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Se abre debate sobre cobertura de guerra a raíz de retención de reportero francés

El Espectador /AFP  

¿Debe un periodista acompañar al Ejército a una zona de conflicto vistiendo indumentaria militar? La desaparición en Colombia del reportero francés Roméo Langlois ha reabierto un intenso debate sobre los peligros de esa práctica.

Langlois, periodista del canal France 24, acompañaba a una patrulla militar en un operativo antidrogas en el selvático departamento de Caquetá cuando fueron atacados por las Farc. El reportero vestía chaleco antibalas y casco del Ejército.

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El Espectador /AFP  

¿Debe un periodista acompañar al Ejército a una zona de conflicto vistiendo indumentaria militar? La desaparición en Colombia del reportero francés Roméo Langlois ha reabierto un intenso debate sobre los peligros de esa práctica.

Langlois, periodista del canal France 24, acompañaba a una patrulla militar en un operativo antidrogas en el selvático departamento de Caquetá cuando fueron atacados por las Farc. El reportero vestía chaleco antibalas y casco del Ejército.

Después de la segunda Guerra del Golfo, en Irak, se generalizó el estilo de cobertura periodística en el que los reporteros quedan bajo responsabilidad de una unidad militar, pero tras la desaparición el pasado sábado de Langlois la práctica ha sido cuestionada en Colombia. Uno de los primeros críticos ha sido el vicepresidente de la República, Angelino Garzón. “Los militares son militares. Los civiles, incluyendo gobernantes y periodistas, no debemos llevar prendas militares. Esto tiene que llevar a una reflexión entre los medios sobre en qué casos debe ir un periodista, y en las Fuerzas Armadas sobre en qué casos invitar a un reportero”, dijo.

Alfredo Rangel, experto en temas del conflicto armado, aseveró que Langlois nunca debió estar en primera línea. “Es altamente inconveniente que los periodistas acompañen al Ejército en una operación militar de alto riesgo. Las Fuerzas Militares no deben apoyar ese tipo de práctica. Lo que se supone que es una protección para los periodistas los convierte en un blanco”, dijo Rangel a la AFP.

Loïc Berrou, jefe del servicio internacional de France 24 y quien se desempeñó como corresponsal de guerra, subrayó que en ocasiones los periodistas “no tienen más remedio que acompañar a una unidad militar para cubrir el conflicto” y a veces les toca aceptar sus condiciones. “Antes, los periodistas usaban chalecos diferentes a los de los soldados. En Irak, los estadounidenses cambiaron esa lógica al exigirles a los reporteros que llevaran el mismo atuendo para confundirse con la tropa”, explicó Berrou a la AFP.

Entre tanto, Andrés Morales, director de la Fundación para la Libertad de Prensa, resaltó que Langlois “hizo un periodismo que hoy en día en Colombia no lo hacen ni los mismos periodistas colombianos”. En los últimos años, el margen de maniobra para la cobertura del conflicto armado de casi medio siglo en Colombia se ha reducido con el rechazo de parte de las autoridades a que los periodistas establezcan contactos con las guerrillas. Incluso, en 2010 el gobierno colombiano acusó de complicidad a la cadena de televisión multiestatal Telesur por haber estado en un campamento guerrillero.

Colombia, que también ha sufrido las acciones de paramilitares de extrema derecha y de carteles del narcotráfico, es considerada todavía como una de las naciones más peligrosas para el ejercicio del periodismo.

El Espectador, Bogotá, mayo 2 de 2012.

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