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Participación en política de los jefes de la guerrilla

Por Carlos Gaviria Díaz  

Uno de los temas que más discusión ha generado entre los que discuten el Gobierno y las Farc en la mesa de negociaciones de La Habana es el de la participación en política de los jefes guerrilleros -tras una eventual firma del fin del conflicto-, punto sobre el que ya hay acuerdos parciales,

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Por Carlos Gaviria Díaz  

Uno de los temas que más discusión ha generado entre los que discuten el Gobierno y las Farc en la mesa de negociaciones de La Habana es el de la participación en política de los jefes guerrilleros -tras una eventual firma del fin del conflicto-, punto sobre el que ya hay acuerdos parciales, sin embargo la discusión está abierta.

Sería una situación paradójica y negativa a mi juicio, que quienes han tenido la calidad de jefes en la guerra, no pudieran tomar parte activa en la política, una vez desmovilizados, desarmados e incorporados a la vida civil.

No soy conocedor de la vida interna de la guerrilla, pero supongo que quienes han dirigido la guerra han ejercido a la vez la función de establecer su orientación ideológica. Son los primeros llamados a exponer con claridad qué era lo que buscaban por medio de las armas y qué es lo que se proponen buscar por la vía del debate político y democrático.

No ignoro que surgen dificultades generadas por los cargos que puedan imputárseles, relacionados con delitos no indultables ni amnistiables que podrían inhabilitarlos para participar en política.

Pero es ese el punto neurálgico del proceso en el que es preciso hacer esfuerzos grandes e imaginativos entre la justicia transicional y la restaurativa, porque ni la Constitución Política (que fue expedida en función de ese propósito) ni el Tratado de Roma, ni la comunidad internacional pueden convertirse en un obstáculo para que Colombia alcance un bien, como la paz, presupuesto esencial para que sea un Estado viable. El otro obstáculo es la opinión pública que, en amplios sectores, es reacia a aceptar como meros contradictores a los que hasta antes del acuerdo eran sus enemigos. Porque una de las fallas más notables del proceso ha consistido en no haber sido acompañado de una intensa campaña pedagógica, pues en el mismo alto gobierno hay quienes han jugado un nocivo papel de quintacolumnistas, entorpecedores del acuerdo.

El Tiempo, Bogotá, 4 de diciembre de 2013.

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