Perfil de un estadista nítido…

Por Omar Ospina García   

Cuando la caída del Muro de Berlín, los EE UU y Europa dieron por sentado que ya tenían puertas abiertas más allá del Danubio e incluso de los Urales, para extender hacia el Este el imperialismo rugiente del primero y el oxidado de los segundos, e ir cercando al Dragón chino con el apoyo del otro ex Imperio, el del Sol Naciente. El mismo de Hiroshima y Nagasaki… y de Fukushima.  

Así pareció durante algunos años, cuando el buen sentido, pausado pero seguro, de Gorbachov, fue despreciado por Occidente, que impuso la occidentalización, desmembración y balcanización inmediata de la Unión Soviética para intentar llevar sus marines y su Democraci(t)a al Oriente Medio primero, y luego a las ex repúblicas soviéticas.