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Por José Arlex Arias Arias  



El pasado 15 de mayo, el Gobierno Nacional celebró con funcionarios de Estados Unidos el primer año de vigencia del Tratado de Libre Comercio –TLC– entre los dos países. Contra toda evidencia, nuestro gobierno nos ha querido tranquilizar, porque según su concepción,

todavía nuestras empresas nacionales –industriales y agropecuarias– pueden ser competitivas por el mercado de la más grande economía del mundo, que de paso le fue ofrecido a más de cien países con los cuales pactó TLCs, en su estrategia por tomarse los países para colocar sus excedentes de capitales, productos, bienes y servicios y recomponer su Tasa Interna de Retorno.



El tema es ideológico. Por una parte, los neoliberales conceptúan que el libre mercado nos traerá bienestar social; por eso ven en los Derechos Fundamentales una oportunidad de negocio. Pregonan que no existe imperialismo y reniegan de un Estado que defienda sus fronteras, no sólo territoriales, sino también las de su economía. Son los amigos de EEUU en su recolonización del mundo, niegan la historia o se hacen los autistas cuando se les recuerda cómo esa potencia nos arrebató a Panamá, con la complicidad de ese tipo de dirigentes. En su balance no aparece que por cada dólar que EEUU invierta en Colombia, se lleva cerca de un dólar y medio. Colocaron sus intereses por encima de los de la Nación; fácilmente clasifican como conspiradores.



Del otro lado están los productores nacionales y los defensores del Estado de bienestar social. Los primeros fueron  lanzados maniatados a luchar contra el gigante, mientras a los segundos se les acusa de dinosaurios por propender porque el Estado suministre a la población los Derechos Fundamentales. Todos profetizaron que Colombia será un perdedor en dicho acuerdo comercial, al que no dudaron en tildar como “una anexión de nuestra economía”, es decir, como una recolonización, de igual forma en la que la potencia se apropió de varios departamentos –estados– mexicanos y luego los recolonizó con el Tratado de Norte y Centro América, convirtiendo al país azteca en una gran maquila de las multinacionales, destruyendo su propia economía.



Según el senador del Polo, Jorge Robledo, “en este balance las Importaciones agrícolas han aumentado en 70%. De acuerdo con el Departamento de Agricultura de EEUU, entre junio de 2011 y marzo de 2012, cuando el TLC no estaba todavía vigente, las importaciones agrícolas colombianas sumaron 1.042.914 toneladas. Entre junio de 2012 y marzo de 2013, en plena vigencia del TLC, las importaciones fueron de 1.770.970 toneladas, lo que significa que con el Tratado han aumentado en 70%. En ese período las importaciones de arroz pasaron de 4.820 toneladas a 97.798, con variación de 1.929%;  leche: de 4.526 a 85.919 (creció 1.798%); carne de pavo: de 284 a 1067; carne de cerdo: de 1.123 a 16.788; soya: de 79.566 a 202.681; y productos oleaginosos: de 151.769 a 360.962, afectando así la producción nacional. De acuerdo con United States Census Bureau, las ventas de productos colombianos a EEUU en marzo de 2013, es decir, a diez meses de vigencia del TLC, cayeron en 18% comparadas con las de marzo de 2012, sin TLC. A contramano, para los mismos meses, las importaciones de productos norteamericanos crecieron en 9,31%, lo que demuestra que el TLC ha deteriorado la balanza comercial de bienes con Estados Unidos. Sumado a la revaluación del peso, el futuro del agro y la industria no es alentador”. EEUU lo ha dicho: tenemos intereses, no amigos. ¡Business are business!



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Cartagena, 20 de mayo de 2013.