No, no son capaces

Por Cristina de la Torre  

No vengan los empresarios con lamentos.  La pataleta que protagonizaron por un ajuste franciscano en impuestos desnuda el alcance de su “soy capaz”: autobombo con una campaña publicitaria que convoca reconciliación, pero nada que comprometa su más grosero interés inmediato. Su aporte a la construcción de la paz se contrae a la promesa de enganchar en su firma a algún desmovilizado.