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Reflexiones del pueblo Rrom en el marco de la Conferencia Ideológica Nacional del PDA – Bogotá, julio 27 al 29 de 2012

Los momentos por los que atraviesa el país no son los mejores. Desde luego, para los sectores subalternos que componemos el mosaico de pueblos y culturas de esta sociedad la situación no puede ser peor, sobre todo porque vemos que contra los grupos étnicos: pueblos indígenas, Rrom, Raizal, y Afro o Negro, que existen y conforman la nación, el Estado actúa con un cuadro disociativo agudo desde el punto de vista de lo político. Es decir, que por un lado actúa como el doctor Jeckiyll y por el otro como Mister Hyde.

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Los momentos por los que atraviesa el país no son los mejores. Desde luego, para los sectores subalternos que componemos el mosaico de pueblos y culturas de esta sociedad la situación no puede ser peor, sobre todo porque vemos que contra los grupos étnicos: pueblos indígenas, Rrom, Raizal, y Afro o Negro, que existen y conforman la nación, el Estado actúa con un cuadro disociativo agudo desde el punto de vista de lo político. Es decir, que por un lado actúa como el doctor Jeckiyll y por el otro como Mister Hyde.

Como el doctor Jeckyll actúa cuando reconoce una dilatada multiculturalidad que termina siendo objeto de alabanza y reconocimiento fuera del territorio colombiano. Y, de hecho, difícilmente se podría encontrar en América Latina un país que haya garantizado más derechos a los grupos étnicos que Colombia. En este país los indígenas reciben ingresos del Sistema General de Participaciones de la nación, tienen acceso a regalías, hay programas especiales de acceso a la universidad, ha definido una ley de lenguas nativas, reconoce a los indígenas la jurisdicción especial, ha titulado millones de hectáreas de tierra a las comunidades negras, ha reconocido el día de la afro-colombianiedad, e incluso nos ha reconocido a los Rrom el día 8 de abril como el día del pueblo Rrom en Colombia, amen de un fragmentario e incompleto acceso a la salud.

Como Mister Hyde, en cambio actúa el Estado, que duda cabe, cuando es incapaz de darle cumplimiento al precepto constitucional que lo convierte en garante y protector de la diversidad étnica y cultural del país. El Estado incumple esta norma cuando por acción u omisión tolera el desplazamiento de indígenas, afro o negros y campesinos de sus territorios, o cuando tolera que los ejércitos de restitución de tierra asesinen inmisericordemente a afros o negros y campesinos que reclaman una tierra que les había sido usurpada de modo violenta. ¿Estos señores que hoy se declaran en guerra contra los/as campesinos/as que aspiran a recibir la tierra usurpada no nos habían dicho acaso que se habían desmovilizado? Desde luego, esta desmovilización no fue otra cosa que una de las tantas mentiras que el señor de los caballos y su psiquiatra estrella le vendió al país con total impunidad. Un paréntesis a título de sorna.

Quizá en la lejanía el afamado psiquiatra encuentre en Freud, Lacan u otro una explicación a su caída en desgracia. Es posible. Por el momento, sólo el señor de los caballos parece ser el único mortal que probablemente sepa su paradero. A lo mejor y como Ulises pensará regresar a Colombia cuando un gobierno salido del Puro y Cerrero Uribismo vuelva al poder, entonces regresará a desmovilizar de nuevo a todos los Biofilos posibles, aceptará de manera libre y voluntaria desmovilizar a los mismos paramilitares que dijo que había desmovilizado, en fin, haría lo mismo que un día hizo.

Y, prosigo, Incumple también el Estado el derecho de garantizar la diversidad étnica y cultural cuando abre sin ningún recato las puertas del país para que voraces multinacionales que persiguen recursos energéticos de carácter estratégicos desarrollen sus proyectos ecocidas, los cuales ya sabemos se desarrollan en territorios habitados por indígenas y poblaciones afrodescendientes.

También el Estado opera como Mister Hyde cuando actúa como espectador ante el más brutal abandono de que son víctimas indígenas, afrodescendientes, Raizales, y los mismos Rrom, pues debemos recordar que en este momento en Colombia cientos de niños/as indígenas, Raizales y afrodescendientes están muriendo literalmente de pura y física hambre, lo que nos dice que la línea de la etnicidad coincide con la línea de la pobreza. Frente a este drama ningún partido político de este país podría aducir indiferencia alguna y sin embargo vemos que la diversidad que tanto se dice promover no es más que un régimen discursivo que entraña una zafia y vulgar manera de dejar hacer y dejar pasar.

Efectivamente, son niños/as indígenas y negros/as los que mueren, eso nos dice que ellos/as hacen parte de la población prescindible, y, por tanto, habitan en la línea del no ser, esa de la que con mucha enjundia hablara en su día Frank Fanon. Frente a esa indignidad hay que insubordinarse social, política, ética y moralmente hablando. Esta es una realidad axiomática, pues no requiere demostración alguna. No es posible que un país como Colombia, con tierras fértiles hoy importe alimento como lo hace y del modo en que lo hace.

No es posible que este país siga siendo un país de plutócratas y que el Estado sólo sirva para garantizar un creciente militarismo y para otorgar regímenes de privilegio para que aquel que tiene inmensas fortunas siga en su particular acumulación originaria de capitales alimentando su íntima riqueza. Mientras tanto, sin duda, la gran mayoría de la población vive en los márgenes del sistema víctima de la desprotección en salud, sin educación y dejado a la suerte del desempleo o del empleo precario.

Mientras los pudientes de este país concentran la riqueza y la tierra en pocas manos, el empobrecimiento de la población se extiende como una larga mancha de aceite sobre un mar de miserias, lo cual es el resultado de la formulación de un conjunto de políticas que no hacen otra cosa sino democratizar el sufrimiento, la exclusión y la marginalidad. Esas políticas que hacen fagocitar el empobrecimiento complejo y acelerado de millones de colombianos/as esta en clara sintonía con la aplicación de medidas económicas que han hecho del mercado una suerte de teología y de sus aplicadores una corte de catecúmenos.

Para estos sólo existe la flexibilización laboral, eufemismo con el que se pretende hacer del trabajador del siglo XXI el nuevo siervo de esta barbarie civilizada en lo que se ha convertido el actual sistema. Ya era bárbaro hay que subrayar. Otra palabreja que también suelen usar estos catecúmenos es el de control del gasto público, lo que resulta curioso porque se suele reducir la inversión pública pero el Estado siempre está presto a inyectar dinero público al sector privado en aras de salvar al sistema. Así sucedió con el 3 y 4 por mil a la hora de salvar a la banca y no dudamos que lo haga para salvar al corrupto sistema de seguridad social en salud. ¿Cómo es posible que mientras el derecho a una atención en salud se debe pelear en un estrado judicial a una EPS, ARS o su equivalencia funcional, el Estado esté dispuesto a crear un fondo que salve a estas inescrupulosas tramitadoras y negociadoras de la muerte?

Y mientras el Estado democratiza la violencia y el empobrecimiento, en esa misma medida reduce impuestos a las grandes rentas, sobre todo bajo la torticera creencia que a los ricos hay que librarlos del pago de impuestos para que puedan crear más empleo. Y ya no hablemos de la condescendencia que el Estado ha mostrado frente a las riquezas del narco-paramilitarismo: el fondo de reparación de víctimas es un claro ejemplo de ello. Y frente a todo esto autorizados voceros del gobierno hablan de una desesperanza aprendida y un pretendido fin de la historia a la colombiana, lo que sugiere que fuera de la corrupta dirigencia política que acompaña a Santos o a quien quiera hacer sus veces en lo sucesivo, no hay alternativas

¿Qué alternativa puede ser el grueso de los dirigentes políticos que fungen como congresistas? ¿No hemos visto acaso el último esperpento en donde gobierno y congreso urdieron una singular felonía al aprobar la reforma a la justicia?. Esta dirigencia es tan cínica que ha votado como presidente a la Cámara a quien voto la aprobación de la reforma y nombró como presidente de la Comisión Primera a uno de los conciliadores de la reforma en mención.

Por otro lado, la salud, como el agua, la vivienda y la educación deben ser servicios públicos que deben ser garantizados por el Estado. Un partido político serio y con ilusiones de ser una alternativa real de poder y un poder real para poder transformar la vida marchita de millones de colombianos/as diferentes y diversos, debe saber que una salud digna y universal en servicio y atención es una necesidad inaplazable, urgente

Todo lo aquí dicho es una demostración que el constitucionalismo multicultural de orden neoliberal que hoy impera en el país se hace necesario desenmascararlo. Y se hace necesario hacer ese ejercicio político y ético, pues con las mismas ganas e intensidad con las que el Estado formula una ley de reconocimiento y protección de un derecho para un grupo étnico en concreto, con esa misma intensidad y pasión por defender los intereses de los grupos corporativos, internos o externos, crea leyes que de una manera u otra terminan por afectar a los grupos diferentes y diferenciados que existimos en este país.

La incredulidad del Estado no puede ser mayor. El pueblo Nasa hastiado de la violencia y de vivirla en sus cuerpos han dicho basta a quien han hecho de su territorio un campo de guerra. A las FARC le han dicho que están cansados/as de su comportamiento atrabiliario y de que actúen más como guerrilleros y menos como antropólogos, sobre todo porque por información pública parece ser que este grupo insurgente es de los que más etnógrafos tiene en sus filas.

La crisis en el Cauca lo que pone en evidencia es que en esa como en otras partes del país hay problemas centenarios y de orden colonial incluso que la república no ha podido resolver ni con la violencia partidista, ni con la violencia guerrillera, ni con la constituyente y tampoco con la seguridad democrática. El Estado hasta hoy ha sido incapaz de garantizar la seguridad a los indígenas, y mal podría ser éste Estado perpetrador y agenciante del desorden como instrumento político, garante de la vida de las poblaciones indígenas.

Tampoco ha sido garante de la vida de los jóvenes que fueron asesinados por los militares a través de los falsos positivos. Y tampoco fue garante de la vida y del respeto a la propiedad de los pequeños propietarios cuando las hordas criminales de Castaño y Mancuso expropiaban a esos pequeños propietarios. Tampoco el Estado fue capaz de evitar que el elector fuera constreñido mientras el paramilitarismo se apropiaba de las instituciones. Causa grima que los medios hablen de las lágrimas de un suboficial del ejército sacado de los territorios indígenas en el Cauca, y sin embargo no hablen de las lágrima derramadas por los familiares de los indígenas asesinados a manos de ese “glorioso ejército”.

Esto no es de extrañar, en Colombia el Estado y un gran sector de los medios cada vez más en manos del poder financiero y empresarial tiene gradiantes distintos para medir el sufrimiento y el dolor de las víctimas. Los medios resaltan el patriotismo del suboficial y sin embargo callan impunemente frente al drama de los cientos de muertos que en la república han puesto los Nasas. Y no contento con esto intoxican el Estado y los medios cuando dicen que las marchas han estado infiltradas por las FARC.

Hoy por hoy somos la única oposición real que tiene el presidente Juan Manuel Santos. Ya sabemos que lo que propone el Centro y Puro Democrático de Uribe, que en esencia no es ni centro, ni puro, ni democrático, sino la representación de una horda aparentemente civilizada, no es y no puede ser una verdadera alternativa de poder al régimen. Somos/as nosotros/as los/as que debemos trabajar para cambiar el vector de lo realmente existente. Y para cambiarlo debemos enviar un mensaje claro y contundente a la sociedad: somos un partido que apuesta por hacer las cosas diferentes y que hemos aprendido la lección de lo sucedido. Si queremos ser alternativa de poder debemos ser congruentes con una filosofía y una práctica política.

Flaco favor le hacemos a quienes aspiran a que exista un cambio en el país si nos convertimos en su frustración. El país debe saber distinguir entre una opción moral y éticamente posible y viable de la que no lo es. Dicho esto, nuestro pasado más inmediato debe ser asumido con todas las implicaciones que ello tiene. Nos hemos equivocado y hay quienes fueron inferiores a sus retos y obligaciones. En este foro nos hacemos presente una vez más con el espíritu de Alquimista, como Melquiades en Cien años de Soledad, pues creemos que para hacer un hermoso pescadito de oro se requiere del mismo ingenio y la misma paciencia que el que demanda construir un proyecto político creíble hacía adentro y hacia afuera.

Finalmente, en política no todo vale y como no todo vale, yo sigo aquí porque creo en este proyecto y también en una sociedad en donde mi pueblo deje de ser el pueblo más invisible entre los invisibles y en la que podamos decir que, efectivamente, nos sentimos dichosas/os de ser Rrom y también colombianos/as sin el temor a que se nos discrimine y excluya por ello. Si estamos aquí es porque creemos que este Partido es y podría ser una alternativa para muchos/as. Y también porque podría ser un espacio político desde donde luchar para vencer la asimetría que hoy nos caracteriza en materia de reconocimiento de derechos frente al resto de grupos etno-culturales que existen en el país.

Y frente a esto último habría que decir y con sentido crítico y autocrítico, como otro de los grupos étnicos que viven en Colombia, nuestras justas e inaplazables demandas no deben seguir siendo postergadas. Causa perplejidad que en dos administraciones que tuvo el Polo Democrático Alternativo en Bogotá no fue posible garantizar en términos de la implementación de una política para garantizar los más elementales derechos. Sólo cuando nuestra compañera Clara López se tomó en la tarea de impulsar el Decreto 582 de 2011 como marco de formulación de la política y de otros sectores. Y esta crítica la hago no como miembro del pueblo Rrom sino como parte integrante de la sociedad colombiana ¿Me pregunto como puede pasar esto? Esto es interesante tenerlo en cuenta porque nosotros queremos seguir apostando por una propuesta política en la que contemos con una ciudadanía cívica en claro diálogo con la ciudadanía diferenciada. Dicho en otras palabras: nuestra apuesta es porque el principio de la igualdad no riña con el principio de la diferencia. Ser iguales y diferentes es nuestra apuesta y es algo que está en el horizonte de lo posible y lo deseable.

Y, en términos de este Partido exigimos que dentro de los estatutos quede claro que somos otro sector que requiere ser visibilizado para lo cual necesitamos tener dentro de las estructuras del Polo, voz y voto en todas las instancias del partido; y no lo que esta sucediendo en donde estamos como siameses en el CEN con residentes en el exterior. Creemos que la participación debe ser de puertas abiertas para poder construir desde todas las instancias.

Finalmente, quiero hacerle una pregunta a todos y todas miembros de este partido ¿Cuál es la apuesta del PDA?


Zingarina Bronislawa Wajs

Residente en el exterior

Julio 27 de 2012.

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