Por Cecilia Orozco Tascón / El Espectador
Para Colombia es una desgracia que la política, los políticos y los altos funcionarios estén cruzados por la corrupción y por la defensa de los intereses particulares agenciados por ellos mismos, los representantes del poder, con el fin de llenar sus bolsillos.
Damos por hecho que el país les importa un pito, salvo por el dinero que puedan birlar de las arcas oficiales o de las cuentas de los contratistas oficiales. Y a pesar de eso, ¡subsistimos, e, increíble,
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