente y ganas para defenderles”, admitió en una ocasión.

 

El ocaso político de Carrillo comenzó con las primeras elecciones democráticas en España, en junio de 1977. El PCE sólo obtuvo el 9,4 por ciento de los votos. Y 1982, el año de la victoria del PSOE de Felipe González, marcó el ocaso definitivo de los comunistas, que apenas lograron un 3,9 por ciento y cuatro escaños. Carrillo dimitió. El golpe final lo recibió en 1985, cuando fue expulsado de su propio partido.

 

Pero él, siempre agarrado a su puro y con sus características gafas, se mantuvo lúcido y se convirtió en un analista de la actualidad española, autor de libros y conferenciante de altura.

18 de septiembre de 2012.

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