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Oscar Gutierrez Reyes

Una derrota que no nos amilana

Por Óscar Gutiérrez Reyes

Muchísimos son los problemas que aquejan a los usuarios de los servicios públicos domiciliarios, la mayor parte de los cuales corresponden a las reformas que se impusieron por el advenimiento de la Constitución del 91, que trajo aparejadas las políticas de privatización y apertura del sector

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Por Óscar Gutiérrez Reyes

Muchísimos son los problemas que aquejan a los usuarios de los servicios públicos domiciliarios, la mayor parte de los cuales corresponden a las reformas que se impusieron por el advenimiento de la Constitución del 91, que trajo aparejadas las políticas de privatización y apertura del sector

a poderosos monopolios privados  -tanto nacionales como extranjeros- y que le impuso, a través de la Ley 142 de 1994, a todas las empresas estatales comportarse como monopolios privados, aplicando las mismas fórmulas para el cálculo de las tarifas a los usuarios, así estas los despojen de buena parte de sus ingresos mensuales.

Pero, además de las condiciones abusivas con los usuarios, en la prestación de los servicios, los neoliberales -que se hicieron al control del Estado hace más de 20 años- optaron, igualmente, por apropiarse de las empresas públicas, asaltando al país y transfiriendo a menos precio los bienes que con tanto trabajo y esfuerzo ahorraron los colombianos en más de 50 años de construcción de las empresas estatales.

El comienzo de la política de privatización contó con el fuerte rechazo de importantes sectores populares y de una buena parte de las organizaciones sindicales del sector. Es histórica la resistencia que durante muchos años desplegaron los trabajadores de Telecom, Emcali, ETB, EPM y otras que aún quedan en manos de municipios o departamentos o, incluso, algunas que tienen una fuerte presencia de propiedad estatal, así estén sometidas –todos los días- a las ansias privatizadores de quienes mal gobiernan la nación.

Entre las que se lograron defender por muchos años debe destacarse UNE, como se decidió se llamaría una vez fuera separada de las empresas públicas de Medellín, EPM, y que, en la más desafortunada decisión que haya tomado el concejo de Medellín, será fusionada con Millicom, rebajándola en su valoración y sometiéndola a un manejo en el que “la parte ancha del embudo es para Millicom y la estrecha para UNE” según la exacta apreciación del diputado Jorge Gómez en Carta Abierta a los Concejales de Medellín.  

El que transitoriamente hayan derrotado a quienes defienden el patrimonio público y la propiedad estatal como formas de organización económica de la sociedad que facilitan la redistribución de la riqueza, devolviendo parte de las utilidades de las empresas, no quiere decir que no se siga la batalla por reversar las privatizaciones y las alianzas público-privadas, que para lo único que han servido es para que unos avivatos -que se dicen colombianos- actúen como calanchines y permitan que el capital extranjero se lucre, sin fin, del ahorro y patrimonio, al igual que de los recursos, de la nación colombiana.

Los neoliberales seguirán su cruzada para despojar al Estado y con él a los colombianos, de lo que aún queda del patrimonio nacional, los patriotas seguiremos también luchando con tenacidad y paciencia para derrotarlos y recuperar, lo que con sevicia y cinismo han entregado. Lo de UNE, es una derrota, pero no nos amilana.    

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