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Reflexiones para un balance

Por Eudoro Álvarez  

Al término del primer año de gobierno en el Meta y en Villavicencio, podemos señalar con un breve cotejo las dos administraciones: sin pena ni gloria y ni fu ni fa.

En los medios económicos especializados, nacionales y extranjeros, se alaba el desempeño económico regional.

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Por Eudoro Álvarez  

Al término del primer año de gobierno en el Meta y en Villavicencio, podemos señalar con un breve cotejo las dos administraciones: sin pena ni gloria y ni fu ni fa.

En los medios económicos especializados, nacionales y extranjeros, se alaba el desempeño económico regional. Las cifras dicen que el PIB regional per cápita, es casi tres veces el de toda la nación; el índice de crecimiento anual es incluso superior al de China popular. El presidente de la república, gozoso anunció que se había logrado la meta del millón de barriles de petróleo extraído principalmente del Meta. Todo indicaría que nos hallamos ante una brillante perspectiva.

El estrellón de tanta dicha es la cruda realidad. El “boom” petrolero, tenemos que leerlo como ocurrió a la zorra de la fábula: las uvas están verdes; sus frutos no han estado a nuestro alcance. El modelo extractivista y de entrega al capital trasnacional conducirá a que a los regionales nos toquen los huesos, mientras a los foráneos corresponde la pulpa.

Desde el gobierno nacional se continúa promoviendo la extranjerización de la tierra en Colombia y ello ocurre en nuestras  narices, sin que la dirigencia regional se mosquee. El gran debate ha tenido que darse desde fuera de la región y por fuerzas políticas que no comulgan con el régimen.

Frenado el plan de entrega de las tierras de la Orinoquia, plasmado en el plan de desarrollo presidencial, remozan esa política en la propuesta de la nueva ley de  desarrollo agrario, a través del  llamado Derecho real de superficie, que es la renovación del plan de extranjerización y entrega elitista de tierras de la enorme frontera agrícola que tenemos en los llanos, con una nueva modalidad: es el “mismo perro con distinta guasca”. Mientras tanto la producción rural agoniza, la restitución camina a paso de tortuga y las víctimas las conminan a esperar.

La doble calzada, presentada como el “logro”, repite la modalidad que tiene tan feliz al dueño de Coviandes. Se reitera la historia: construimos la infraestructura para que salgan  los productos de la bonanza del gran capital, con altísimos peajes pagados por los usuarios de la vía y además se decide que la erijan los mismos que han hecho crecer sus balances sobre la base del gran negocio de la privatización para su construcción y operación.

Mientras tanto la inseguridad en Villavicencio da miedo y la pobreza en la región es igual o peor que en el resto del país. Esos son los hechos para un balance de gobierno.

eudoroalvarez@gmail.com

16 de enero de 2013.

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