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Un tratado de paz es un pacto, no un tribunal

Por Octavio Quintero  

Fasecolda (el gremio de los aseguradores en Colombia) puso sobre la mesa de su congreso anual el tema de la paz, y para abrir fuegos, invitó a Luis Moreno Ocampo, exfiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), quien se despachó con este argumento: “No puede haber paz con impunidad”…

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Por Octavio Quintero  

Fasecolda (el gremio de los aseguradores en Colombia) puso sobre la mesa de su congreso anual el tema de la paz, y para abrir fuegos, invitó a Luis Moreno Ocampo, exfiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), quien se despachó con este argumento: “No puede haber paz con impunidad”…

¡Hágame el favor!

En la versión que recoge El Tiempo de su conferencia se revela además la existencia de una carta de la señora, Fatou Bensouda, actual fiscal de la CPI, a la Corte Constitucional, en la que estima que “los máximos responsables de crímenes de lesa humanidad tienen que cumplir condena”.

El exguerrillero Navarro Wolf, consultado al respecto en esa misma información, la tiene clara… “Si la cárcel es lo que les espera a los cabecillas de las Farc, esto no conducirá a firmar la paz… Muchos de los que dicen apoyar el proceso quieren una paz que solo es posible conseguir en el campo de la guerra”.

¿Puede haber paz sin impunidad? ¿Qué es la paz? ¿Qué es la impunidad?
Estas preguntas nos las hicimos hace poco en estas mismas páginas para respondernos que la paz es “el pacto o convenio suscrito entre dos partes que se han ido a las armas para saldar diferencias y, en medio del fragor, se matan entre sí”.

Hemos recordado con frecuencia a Kant al decir, en su tratado de “La paz perpetua” que la paz que se pacta con reservas mentales sobre algunos objetivos (sin impunidad, por ejemplo), no es más que la cuota de una nueva guerra en el futuro inmediato.

Pero sería interesante que tanto el exfiscal como la actual fiscal de la CPI nos dijeran qué entienden ellos por impunidad. Seguramente responderían al rompe… “Es la falta de castigo”.

Ahí es donde se pone color de hormiga el asunto. Quienes quieren ver en la cárcel a los cabecillas de las Farc, son los mismos que no aceptan siquiera un juicio al Estado por el exterminio de la UP ni por el holocausto del Palacio de Justicia, como tampoco –y menos- alguna responsabilidad del expresidente Uribe en ese horror de los paramilitares que tuvo la gentiliza de extraditar como narcotraficantes para que todo aquí siguiera en la impunidad.

Resulta oportuno volver a preguntar: ¿Cuáles son los crímenes de las Farc? ¿Cuáles los del Estado? ¿Ante quién se deben confesar? ¿Y quién debe castigar a quién? Bueno, si nos vamos por aquí, a los diálogos no se les debiera llamar “mesa de paz” sino confesionario, y la agenda sería solo de dos puntos: 1) cuéntame tus crímenes y, 2) Yo te cuento los míos…

Pero, ahí nos volveríamos a enredar: ¿Quién castiga primero a quién? O, podría darse un castigo simultáneo de tú me das yo te doy. Eso sería, sencillamente, seguir en la guerra.

Fin de folio: Del Tratado de Versalles salió la condena a Alemania de indemnizar  todos los gastos y las bajas, decisión que llevó a Keynes (delegado inglés) a pronosticar la inminencia de una nueva  guerra.

16 de septiembre de 2013.

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