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Paz express

Por Roberto Elías Salcedo Martínez  

 
 La Presidencia de la República con su lema “Prosperidad para todos” ha podido formular ante el Congreso sus  locomotoras, en teoría, por supuesto se le nota las preocupaciones de administrar el Estado con principios de buen gobierno. Lo decimos así porque el papel  aguanta todo.

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Por Roberto Elías Salcedo Martínez  

 
 La Presidencia de la República con su lema “Prosperidad para todos” ha podido formular ante el Congreso sus  locomotoras, en teoría, por supuesto se le nota las preocupaciones de administrar el Estado con principios de buen gobierno. Lo decimos así porque el papel  aguanta todo.

Sí, por los postulados nítidos que leemos pasando desde la misma Constitución, por las leyes miles que existen, cada una para cada sector y demás arandelas técnicas jurídicas que se tienen. Sin embargo, a estas alturas del paseo, dicha propulsoras siguen parqueadas, antes les decíamos letra muerta, en la actualidad es mejor catalogarlas sin rieles ni rumbo. Ahora se presenta un súper tren, como es el de la negociación para poner fin al conflicto interno, desarrollándose en La Habana, al cual se le quiere meter acelerador, tratando de darle a cada avance cronológico resultados de desmovilización. Sorprende el juicio de los negociadores de la guerrilla, bastantes aplomados y proactivos, sobre todo en la declaración unilateral del cese al fuego y hostilidades en este período navideño, con liberación de los ciudadanos chinos amén de ser receptivos con las Mesas de Paz del Congreso Colombiano.      

 
Pueda ser que la aparecida locomotora de la paz, no sea como el tal tren ligero bogotano,  que ni el alcalde ni el presidente ni la consejera saben cuánto cuesta y mucho menos por donde pasaría. Pero si saben distraer a la comunidad echándole discursos al tema de la recolección de desechos, eje ambiental y ciudad cicla porque el humano no sólo en la capital sino en todo el territorio nacional anda  grave. Pero el asalariado competitivo sí que anda peor, es quien asume la crisis social socorriendo a los padres, hermanos desempleados, parientes varaos, limosnas callejeras e iglesia. Además pagando morosidad en todo, cuotas del auto, casa, estudios, sobre giros, extorciones financieras y de las que sabemos, de tal manera, que hoy recibe su mesada y en fracciones de segundo se desaparece. Quedándose mondado. Aunque el ministro de hacienda piensa lo contrario porque la reforma tributaria se le metió al bolsillo de la gente, haciéndoles creer que son de clase media y swap a pagar impuesto. Miren, aquí el que gana un billetico de sueldo se gasta el doble y hasta más. Vive loco, es odioso de veras tener un salario en Colombia, lo insólito es que a pesar de ligar a todo el alrededor, es catalogado un gran tacaño, porque a ninguno se le puede ayudar con lo que realmente necesita. Vea ministro.

 
Excusas, que sólo están sacándoles la plata a los ricos. Si esa especie en Colombia es apenas de cuatro dinastías privilegiadas de la contratación gubernamental. Que la base tributaria en otros países es inversa a la nacional, que el ochenta por ciento de las personas allá pagan  impuesto mientras que en el país solamente lo hacen el 20%. Nos gustaría saber el nivel de los indicadores en los países de la OECD en estadísticas concretas de malabaristas en los semáforos, artistas en las busetas e indigentes. La verdad que la paz que piensan encontrar con la guerrilla ni la van a encontrar a la vuelta de la esquina mucho menos con medidas indolentes que aumentan la crisis social. Porque Fedesarrollo o el Instituto de Ciencias Políticas, o Anif o el mismo Portafolio no salen a la calle, pero no con sus selectas y confusas encuestas, sino con camuflados de andariegos callejeros, auténticos vagabundos y después de seis meses nos cuenten para qué sirve un par de moneditas y lo duro que es conseguirlas. Uno solo piensa que el rasponazo estatal al presupuesto individual va a terminar como termina el erario en el fortalecimiento de la corrupción. Principal causa sin duda de la violencia nacional, de este conflicto interno armado, en donde los laboriosos llevan la cruel parte.  

 
Lo que más bien debieran decirnos los gobernantes indolentes es en que gastan sus sueldos, porque no tributan el cincuenta por ciento al Estado que los protege. Por qué no se manifiestan en defender la riqueza nacional, nuestros recursos naturales renovables y no renovables, los límites territoriales, marítimos y del espacio que cada día entregan como también los dejan perder. Por qué no hacen reposición de sus ineptas labores o porque no se ejecuta inversión social directa sin tanta retórica insulsa e ineficaz. Hoy podríamos saber por ejemplo cuanto ha costado la defensa ineficiente ante Corte Internacional de Justicia de la Haya, todos los años inanes de litigios, los responsables de dicha perdida e incluso la puesta en escena de la renuncia de la canciller como un punto de partida de la reparación. En un país decente, esa niña no seguiría con tanto sarcasmo ocupando dicho cargo. Es hora de que el legislativo haga un debate serio de semejante descalabro en vez de refrendar medidas impopulares como la impertinente reforma tributaria y las varadas locomotoras.

 
Aclamamos el silencio de los fusiles y el ocaso de la guerra fratricida, sabemos que es un paso lento pero indispensable para la reconciliación nacional, que tenemos que acudir a la manifestación ciudadana para que aporten soluciones desde las entrañas de las localidades, se trata de reunir propuestas que surjan desde el mismo sufrimiento que es sobrevivir en una nación en donde la corrupción ha alimentado el odio a lo político, la incredulidad a la gestión pública y hasta los problemas intrafamiliares, porque desde el lenguaje y gestos de las autoridades se reproduce la indolencia, el abuso, la manipulación y el desacato. Que tal, el Estado de Derecho, impoluto, legalista y justiciero clama por la unidad de la trampa, por la cohesión de los asociados para pretender huir de los pactos internacionales, pero sobre todo de la palabra empeñada, de esa asegurada por presidentes a cumplir sea cual fuera dicha suerte. Obvio palabras que se la lleva el viento pero que queda grabada en la Nación,  para enseñarnos malas costumbres, a la postre se vuelve procedimiento corriente y sonante en el barrio.              

 
Por el momento una propuesta que hemos sostenido en otras columnas queremos reafirmarla aquí, pero antes necesitamos con urgencia que la agenda oculta de los diálogos con la insurgencia resuelva el costo de la desmovilización. Permitiendo el retorno de dichos milicianos a la vida pública. Aditivo a lo anterior convocar una Asamblea Nacional Constituyente, que supere las expectativas de la del 91, en términos de expedir una nueva Carta Política Nacional y no menos de 10 Leyes Marcos, blindadas por dos décadas, o sea, intocables, que sólo se puedan desarrollar en el ejecutivo como metas inmediatas y en el legislativo en su complementación, para nada derogar, ni el anhelo del constituyente primario y mucho menos los postulados redactados como senderos de una Paz estable y duradera. En función de esta propuesta, el pacto que debe propiciar el gobierno para convocar la nueva Constituyente, puede estar en el marco de la inhabilidad de participar los actores del conflicto como los dirigentes políticos y gobernantes que en los últimos diez años han participado en el Estado de Colombia. Entiéndase  en dicha postulación a elección sólo deben participar nuevas personas e igual tanto la Nueva Carta Magna como las Leyes solo puede ser derogada a través de una nueva constituyente.

robertosalcedomtz@live.com

Bogotá D.C. 5 de Diciembre  2012.

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