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REUNIFICAR LA IZQUIERDA Y FORTALECER LA OPOSICIÓN

Por Alberto Téllez Iregui

Durante los últimos diez años, en Colombia hemos vivido una serie de condiciones objetivas favorables para la transformación social y política que se requiere en los actuales momentos de crisis que vive la humanidad y para la oposición, la democracia y la izquierda en su lucha por disputarle el poder y el gobierno a un régimen caracterizado por su actitud guerrerista y por su abyección incondicional a las estrategias neoliberales económicas, políticas y culturales de las elites imperiales que representan los intereses de las grandes multinacionales.

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Por Alberto Téllez Iregui

Durante los últimos diez años, en Colombia hemos vivido una serie de condiciones objetivas favorables para la transformación social y política que se requiere en los actuales momentos de crisis que vive la humanidad y para la oposición, la democracia y la izquierda en su lucha por disputarle el poder y el gobierno a un régimen caracterizado por su actitud guerrerista y por su abyección incondicional a las estrategias neoliberales económicas, políticas y culturales de las elites imperiales que representan los intereses de las grandes multinacionales.

Algunas de esas condiciones objetivas están relacionadas con la crisis mundial del capitalismo; el ascenso democrático de América Latina; el desgaste de la guerra interna y la necesidad de una solución política negociada; la dinámica del movimiento social que, a pesar de su coyunturalismo y dispersión, resiste y lucha enfrentando los efectos de las políticas neoliberales; el proyecto empresarial exportador soportado en la minería y la agroindustria que ha impuesto el régimen en las últimas dos décadas principalmente, en estrecha alianza con los núcleos políticos neoconservadores y los gobiernos norteamericanos que pretenden convertir a Colombia en la “cabeza de playa” de la política de confrontación con los gobiernos progresistas latinoamericanos; las contradicciones agudas al interior del régimen en su disputa por la hegemonía política; el surgimiento a mediados de los años 2000 del Polo Democrático Alternativo como el proyecto articulador de la oposición y la izquierda en Colombia y su ulterior desgaste político; y la necesidad, ante el debilitamiento del Polo Democrático Alternativo y la nueva dispersión de la izquierda, de su reagrupamiento en un Frente que le permita liderar y conducir hacia la radicalización de la democracia, un amplio bloque de oposición que enfrente en las elecciones del 2014 las dos variantes que se expresan al interior de la “Unidad Nacional”.

La crisis mundial del capitalismo

El capitalismo, en su fase de globalización neoliberal de los últimos 25 años, vive la decadencia histórica de sus formas de acumulación y agudiza tantas contradicciones económicas, sociales, ambientales y políticas en el mundo, que no le queda otra opción que recurrir a la intensificación de la guerra para intentar superarlas y para no perder la hegemonía en el mundo por el control de los recursos naturales y por imponer sus políticas.

Nos enfrentamos en el planeta a una crisis económica, social, energética y ambiental que amenaza la supervivencia de la especie humana. La mercantilización de la vida y la naturaleza en función de la ganancia empresarial y de los intereses del capital financiero y especulativo, así como la concentración de la riqueza en una reducida élite mundial, mientras millones de hombres y mujeres se enfrentan al hambre y la miseria, profundizan la crisis civilizatoria. Frente a la crisis se imponen las recetas económicas tradicionales y hasta en los países de Europa, como España, Portugal y Grecia que disfrutaban del Estado Social de Derecho, se pretende hacer pagar a los trabajadores y los pueblos el costo de la crisis, cercenando las conquistas alcanzadas con su movilización y organización.

La guerra por el control sobre los recursos naturales estratégicos y como salida a la crisis se ha vuelto la prioridad del imperialismo, para imponer las condiciones de la libre empresa y los mercados en el norte de África, Medio Oriente, Asia y en América Latina. Inicialmente adelantando campañas de invasión, como en Afganistán e Irak; posteriormente, ante los fracasos militares y los costos políticos y económicos de esas acciones, promoviendo conflictos internos, armando oposiciones con mercenarios y valiéndose de aparatos militares multilaterales como la OTAN, intervinieron y destruyeron Libia e intentaron aplicar la misma receta en Siria, sin mayores resultados por la decidida acción del pueblo y el gobierno sirio, pero sobre todo por la presión internacional y la posición asumida por China, Rusia e Irán.

Sin embargo, la resistencia obrera y popular continua: la movilización política y social en Europa e incluso en EEUU de los “indignados” y el fortalecimiento de los partidos y frentes de izquierda en Grecia, Francia y España; las luchas de resistencia en Medio Oriente del pueblo palestino y árabe en general; la acción popular contribuye a frenar la invasión en Siria y el pueblo iraní no renuncia a su soberanía a pesar de las amenazas imperialistas; la desobediencia internacional de los gobiernos alternativos de América Latina a los designios imperiales, que se manifestó en la pasada Cumbre de las Américas y la reciente asamblea de la OEA en Cochabamba, con los cuestionamientos a las políticas imperiales excluyentes contra el pueblo cubano, con el respaldo a la recuperación para el pueblo argentino de las Malvinas, y con la posición asumida por los gobiernos de Venezuela y Ecuador frente a los señalamientos imperialistas contra esos gobiernos; las recientes acciones de soberanía nacional por la recuperación del control de empresas estratégicas de energía, el caso de Argentina y Bolivia; y la permanente movilización y organización de los trabajadores y los pueblos latinoamericanos, son acontecimientos que señalan que la lucha por las transformaciones sociales, económicas, políticas y ambientales están al orden del día.

Para los socialistas esta crisis del capitalismo en su fase neoliberal resulta irreversible, porque polariza de tal manera la sociedad y exacerba sus contradicciones económicas, sociales y políticas, que no le queda otra forma diferente a la combinación de las formas de lucha, utilizando la violencia como recurso principal para controlarlas; por lo tanto, los hechos políticos y sociales de resistencia, las luchas por la democracia, conducen indefectiblemente a la búsqueda y construcción de un orden social alternativo que reemplace al capitalismo.

En esta etapa de la globalización neoliberal las luchas democráticas se convierten en luchas contra el capital, en la medida en que los derechos fundamentales del ser humano: educación, salud, vivienda, seguridad social, servicios públicos, recreación, medio ambiente, comunicación, movilidad, agua, etc., han entrado en la órbita del mercado y constituyen elementos estructurales de la acumulación, que al reversarlos afectan la esencia misma del sistema. Así pierden piso ideológico y político las estrategias reformistas que terminan convertidas en colchones de amortiguación del neoliberalismo.

El ascenso democrático en América Latina

Frente a la crisis social y política desencadenada por la globalización neoliberal, en América Latina las luchas de resistencia empujaron en la última década el surgimiento y generalización de gobiernos de perfil nacionalista y antiimperialista, con variados contenidos progresistas, democráticos, revolucionarios y hasta socialistas.

Colombia, por su condición geoestratégica y por la ductilidad de su dirigencia, ha sido convertida en una plataforma para implementar en América Latina la estrategia imperial de aplastamiento de la resistencia democrática. En esto no podemos equivocarnos, las formas de acción y las necesidades coyunturales de los gobiernos y los empresarios son diferentes, pero su estrategia es la misma, es la de las elites imperiales en su esfuerzo para contener por diferentes formas y procedimientos el proceso democrático que se vive en América Latina.

En Colombia, el proyecto empresarial, extractivista, agrominero exportador de la confianza inversionista, la seguridad democrática y la mal llamada “inclusión social”, sigue en ejecución bajo el lema de la “prosperidad para todos”. Los cacareos reformistas y seudo populistas de la redistribución de la propiedad sobre la tierra, la reparación de las víctimas, el reconocimiento del conflicto interno y, recientemente, el “regalo” de 100.000 viviendas y los impuestos a los ricos para hacerlos “chillar”, son “paños de agua tibia”, mientras continua la ejecución del proyecto con sus “locomotoras”, en estrecha alianza con el capital y las empresas multinacionales, reforzado con la aprobación y puesta en marcha del TLC con EEUU. De otra parte, la guerra y la criminalización de la protesta también siguen su curso. El asesinato de líderes sociales (22 mujeres y hombres líderes luchadores por la restitución de las tierras asesinados en el primer semestre de 2012) y dirigentes sindicales se mantiene. El paramilitarismo, hoy convertido en bandas criminales, sigue controlando territorios y frente a la insurgencia la única propuesta es la paz de los sepulcros y la rendición incondicional, desconociendo los llamados de sectores de la población que en medio de la guerra claman por una solución política negociada al conflicto que vive el país.

Pero también la resistencia de los trabajadores y el pueblo continúan de manera creciente. La emergencia del movimiento estudiantil en torno a la MANE y por la reivindicación de una educación superior pública, abierta y democrática a la cual pueda acceder la juventud colombiana; la movilización social y política en torno a la Minga; el Congreso de los Pueblos; el Movimiento de las Víctimas de la Guerra y la Marcha Patriótica, reivindican el reconocimiento y respeto a los territorios y a los valores culturales campesinos, de los pueblos afros e indígenas amenazados por los macro proyectos, la explotación minera y la guerra; las luchas de los trabajadores contra el recorte sistemático de logros en materia de seguridad social y la imposición de la sostenibilidad fiscal, son la expresión de la voluntad del pueblo colombiano de enfrentar y superar, en coordinación con los movimientos populares de América Latina y el mundo, el proyecto político empresarial de la élite nacional.

Colombia tiene acumulada la experiencia de innumerables luchas y movimientos democráticos en los últimos cincuenta años y en la actualidad el país muestra una gama amplia de movimientos y partidos, nacionales y regionales, que expresan que también en Colombia, como ocurre en el resto de América Latina, está surgiendo un movimiento plural, popular y democrático que expresa las múltiples resistencias al capitalismo en profunda crisis y a un régimen político que no amplía sino que restringe la democracia política y se aleja cada vez más de la democracia social.

El triunfo del Polo Democrático Independiente en la alcaldía de Bogotá en el 2003, los cerca de 2.700.000 votos depositados en el 2006 por Carlos Gaviria como candidato presidencial del PDA, el triunfo nuevamente del PDA a la alcaldía de Bogotá en el 2007 y la elección de Gustavo Petro como alcalde de Bogotá en el 2011 (quien a pesar de nuestras diferencias ideológicas y políticas, para la opinión era un candidato de izquierda) y otras experiencias electorales en diferentes territorios del país, constituyen manifestaciones políticas muy importantes de la democracia en Colombia.

El agotamiento de la guerra interna

El país ha vivido en las últimas seis décadas, desde la época de la confrontación con los sectores campesinos, trabajadores y pobladores urbanos en el marco de la guerra liberal conservadora y la imposición del Frente Nacional y sus políticas de exclusión política y social, una guerra interna con la emergencia de una insurgencia armada que confronta al régimen y la decidida convicción de la burguesía colombiana de no ceder un centímetro de su control político. Como caso único en el mundo, la insurgencia armada en el país lleva más de medio siglo. Colombia durante ese periodo ha estado no sólo inmersa en la guerra, sino que el pueblo ha tenido que asumir los costos económicos, sociales y militares de la guerra. En medio de ese conflicto, el régimen se ha caracterizado por resolver mediante la violencia institucional y parainstitucional las contradicciones sociales y políticas del país.

El escenario de conflicto y guerra se agudizó con la irrupción de sectores de narcotraficantes asociados a la producción, transformación y distribución ilegal de drogas que con la invasión de narcodólares y la organización de bandas armadas de protección al negocio, se fueron convirtiendo en el soporte de grupos paramilitares que asociados a sectores terratenientes, y en las décadas de los noventa y dos mil, a proyectos empresariales, de empresas multinacionales y grupos económicos nacionales, profundizaron la guerra por el control del territorio al convertirse en el brazo armado “ilegal” de la lucha contra la insurgencia.

Durante el período neoliberal, con sus inevitables consecuencias de polarización social, el régimen en alianza con el gobierno de EE.UU, ha utilizado la lucha contra el narcotráfico y contra la insurgencia, para aumentar el poderío militar del Estado, propiciar el desplazamiento de miles de familias campesinas a las ciudades y prevenir, controlar, reprimir y criminalizar las luchas sociales que se enfrentan a las consecuencias del proyecto económico y político que amenaza las calidad de vida de los trabajadores y el pueblo colombiano y para garantizarle las condiciones de estabilidad y seguridad a las inversiones del gran capital en esta fase de la globalización de las transnacionales.

Esta guerra ha conducido tanto al Estado y sus élites, como a la insurgencia a la acción combinada de las formas políticas y militares en la lucha por el poder, con unos niveles de violencia que generan incertidumbre y temor en la mayor parte de la población, facilitando la acción de la derecha política para controlar la protesta social La guerra se ha convertido en un factor inhibitorio para la irrupción y fortalecimiento de movimientos sociales y políticos que profundicen la democracia, cerrando posibilidades a un proyecto político civilista de la democracia y de la izquierda como el propuesto por el PDA en su Ideario de Unidad.

Hoy el régimen invierte en la guerra más de dieciocho billones de pesos anuales, el 14% del Presupuesto General de la Nación, sin que más allá del debilitamiento de la insurgencia, pueda plantearse la posibilidad de su derrota por la vía militar. De otra parte, aún en el hipotético evento de un sometimiento militar de la insurgencia, cabe preguntarse si con ello se resuelven en algún sentido los grandes conflictos y problemas de la sociedad que, no sólo fueron el origen de la guerra, sino que nutren la lucha de resistencia social y política de la población.

La guerra interna ha llegado a un punto de desgaste y de costo social tan alto que exige la unidad de todas las expresiones progresivas de la sociedad para someter políticamente a los sectores fundamentalistas de la derecha guerrerista del país y obligar al gobierno a avanzar por el camino de una solución negociada al conflicto interno.

Como lo señala el Ideario de Unidad:

“Nos oponemos a la guerra y al ejercicio de la violencia como instrumento de acción política. Reconocemos la naturaleza política de la insurgencia colombiana, pero consideramos que hoy la vía de la transformación, es la lucha de masas democrática y pacífica. Repudiamos todas las formas de terror y de terrorismo de Estado, en particular el atentado personal, el secuestro, la extorsión, las acciones armadas contra la población civil, que en modo alguno, son formas legitimas de la lucha de los pueblos, por lo que condenamos todo acto de esta naturaleza”.

Bajo ninguna circunstancia, por miedo, conciliación o pragmatismo político, desde el interior del Polo pueden asumirse actitudes que directa o indirectamente legitimen y justifiquen la política del régimen de escalamiento de la guerra, desconociendo los factores sociales, económicos y políticos que explican la existencia de la insurgencia y la coloquen al mismo nivel del paramilitarismo. La única solución real a la guerra es el diálogo para concertar la paz. La obligación del Polo en esta dirección es contribuir a consolidar escenarios favorables para un proceso político de masas que obligue a la solución negociada del conflicto armado, con el propósito de recuperar la justicia social, la democracia política y la soberanía. Por eso apoyamos la labor de los dirigentes del Polo que trabajan incansablemente por la paz en Colombianos y Colombianas por la Paz.

El Polo, que llegó a convertirse en el eje articulador de la izquierda colombiana, en el espacio canalizador de la opinión democrática de la nación, debía asumir como una de sus tareas fundamentales el mandato del Ideario de Unidad, de ser un instrumento de la paz, de liderar en forma concreta la búsqueda de la solución negociada del conflicto armado que ha desangrado al país por más de cincuenta años.

La paz es hoy el compromiso fundamental en la construcción de la democracia y del poder popular, pero el Polo no asumió con suficiencia, entereza e intensidad esa obligación partidaria y esa responsabilidad histórica. En parte porque en este tema de la guerra y la paz (como en política internacional) no hubo unidad de criterios al interior del partido y en lugar de profundizar la discusión y diseñar estrategias de acción política se prefirió clausurar el debate y hacer pronunciamientos marginales; y en parte también, porque los sectores que conformaron una mayoría y controlaron el partido estaban más interesados en disfrutar de las mieles del poder distrital, en las purgas y en las luchas internas por el control del aparato, la burocracia y para algunos la clientela y los negocios, asumiendo la defensa irrestricta e incondicional de una administración plagada por el clientelismo y la corrupción. Reconocemos también nuestra responsabilidad como sectores minoritarios, porque nos mantuvimos fragmentados y dispersos y terminamos aceptando la agenda impuesta por el sector mayoritario.

Mientras que el PDA dejaba de lado la bandera de la paz y solo algunos de sus dirigentes y tendencias acompañaban de manera aislada ese discurso y sus acciones, fueron emergiendo movimientos sociales y políticos y las víctimas directas del enfrentamiento armado que se movilizaban y se pronunciaban por la paz. De esta manera, la bandera que abandonó el Polo fue asumida por sectores democráticos y de izquierda por fuera del partido, dándole cuerpo y formas concretas, y particularmente por sectores como el que lidera Piedad Córdoba y las organizaciones sociales y espacios hoy articulados en la Marcha Patriótica.

Esa inconsecuencia debe ser materia de un reconocimiento autocrítico por parte del Polo, el cual a su vez debe rectificar asumiendo un compromiso por sumar esfuerzos para aislar a las fuerzas guerreristas en la búsqueda de la paz.

Sin embargo, nos preocupa el comportamiento excluyente y radical de los sectores que hacen mayoría en el Comité Ejecutivo Nacional. Esos sectores, en una actitud sectaria, han convertido a la Marcha Patriótica, en el enemigo coyuntural de la organización, señalando a los dirigentes y sectores del partido, que suponen cercanos a ese proceso, con epítetos y macartizaciones que en nada contribuyen a la unidad; en el mismo sentido, se enfrentan al Movimiento Progresistas y al gobierno distrital, asumiendo una oposición radical a sus propuestas de acción, pasando por encima de los debates y conclusiones del Comité Ejecutivo Distrital, pero sin pronunciarse frente a la bancada del Polo en el Concejo que apoyó la aprobación del Plan de Desarrollo Distrital, sin interesarse por dar a conocer sus argumentos en las instancias del partido. Esas posiciones, como vamos a verlo más adelante, resultan contraproducentes para los intereses de la izquierda y la democracia.

Ese sector, con sus posiciones, antes que sumarse a la búsqueda de la paz se aísla de este propósito y se dedica internamente a estigmatizar a quienes no compartimos su actitud excluyente y aparatista, matriculándonos en la Marcha Patriótica y señalándonos como enemigos del Polo.

Ese es el comportamiento irresponsable de sectores que no tiene ninguna autoridad política y moral para abrogarse la defensa del Polo, en tanto han sido los responsables fundamentales de la crisis del proyecto más importante de la izquierda y la democracia en Colombia.

Hasta el momento ninguno de los sectores que actúan al interior del Polo, ha manifestado su pertenencia política a la Marcha Patriótica. Si eso llegara a darse hacia delante, ese es el problema de quienes actúen de esa manera e implicará que tengan que resolver su pertenencia al PDA, pues resulta inconveniente, por lealtad política, pertenecer simultáneamente a dos movimientos políticos. Pero aún en ese evento, ello no puede servir de pretexto para eludir la política de unidad de la izquierda. Hay que recordar que éste no es un problema nuevo en el Polo, pues a su interior, desde el comienzo han existido sectores más interesados en el crecimiento de sus propias organizaciones o en función de sus particulares intereses electorales que en el proceso de construcción colectiva del PDA. Para nosotros en particular, como Polo al Sur, hemos sido constructores consecuentes del PDA y vamos a defender el proyecto plasmado en el Ideario y los Estatutos, en la Conferencia Ideológica y en el Tercer Congreso Nacional del P.D.A. Igualmente, respaldaremos el proceso de fortalecimiento de movimientos sociales y políticos que sean expresión de los trabajadores, los campesinos y los pobladores urbanos y de sus reivindicaciones y sus luchas.

Pero además, espacios del sector mayoritario del CEN han asumido frente al tema de la guerra y la paz posturas que no expresan a la izquierda. Sectores que se apartan del mandato expreso del Ideario de Unidad para que el Polo actúe como factor de concertación de la paz y caen en una actitud sistemática y obsesiva de condena a la insurgencia, con lo cual cierran las puertas para la interlocución del Polo y le terminan haciéndole el juego a la derecha. Postura ésta cercana a la que asumió Petro en una etapa de su paso por el Polo. El PDA debe mantener distancia de la lucha armada, pero sin cerrar las puertas al diálogo.


Las contradicciones al interior del régimen

En este tema de las contradicciones del régimen hay que comenzar por señalar que en cuanto tiene que ver con su postura neoliberal, con la incondicional sujeción a los intereses de las elites imperiales y en particular a los Estados Unidos de Norteamérica, el régimen en bloque, está sólidamente cohesionado.

Los gobiernos de Uribe y Santos, en estos contenidos estratégicos, actúan en la misma dirección. Con excepción del Polo y con pequeños esguinces temáticos del Partido Liberal y del Partido Verde, Santos tiene en la “Unidad Nacional” el apoyo de la clase política que en el esquema clientelar controla más del 90% de la bancada congresional.

Ante el fallo de la Corte Constitucional que cerró el camino a un tercer gobierno de Uribe, quien no permitió la configuración de un liderazgo sustitutivo en la ultraderecha y ante el desgaste político del Polo, Juan Manuel Santos, quien fuera ministro de defensa de Uribe, ganó con relativa facilidad y por sustracción de materia, la elección presidencial.

A partir de esa realidad se consolidó una fractura al interior del régimen que expresa una disputa por la hegemonía en el poder, que asume características agudas y pugnaces que tienen proyección y significado político hacia el corto y mediano plazo. Ante la dispersión de la izquierda y el respaldo de los demás partidos al gobierno, Uribe se ha convertido coyunturalmente en el contradictor más visible del gobierno.

Expresan esos bloques dos sectores de la clase dominante, uno a ultranza guerrerista, afianzado en el narcoparamilitarismo, las capas terratenientes y los sectores más reaccionarios de la política, las fuerzas armadas y el clero y el otro, vocero de los intereses de la burguesía tradicional en el sector financiero, industrial y comercial.

Por supuesto que entre ellos hay diferencias agudas, aunque secundarias, en temas que afectan los intereses por cada uno de ellos protegidos, en las formas autoritarias o conciliadoras del ejercicio del poder, en el manejo de la guerra y la paz y aún en contenidos secundarios de las estrategias fundamentales del régimen, pero lo que sustancialmente agudiza sus contradicciones es la disputa política por la hegemonía en el poder. Mientras que Santos cuenta con el beneplácito de las elites imperiales, Uribe terminó siendo una figura incómoda para esos intereses internacionales .A pesar del significativo espacio político y de opinión que lo acompaña, es una figura decadente en la política interna e internacional, pero con una alta dosis de persistencia y agresividad.

Para la práctica política de la izquierda resulta importante caracterizar acertadamente esas contradicciones y sus entornos políticos para, como lo veremos más adelante, utilizarlos adecuadamente en la lucha por el poder y particularmente en la ubicación de los posibles aliados para enfrentar la lucha política contra esas dos facciones de la burguesía.

Ante el debilitamiento del Polo, como eje articulador de la izquierda y la democracia, la contradicción entre esas dos facciones de la derecha copa coyunturalmente la iniciativa política en la opinión pública. De otro lado, esas dos facciones avanzan, sin miramientos éticos, en su consolidación y configuración política y pasarán, hacia las elecciones del 2014, por un realinderamiento de los partidos de la Unidad Nacional y del bloque mismo que hoy apoya al Presidente Santos. En esa dinámica electoral y ante el propósito reeleccionista de Santos, se pondrá en juego el esfuerzo de esos dos bloques por consolidar un nuevo bipartidismo, bajo su expresión liberal y ultraconservadora.

La crisis y el desgaste acelerado del PDA

La crisis mundial del neoliberalismo, la llegada al gobierno de la ultraderecha liderada por Uribe, el ascenso democrático de América Latina y la reforma constitucional de 2003 le abrieron paso a un proyecto pluralista de unidad de la izquierda que por no haber logrado ampliar su influencia política a partir de los gobiernos locales que ejerció; por no haber asumido posiciones coherentes con la propuesta programática del partido; por cogobernar con los partidos tradicionales y dejar que el clientelismo y la corrupción campearan, especialmente por los pasillos de la administración distrital; y por el equivocado manejo de sus contradicciones internas, tuvo que asumir el alto costo de su desgaste político. Circunstancias que aprovechó la derecha del país para profundizar la crisis del PDA.

El Polo, en su primera etapa, vivió un proceso acelerado de consolidación en la opinión, hasta convertirse en el proyecto político de izquierda que artículo las luchas democráticas sociales y políticas en Colombia.

En el documento  “La crisis del Polo Democrático Alternativo”, que se encuentra colgado en la página web del Polo, hicimos una reseña sistemática de las causas de la crisis del partido y de los efectos nefastos de la corrupción. Destacamos allí causas exógenas y endógenas como la hostilidad del régimen, el comportamiento de los gobiernos de Luis Eduardo Garzón y Samuel Moreno, las actitudes caudillistas de Garzón y Petro, el carácter electoral a que se redujo el Polo, la burocratización y verticalización del partido y la cultura de corrupción y clientelismo en el seno del Polo. Queremos reafirmar aquí que, a pesar de la causalidad plural de la crisis, el elemento que más incidió en la crisis del Polo fue la cultura de clientelismo y corrupción que se apoderó del partido y de las administraciones de Bogotá, elegidas con el aval del Polo. Desde antes de la consulta que escogió a Samuel Moreno como candidato del partido a la alcaldía, se consolidó un bloque mayoritario que ejerció el control absoluto del Comité Ejecutivo Nacional y que hasta el momento en que el alcalde fue privado de la libertad le mantuvo su respaldo irrestricto a la administración distrital. Ese bloque estuvo representado en lo sustancial por la Anapo, el sector liderado por Jaime Dussan -que hoy se hace llamar Polo social-, el Polo que Suma, el MOIR y el Partido Comunista, sector éste que en la última etapa de la crisis del PDA se ha distanciado de ese bloque.

La crisis ética de la administración distrital no fue la obra perversa de dos hermanos, como algunos tratan de mostrarlo, sino la consecuencia del predominio de una cultura de corrupción y clientelismo que hegemonizó la dirección política del partido.

Como consecuencia de la crisis del PDA y particularmente de la derrota política y electoral del 30 de octubre de 2011, el Polo perdió su condición de ser el instrumento articulador de la izquierda colombiana y de los espacios democráticos de la opinión y se profundizó la fase de dispersión de la izquierda.

Frente a la crisis comienzan a avanzar con relativa autonomía política dinámicas como el Congreso de los Pueblos y la Marcha Patriótica y se producen distanciamientos de diferentes dinámicas estudiantiles, campesinas e indígenas y una desbandada de militantes hacia estos espacios y hacia el Movimiento Progresistas.

Aquí hay que destacar que si bien hubo comportamientos y posturas ideológicas y políticas muy graves y costosas para el Polo y para la democracia por parte de dirigentes como Garzón y Petro, también hay que resaltar, que en esa dinámica de ruptura permanente del PDA, tuvo un importante significado la postura sectaria y excluyente del bloque que hegemonizó el Comité Ejecutivo Nacional del PDA.

No se entendió por ese bloque, ni se aplicó el carácter pluralista del partido consagrado en el Ideario de Unidad y en los Estatutos del Polo y que buscaba la convivencia en él, no sólo de quienes nos reclamábamos de la izquierda revolucionaria, sino de otras corrientes ideológicas y políticas que en el amplio espectro de la izquierda representaban posturas hacia el centro izquierda, el centro o aún el centro-derecha, y que en las condiciones políticas del país, resultaban necesarios como condición de amplitud y fortaleza para el triunfo de la izquierda.

El sectarismo y el hegemonismo se impusieron sobre el pluralismo. La postura correcta al interior del Polo no era la exclusión sistemática de las posiciones de centro, sino la de garantizar que en la convivencia pluralista primara el liderazgo y la relación favorable de fuerzas para la izquierda y particularmente para la izquierda revolucionaria. Sólo en el momento en que esa relación de fuerzas favoreciera las corrientes del centro podía, para la izquierda, justificarse la ruptura del partido. Pero, aquí no hay que engañarnos, las diferentes escisiones fueron empujadas desde el interior del partido.

Que no se aduzcan, para justificar estas rupturas, razones disciplinarias o estatutarias, porque en un partido que, contrariando sus estatutos, no actuó como tal, sino como un frente, se impuso y primó la cultura del grupismo en la cual cada colectivo o caudillo y la propia mayoría del CEN pasaban por encima de los estatutos cuando para sus intereses particulares lo estimaran necesario.

A estas alturas del desarrollo de la crisis del PDA, el sectarismo de ese bloque se ha intensificado en un afán desesperado por tomarse el control del aparato del partido y por esa vía excluyente garantizarse el manejo de los avales del único partido con personería jurídica en la izquierda y buscar así mejorar sus condiciones de negociación electoral en el 2014.

Queremos en este momento, convocar nuevamente a todos los colectivos, parlamentarios y personas que hemos venido trabajando por LA RENOVACIÓN, DEMOCRATIZACIÓN Y FORTALECIMIENTO DEL POLO y a todos los demás espacios nacionales y territoriales y a las personas que compartan estos propósitos, a buscar acuerdos de contenido y procedimiento para actuar unificados hacia el Tercer Congreso Nacional del PDA, con la intención de crear un bloque suficientemente fuerte que cambie las relaciones internas de fuerza y conduzca por rumbos diferentes al partido.

La estrategia de reagrupamiento de la izquierda

En el documento “La crisis del Polo Democrático Alternativo”, antes referido, señalamos:

“Hoy, en la dispersión en que se encuentran la izquierda y la democracia, hay que comenzar a pensar seriamente en nuevas iniciativas de unidad estratégica de la izquierda y de unidad de acción coyuntural para enfrentar la política y las pretensiones reeleccionistas del presidente Santos. Nuestra lucha interna para reposicionar el Polo debe tener claro este mapa dialéctico de dispersión y unidad”.

La crisis del Polo estimuló la dispersión de la izquierda y de esa manera el PDA perdió su condición de instrumento articulador de la izquierda. El Polo hoy es uno de los sectores en la dispersión de la izquierda. Sectores del PDA salieron con el ex alcalde Garzón hacia el Partido Verde. Con la salida de Petro del Polo y su elección como alcalde de Bogotá, el Movimiento Progresistas logró una institucionalidad nacional y un importante reconocimiento de la opinión, cuyo futuro está dependiendo de los resultados de la gestión de Petro en la alcaldía. Este hecho ha generado una desbandada de militantes del Polo en Bogotá y en las regiones para vincularse a Progresistas. En el Partido Liberal se mueve una corriente de izquierda liderada por Piedad Córdoba. Los sectores angelinistas que actuaron en el PDA hoy se agrupan bajo las orientaciones de Angelino Garzón. La Marcha Patriótica se configuró como movimiento político y social autónomo. El Congreso de los Pueblos gana identidad propia como dinámica política.

Frente a este mapa de dispersión de la izquierda, el bloque mayoritario del P.D.A. agencia una postura de confrontación abierta, particularmente frente a la administración distrital, a la Marcha Patriótica y al Congreso de los Pueblos. Con esa actitud se aísla cada vez más al Polo y el partido pierde capacidad de interlocución en la izquierda.

Cuando el gobierno Santos cuenta con todo el respaldo de las élites imperiales para ejecutar su política antidemocrática y el Uribismo, como una fiera herida, muestra sus terroríficas garras, la izquierda dispersa pone en riesgo su existencia política y física.

Pero además, por su dispersión, no tiene las mejores condiciones para enfrentar y resistir frente a las políticas del gobierno y del régimen. Ello exige reflexionar sobre la necesidad de iniciar de manera inmediata una estrategia de reagrupamiento de la izquierda que, sobre unas bases programáticas fundamentales, permita cohesionarla en un Frente político de izquierda. Acuerdo que debe incluir y concretar temas como, soberanía, oposición al gobierno, solución negociada del conflicto armado, desmonte del paramilitarismo, democratización de la política, integración latinoamericana, defensa de los derechos fundamentales, medio ambiente, sostenibilidad alimentaria, y derechos laborales, entre otros aspectos. Hoy, en la dispersión a la que ha llegado la izquierda, no es posible, como sería lo ideal, plantearse su articulación en un partido, como fue el acuerdo fundante del PDA plasmado en sus estatutos.

Esta iniciativa exige un realineamiento de fuerzas al interior del partido para cambiar la orientación de la dirección del PDA y superar la posición del bloque mayoritario que hoy controla el Polo. Es indispensable que las propuestas alternativas de dirección del Polo sean objeto del debate profundo en la Conferencia Ideológica y de una decisión del Tercer Congreso Nacional del PDA en relación particularmente, con una política flexible de alianzas con la izquierda y de acuerdos con el centro democrático, a partir de la convergencia de sectores, colectivos y dirigentes que a pesar de sus diferencias puedan establecer una unidad de acción de cara a los grandes acontecimientos de la política nacional.

Sí no se logra configurar esta alianza de la izquierda, para actuar unificada y liderar en el espectro de la política nacional los acuerdos de la oposición que se van a venir hacia las elecciones de 2014, ellos terminarán siendo acuerdos electorales pasajeros, coyunturales, de los que terminará beneficiándose e imponiendo su hegemonía política el centro derecha, en detrimento de la estrategia política de la izquierda.

En éste punto hay una profunda diferencia de tipo estratégico con el bloque mayoritario del Comité Ejecutivo Nacional que con su postura sectaria y estrechamente electoral contribuye a profundizar la división de la izquierda y el aislamiento político del PDA.

Junio de 2012.



La táctica del bloque de oposición

En forma complementaria a la propuesta del Frente de Izquierda resulta indispensable promover un gran bloque de oposición a la reelección del Presidente Santos y a la propuesta electoral que presente el Uribismo. Este bloque debe configurarse sobre un acuerdo programático de gobierno que sirva como base para concertar una consulta en la que se escojan el candidato o candidata a la presidencia y a la vicepresidencia de la república de ese bloque en las elecciones de 2014. Acuerdo que debe ir acompañado, en lo posible, por la integración de una sola lista al Senado de la República.

Hay en este punto otra contradicción de fondo con el bloque mayoritario del Comité Ejecutivo Nacional, para el cual la política de alianzas del PDA se reduce a buscar en el inmediato futuro un acuerdo electoral para enfrentar en el 2014 a la “Unidad Nacional”. Esto se corresponde con su tesis aislacionista, que parte de creer que en el Polo no ha pasado nada y que seguimos siendo el núcleo articulador de la izquierda y de la opinión democrática del país.

La acción dispersa de la izquierda en ese bloque perjudica los intereses estratégicos y electorales de la izquierda y beneficia al centro.

En este marco en el que el Frente de Izquierda y el Bloque de Oposición se complementan, el Polo saldría electoralmente beneficiado porque tendría una buena posibilidad de competir con un líder posicionado en la opinión para buscar un solo precandidato de la izquierda que la represente en la consulta del Bloque de la Oposición.

La estrategia electoral que resulta de las posiciones del bloque mayoritario del PDA, de ir con un candidato propio del Polo a la consulta de la oposición, resulta errática porque hoy no se tienen las condiciones favorables para ganar en la consulta con un candidato o candidata propios.

La táctica electoral que proponemos puede reposicionar la izquierda en la lucha por el gobierno, aprovechando la división de la derecha, para llevar a la presidencia un candidato de izquierda comprometido con un acuerdo programático de toda la oposición.

Por esta vía gana el Polo. Por el camino del bloque mayoritario del PDA se profundiza aún más la crisis del Polo.

Polo al Sur

Bogotá, junio 3 de 2012

 

RECONSTRUIR LA IZQUIERDA DEMOCRÁTICA

 Por: Alberto Téllez Iregui 
Comité Ejecutivo Nacional PDA
Polo al Sur

La oportunidad perdida

Hemos vivido durante las dos últimas décadas una coyuntura nacional e internacional favorable para que en Colombia, como ha sucedido en otros países de América Latina, pudiera acceder al gobierno y al poder un partido o un proyecto político que desde la izquierda democrática liderara los cambios profundos, antineoliberales y libertarios que permitieran construir de manera estable un modelo de sociedad basado en la soberanía, la democracia, la equidad social y la paz. Forman parte de este mapa internacional la crisis económica, social y ambiental que experimenta el capitalismo y la resistencia y lucha de los pueblos de Medio Oriente y América Latina.

Vino primero, al comenzar los años noventas, la desmovilización del M-19 y la integración del movimiento Alianza Democrática M.19 (A D M-19), quizás el primer proceso político en América Latina, que encontró en Colombia una inmensa simpatía y un amplio respaldo de la opinión nacional, suficientes para enfrentar, desde la izquierda, el modelo de la globalización neoliberal. Está pendiente el juicio sobre ese proceso, pero cabe destacar que algunos de sus errores como la actitud conciliadora con el régimen y el gobierno, la ausencia de contenido y compromiso con un proyecto político alternativo, la fragilidad táctica para implementarlo, la actitud caudillista y parlamentarista y el aislamiento de la lucha popular, entre otros, se calcaron por sus protagonistas para el proceso del Polo Democrático Independiente (PDI) en el año 2003. Esto, por supuesto, sin desconocer la incidencia que en el fracaso de la A D M-19 pudieron tener el fortalecimiento del narcotráfico, la emergencia del paramilitarismo y la ofensiva contra los líderes de la izquierda.

Esta carga, más un fuerte lastre del pragmatismo de la política tradicional, llegaron con el PDI a la  confluencia con Alternativa  Democrática (AD) en el Polo Democrático Alternativo (PDA) en noviembre de 2005.
El PDA constituye el proyecto de unidad más amplio y ambicioso en la historia de la izquierda colombiana, llamado por las condiciones políticas del país en el momento de su formación, por el contenido de su ideario de unidad y por el instrumento unitario de organización plasmado en sus estatutos, a liderar desde la izquierda democrática la reconstrucción política y social del país.

Surge el PDA en un momento y en unas condiciones altamente favorables para volver realidad ese propósito político. De un lado, en una coyuntura crítica del capitalismo mundial, por el acomodo en su fase de globalización neoliberal y de otra parte, cuando se vive un ascenso de transformaciones libertarias y democráticas en Latinoamérica y en general en el llamado tercer mundo. Proceso que expresa una respuesta multidireccional a los efectos de recolonización, antidemocracia, pobreza y miseria generados por el neoliberalismo.

Surgió, como el proyecto de izquierda democrática, ético y unitario con vocación para liderar, en un momento de profunda crisis institucional del Estado y de los partidos políticos tradicionales, la reconstrucción ética, política, económica, social, cultural y ambiental del país.

Después del fracaso de la AD M-19, el pueblo confió nuevamente en un proyecto de izquierda como el PDA y en esas circunstancias el país se polarizó políticamente entre la extrema derecha, en el poder y la izquierda representada por el Polo.
No pueden ser interpretados de otra manera, entre otros, acontecimientos políticos como la elección de Garzón a la alcaldía de Bogotá en octubre de 2003; los 2 700.000 votos a favor del candidato del PDA, Carlos Gaviria, en la elección presidencial del 2006, hecho que colocó al Polo como la segunda fuerza electoral del país; y la elección  en el  2007 de Samuel Moreno como alcalde de Bogotá y de Antonio Navarro como gobernador de Nariño.

Por las condiciones objetivas, el PDA estuvo en la puerta de liderar el cambio y resultó inferior a las oportunidades y a sus responsabilidades.

Hay que destacar que en el 2007, a pesar de los errores cometidos por el partido en los años inmediatamente precedentes, el país seguía creyendo en el PDA. Prueba de ello es la elección de Samuel Moreno, que no hubiera podido darse sin un alto índice de credibilidad política de la opinión en el PDA.

 Los factores determinantes del fracaso

Algunos elementos fundamentales, entre muchos otros, llevaron a que el PDA no fuera capaz de materializar el proyecto de la izquierda democrática en Colombia: la ofensiva demoledora del régimen y de sus medios del comunicación contra el PDA; la instrumentalización mediática a que se prestaron dirigentes del PDA para el éxito de esa ofensiva; las prácticas parlamentaristas, caudillistas, clientelistas y corruptas que se impusieron al interior del PDA;  la actitud grupista y hegemonista de algunos sectores del partido; la concentración del partido en Bogotá; la manera como se abordó la llegada a los gobiernos locales y a los escenarios de representación popular; el débil trabajo organizativo; y la ausencia de formación política en el partido.
Ante los acontecimientos políticos señalados y particularmente frente al resultado de la elección presidencial de 2006, se vino una ofensiva política del régimen contra le Polo, primer proyecto, en varias décadas que puso en peligro la estabilidad política del establecimiento, como ya lo habían hecho de manera triunfante otros procesos democráticos en Latinoamérica. Esta  ofensiva se centró en golpear el liderazgo de izquierda democrática de Carlos Gaviria Díaz dentro del PDA. Se recurrió para ello a la estigmatización y el macartismo y a la instrumentalización mediática de dirigentes de la corriente centrista del partido. Hoy, cuando se han hecho públicos documentos incautados por la Fiscalía en allanamiento  al DAS, queda claro que uno de los propósitos del régimen era ´´generar división al interior de los movimientos de oposición´´ y ´´promover acciones en beneficio del Estado para las elecciones del año 2006´´, teniendo como un blanco ´´los partidos políticos opositores al Estado´´.
Aquí adquiere contorno político el comportamiento de Pabones, Bustamantes y otros rufianes de la misma laya, así como de personajes que merodeaban tangencialmente el Polo según sus particulares conveniencias en cada momento.
Esa estrategia del régimen tuvo efectos parciales en el resultado de la consulta del Polo para escoger su candidato presidencial a las elecciones de mayo de 2010.

Esa ofensiva apuntaba además, a dividir el partido fortaleciendo en el Polo una corriente de centro derecha para entonces liderada por Luís Eduardo Garzón y Gustavo Petro, quienes en su afán de protagonismo personal, sin lealtades partidistas, ni espíritu colectivo, contaron durante un largo periodo con los medios masivos para lanzar bocanadas y plumadas de fuego contra la izquierda democrática y particularmente contra Carlos Gaviria. Hay que destacar, como lo señalamos en los documentos: CARLOS GAVIRIA, NO HAY MEJOR OPCIÓN PARA LA DEMOCRACIA y A VOLTEAR LA TORTA,  que la disputa ideológica y política interna en el partido confrontaba a la izquierda democrática y al centro derecha.
Se quiso conducir al Polo a un nuevo proyecto político de centro, desdibujando el perfil de izquierda del partido, creyendo ingenuamente que el Polo podía desplazar el abigarrado ramillete de liderazgos del centro. Ni se fortaleció como izquierda, ni pudo encontrar espacio o votos en el centro y la derecha.

Hay quienes piensan que el comportamiento de Petro y de algunos de sus más afines coequiperos, respondía a una táctica electoral. Hay que dejar claro que ello no era así, pues Petro y Garzón desde tiempo atrás articularon un proyecto ideopolítico de centro derecha que entró a confrontar de manera abierta, expresa y pública el carácter de izquierda democrática del ideario de unidad del PDA. Este tema fue analizado por Polo al Sur, con suficientes elementos, particularmente en los documentos: CARLOS GAVIRIA, NO HAY MEJOR OPCIÓN EN LA DEMOCRACIA y LA UNIDAD DEL POLO ES ESTRATÉGICA PARA LA DEMOCRACIA.

Por eso, cuando se impone en la consulta la candidatura de Petro, el proyecto de izquierda que es la única opción de cambio, comienza a desposicionarse en la opinión  y avanza en consecuencia a lo que hoy tenemos, la perdida de protagonismo de la izquierda, la perdida de su espacio en el mapa de la política electoral y su desplazamiento por el centro.

La ofensiva del régimen contra la izquierda democrática del Polo estuvo reforzada por la práctica clientelista de espacios que aparecían dispersos entre las dos corrientes internas del partido

Para la mayoría de quienes detentaban las migajas de poder del PDA (parlamentarios, diputados, concejales, ediles, gobernadores o alcaldes) el partido no tenía un interés mas allá del beneficio que su buena imagen pudiera prestarles para reproducir y multiplicar sus privilegios personales, su posicionamiento individual y en otros casos, el crecimiento vegetativo de sus grupos.

Ni la construcción del partido, ni el valor de sus miles de militantes formaron parte de sus intereses y preocupaciones. El militante, ese semillero de hombres y mujeres políticamente experimentados que convoco el Polo y que tanto le han constado a la sociedad, nunca fue entendido como un constructor de partido, de proyecto político y de organización, de constructor de proceso social, de proyecto de sociedad y vida. El partido ni siquiera ha contado con una base de datos de sus militantes y simpatizantes.

Los intereses de muchos de esos dirigentes eran tan ajenos a la democracia, fue tan estrecha y corta su formación y su visión política, estaban  tan enajenados en la cultura individualista con la que el neoliberalismo permeó a gran parte de la izquierda o estaban tan ensimismados en sus egos y su arribismo, que no cupo en sus espacios y preocupaciones la imperiosa necesidad del partido para garantizar la construcción y sostenibilidad de los intereses generales de la democracia y de la sociedad, pero aún más, ni siquiera para entender la conveniencia del partido para la reproducción de sus particulares liderazgos e intereses.

Los sectores que se reclaman de la izquierda radical no lograron superar su esquema de trabajo grupista dentro del partido y los independientes y los núcleos socialistas tampoco lograron construir una fuerza que incidiera en el partido.

Contra el interés y la voluntad mayoritarias de las bases y de la opinión democrática que esperaban que el Polo se convirtiera en el proyecto unificado –que no unanimista– y auténticamente alternativo que reclamaba el sentimiento democrático del país, la mayoría de las corrientes que asumieron la conducción del Polo, utilizaron el partido como una sombrilla, disfrutaban el cuarto de hora del PDA para satisfacer sus intereses parlamentarios, personales o de grupo.

Nunca entendieron la profundidad y riqueza de una excepcional coyuntura interna e internacional. Fueron inferiores a los intereses de una trasformación profunda que la democracia depositó en el Polo.

En un clima electoral y pragmático como el que ha imperado en el Polo, el debate de las ideas y la construcción del proyecto pasaron a un segundo plano, por no decir que no existieron. En los niveles de prepotencia e intolerancia a los que se llegó en el PDA, la crítica no era respondida con ideas sino con silencio y exclusión.

La utilización, especialmente por un sector del PDA, del aparato del partido, de las campañas, de los candidatos, y de los recursos, para fortalecer su propio proyecto, contrariando el mandato estatutario y el acuerdo político de que el PDA no era un frente político sino un nuevo partido unificado y organizado fue un elemento más que incidió en la crisis del PDA. El PDA pasó a un segundo plano, porque el proyecto político y orgánico principal era el suyo propio. El Polo se convirtió así, en un instrumento táctico en el que se debía hegemonizar para obtener mejores dividendos. En documentos  como: EL POLO UNIDO… (30/11/2006), LA UNIDAD DEL POLO ES ESTRATÉGICA PARA LA DEMOCRACIA (10/10/2008) y PROPUESTAS REFORMA ESTATUTARIA dejamos planteado el espíritu y las iniciativas sobre la configuración de las tendencias.

Este comportamiento fue creando contradicciones en los territorios, que se intensificaron en las coyunturas electorales y que condujeron a muchos sectores de izquierda del Polo a colocarse, como una medida defensiva, al lado de Petro en las confrontaciones internas del partido. La gente no quería vivir o repetir la experiencia de rigidez, centralismo y hegemonismo de la vieja izquierda. Buscaba, como lo señalan los estatutos, un partido nuevo, sin intermediación para su pertenencia, pluralista, incluyente, participativo y respetuoso de la iniciativa, creatividad y autonomía de los territorios en sus respectivas competencias.

En términos de cooptación la unidad no tenía, ni tiene futuro.

No puede soslayarse el papel que en la crisis del PDA jugaron la concentración de esfuerzos en torno al aparato del Estado, sin profundizar las relaciones con el movimiento social y político de resistencia popular; así como, la ambivalencia frente a temas como el del conflicto armado que llevaron a que fueran sectores del partido liberal los que tomaran la iniciativa en ese campo.

Se reversa el mapa de la política nacional

Un partido que, por las condiciones señaladas se configuró desde el comienzo como un proyecto electoral y parlamentario, aislado de las luchas y las dinámicas reales del movimiento social, fue presa fácil para que la ofensiva mediática debilitara su credibilidad en la opinión pública. Si bien el partido mantiene una votación similar a la obtenida en la elección parlamentaria del 2006, para la elección del 14 de marzo de 2010, el PDA pierde tres curules en el Senado y tres curules en la Cámara de Representantes.

Esta compleja dinámica que vivió el PDA, particularmente a partir de las elecciones presidenciales de 2006 no sólo debilitó y desperfiló al Polo, sino  que más en el fondo, contribuyó a cambiar el mapa favorable para el PDA de polarización política entre la ultraderecha y la izquierda, que fue el marco de la dinámica política del país desde el 2003.

La precandidatura y la candidatura de Petro agenciando un discurso de centro y una actitud de conciliación política con la derecha desdibujó, la imagen de izquierda y la presencia electoral del PDA.

Con esta postura el Polo se quedó sin una propuesta de izquierda y la izquierda se quedó sin propuesta para la coyuntura electoral, lo cual facilitó el posicionamiento del centro como competencia de la extrema derecha.

En las últimas semanas, concretamente a partir del acuerdo concertado al interior del polo, Petro retomó el discurso de izquierda, hecho importante para mostrar la izquierda diferenciada del centro y de la ultraderecha y para detener el descenso en que venía la campaña, pero demasiado tardío para reversar la polarización entre la ultraderecha y el centro.

El gran error estratégico de esa campaña, como lo señalamos  varias veces y en diferentes debates y documentos, fue el de apropiarse del discurso del centro desechando el proyecto político de la izquierda democrática; el de pretender que el Polo se convirtiera en un proyecto de centro. La ultraderecha tiene su espacio y sus líderes; el centro tiene sus espacio y sus líderes y el espacio del Polo era el del cambio real, el de la izquierda democrática.

El discurso del centro el país se lo cree a Mockus, Fajardo, Peñalosa, o aún al partido liberal, a líderes auténticos del centro, pero no se lo iba a creer al Polo ni a Petro.

La sensación de corrupción, oscuridad y podredumbre que envuelve los actos del gobierno de Uribe, las chuzadas, los falsos positivos, la parapolítica, la yidispolítica, etc., etc., una vez se produjo el fallo de la Corte Constitucional contra el referendo reeleccionista  y quedó claro que Uribe no sería candidato, llevó a que se rompieran las ataduras de la opinión a un régimen autoritario, a que se liberaran las energías reprimidas y se comenzó a desgastar la ultraderecha. Ante el vacio competitivo de la izquierda, se disparó una figura excéntrica, característica del centro, como Mockus, reconocido como un hombre ético.

Después de ocho años de un gobierno como el de Uribe, en el que se dispararon la corrupción y el clientelismo, la imagen ética de Mockus y el manejo innovador de la campaña de las precandidaturas del partido verde se convirtieron en  factores que espontáneamente  convocaron la simpatía y el apoyo a su candidatura.

Otro elemento que facilitó el ascenso de Mockus y el respaldo incluso de algunos sectores empresariales, fue el temor a un continuado aislamiento internacional del país y particularmente frente a Venezuela, Ecuador y Bolivia,  por sus implicaciones económicas.

De esta manera el Polo quedó aislado y el mapa de la política entró a recomponerse y fue copado por la confrontación entre al ultraderecha y el centro, con una tendencia ascendente para este último espacio. El centro desplazó a la izquierda y avanza a derrotar a la ultraderecha. En esta nueva polarización electoral se desgastan cada vez más  las candidaturas marginales, en la misma proporción en que crece la polarización.

 
A reconstruir la Izquierda Democrática

A pesar de las dificultades y obstáculos a los que hemos hecho referencia, la historia del Polo no ha terminado. La construcción del proyecto como fue concebido, en lo  esencial del ideario de unidad y de los estatutos, apenas comienza. Lo que no puede es continuar con los mismos criterios y prácticas, responsables de la derrota electoral de la izquierda democrática. El problema es político, no personal, hay que preservar la unidad del Polo sin exclusiones, pero con absoluta claridad sobre las reglas de juego. Hay que reconstruir el Polo y ésta es una tarea de mediano plazo. Esta es una responsabilidad ineludible que descansa en el esfuerzo conjunto de quienes por dentro y por fuera del Polo quieran con sinceridad, honestidad, y espíritu colectivo reconstruir el proyecto de la izquierda democrática, sin importar el campo en el que hayan jugado en la consulta del PDA. Hay muchos espacios con este perfil dentro del Polo. De entre ellos queremos destacar líderes caracterizados por sus posiciones de izquierda democrática y por su sentido colectivo como  Wilson Arias, Iván Cépeda, Alexander López y Germán Navas Talero.

Carlos Gaviria Díaz es un líder llamado a cumplir una responsabilidad muy importante en la reconstrucción política de la izquierda democrática.

Resultaría muy larga y riesgosamente excluyente la lista de líderes, de todos los niveles territoriales y políticos, llamados a comprometerse en el esfuerzo de reconstrucción de la Izquierda democrática.

Lo importante es tener muy claro que la recuperación del proyecto político de la izquierda democrática hay que hacerla desde la base política y social, a partir del PDA y con unas reglas de juego muy claras:

La lucha frontal contra todas las expresiones de clientelismo, corrupción, caudillismo y parlamentarismo al interior del Polo se convierte en una tarea inaplazable. No es posible construir o reconstruir la izquierda democrática con el germen del clientelismo y la corrupción actuando desde el interior del partido. La lucha para acorralar y derrotar estos comportamientos en el seno del partido se convierte en una tarea fundamental.

Ratificar, en lo sustancial, el ideario de unidad como la guía que demarca el contenido ideopolítico del PDA, es una base elemental en el esfuerzo de reconstruir la izquierda democrática.

Preservar el pluralismo de matices de la democracia al interior del Polo, expresados como tendencias que identifiquen inequívocas corrientes del pensamiento y que actúen en el marco del ideario de unidad y de los estatutos.

Preservar la unidad y la organización del PDA sobre el principio básico de la democracia, de acatar las decisiones adoptadas por consenso o por las mayorías estatutarias. Ello exige reglamentar, de manera inequívoca, ¿Quiénes pueden intervenir en la toma de las decisiones fundamentales del partido?, ¿Cómo elegir los delegados y delegadas al congreso?, ¿Cuáles son los requisitos para participar en las listas de candidatos y candidatas a las corporaciones?, ¿Cuál es el carácter de las listas y el procedimiento para integrarlas? Estos son, entre otros, algunos de los temas estatutarios que se deben revisar.

La convocatoria a participar en este esfuerzo de reconstrucción de la izquierda democrática a todas las expresiones democráticas del movimiento social.

Hacer de la internacionalización de la lucha contra la globalización neoliberal una tarea fundamental del partido y especialmente la defensa y promoción de la integración Latinoamericana.

Preparar dentro de estos criterios un nuevo Congreso Nacional del PDA que trace las directrices para recuperar la legitimidad e institucionalidad de la izquierda democrática en Colombia.

¿Cómo actuar en las elecciones presidenciales?

A un mes de la primera vuelta para la elección presidencial, la tendencia de polarización entre la extrema derecha y el centro resulta irreversible, porque, como lo hemos señalado, se trata de una tendencia marcada por la estrategia política y no simplemente por la táctica electoral. La izquierda fue marginada de la competencia presidencial de 2010 y ella se disputa ya en la confrontación entre la extrema derecha y el centro. Ninguna táctica ni fórmula de marketing, por habilidosas que sean, podrán reversar esta tendencia.

Ni la ultraderecha, ni el centro representan los intereses democráticos de la gran mayoría de los colombianos y la izquierda, representada por el PDA, se ha quedado con las banderas de la democracia pero sin ninguna opción en la contienda presidencial.
La ultraderecha convoca a “mejorar” y continuar el régimen de ´´la seguridad democrática´´, ´´la confianza inversionista´´, y ´´la cohesión social´´, configurado durante los dos gobiernos de Uribe Vélez.

El centro, hoy marcadamente representado por Mockus, se distancia de la cultura y el poder mafioso articulado por la ultraderecha y de su acción montada sobre las más pervertidas prácticas del crimen, la corrupción y el clientelismo, pero por otra parte, nutre su modelo de Estado, economía y sociedad con los perfiles básicos de la globalización neoliberal, con lo cual se distancia sustancialmente de las luchas de resistencia que libran los pueblos y las comunidades por la soberanía, la equidad social y la paz. Banderas que, por sustracción de materia, no pueden formar parte de los idearios de la ultraderecha o del centro.

Solo la izquierda democrática puede enarbolar consecuentemente las banderas de la unidad internacional y de su resistencia contra el neoliberalismo, de la movilización y organización social y política de las capas medias y pobres en sus luchas contra las inhumanas políticas del capital, impuestas por las élites imperiales y su regímenes obsecuentes. Por ello, la reconstrucción de la izquierda democrática es una tarea imperativa para la lucha libertaria y justiciera del pueblo colombiano. El ideario de unidad del PDA es una buena síntesis de la agenda de la izquierda democrática.

Reiteramos nuestro compromiso radical y consecuente con las causas y las luchas democráticas de nuestro pueblo, en el entendido de que ellas forman parte de la construcción de un nuevo orden social, el socialismo.

En estas circunstancias, resulta imperativo para le PDA avanzar con su candidato propio hasta la primera vuelta, para buscar una presencia lo más significativa posible en ese evento eleccionario, por cuanto lo que estaría en juego en el caso de una derrota contundente para el Polo, no es la figura del candidato, sino el proyecto político de la izquierda democrática.

La posición que asuma el Polo para la segunda vuelta es un tema táctico que esta dependiendo de lo que más convenga a la estrategia política de la izquierda y de los resultados que arroje la primera vuelta.

Hemos solicitado en el Comité Ejecutivo Nacional convocar para la primera semana de junio, la Dirección Nacional del PDA para que sea ella la que decida al respecto, por cuanto su carácter más incluyente y participativo resulta conveniente para la unidad del partido. En todo caso, acataremos la decisión que se adopte institucionalmente por el PDA.

27 de abril de 2010.

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