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Unos bellacos

Por Octavio Quintero  

Una muy seria y ponderada dirigente gremial trata de “bellacos” (en correo confidencial) a los legisladores, a raíz de la presión que ejercieron para lograr que se les restituyera la jugosa prima especial por prestación de servicios. Y, por supuesto, en el mismo epíteto ensarta a los funcionarios

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Por Octavio Quintero  

Una muy seria y ponderada dirigente gremial trata de “bellacos” (en correo confidencial) a los legisladores, a raíz de la presión que ejercieron para lograr que se les restituyera la jugosa prima especial por prestación de servicios. Y, por supuesto, en el mismo epíteto ensarta a los funcionarios

de “alta gama del Gobierno”.

La dirigente no pierde la esperanza de que algún día la gente reaccione contra tanto abuso que ya, descaradamente, empuerca la vida nacional de Colombia. “Dicen que todo lo que sucede en el Universo, no es precisamente accidente, sino una relación casi matemática entre CAUSA Y EFECTO. Amanecerá y veremos”, es su apuesta.

En esa metafísica esperanza pudiera enmarcarse la confrontación que acaba de registrarse entre dos importantes heliotropos de la burocracia en Colombia: la Contralora Sandra Morelli y el Fiscal, Eduardo Montenegro, quienes se recusan e investigan mutuamente, bajo una declarada “enemistad grave”.

Nadie en la historia de la humanidad podría reclamar haber derribado un Imperio… La historia lo que avala es que ellos se caen solitos, es decir, se derrumban bajo su propio peso.

Lo más reciente en este imaginario histórico es el derrumbe del comunismo, fechado en 1989, tras la caída del “Muro de Berlín”, preludiado en 1946 por el polaco, Karol Wojtila, futuro Papa Juan Pablo II (1978-2005), cuando ante la agresión comunista a uno de sus compañeros seminaristas lo consoló diciéndole: “No te preocupes, Stanislaw, se van a aniquilar a sí mismos” (cit. La Mentira Organizada, pg. 237).

Tomando Imperio por manguala (o mejor carrusel, que se dice hoy de aquellos que se asocian para delinquir), se puede colegir que la justicia no ha llegado a ellos por investigaciones propias, sino por vendettas que se destapan entre ellos mismos (se derrumban solitos).

La opinión pública tiene más noción de los tejemanejes del Fiscal como abogado exclusivo de ladrones de las EPS (Saludcoop, por ejemplo), que de la Contralora, que tampoco es pera en dulce, no al menos quien finja una amenaza de muerte para extirpar de su ámbito laboral un sindicato de trabajadores.

Ahí están –ella y él—agarrados de las mechas. Si los dejan, vamos a saber cosas de una y otro que tal vez nos sirvan para reaccionar en el sentido en que lo espera nuestra epistólica digital a quien, parodiando al Papa, Juan Pablo II, pudiéramos decirle también con piedad: “No te preocupes… se van a aniquilar a sí mismos”.

Fin de folio: Dios te oiga, Juan Pablo, ahora que Francisco te va a canonizar.

10 de octubre de 2013.

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