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El candidato presidencial del Polo Democrático, Carlos Gaviria Díaz, plantea siete fórmulas para enfrentar el desempleo, derrotar la pobreza y la indigencia y crecer más.

¿Cuáles son los aspectos más importantes de su estrategia general en materia económica y social en caso de ser Presidente de Colombia?

La estrategia general será atender con prioridad la solución de los problemas más angustiantes y más sentidos de la población colombiana. En el campo social hay que enfrentar inmediatamente el problema de la pobreza y la indigencia que se derivan de la falta de empleo productivo y estable, los bajos ingresos, la exclusión, la injusticia, la discriminación y la ausencia de solidaridad del Estado y de la sociedad. En el campo económico será la puesta en marcha de un enérgico proceso de reactivación del campo, la industria y los servicios públicos y asistenciales, para frenar las políticas vigentes de desruralización del agro, de desindustrialización y de desmonte de los principales servicios, como la salud, la educación, la vivienda y los servicios conexos y la infraestructura.

Todos los países latinos, con contadas excepciones, están creciendo por encima del nivel colombiano ¿Qué hacer para que la economía crezca más?

Ninguna economía sin capacidad exportadora importante y real puede crecer en forma satisfactoria mientras tenga un lastre de más del 60 por ciento de la población en pobreza absoluta y de ésta alrededor del 10 en miseria, y si alrededor del 18 por ciento de los trabajadores están desempleados o subempleados, porque carece de demanda interna y dinamismo económico. Tampoco lo puede hacer si el sector agropecuario está estancado o en deterioro y si el país, siendo de industrialización incipiente, se encuentra en proceso de desindustrialización.

Y en particular en el tema social, hay asuntos críticos como la pobreza, la marginalidad, la deserción escolar y la carencia de servicios públicos. ¿Qué propone?

La solución de éstos y otros graves problemas sociales sólo puede ser el resultado de la combinación de desarrollo económico acelerado, pleno empleo y equidad socioeconómica. Pero las oligarquías y la dirigencia política del país no han estado ni están interesadas en la solución de dichos problemas. Si se analizan detenidamente las políticas económicas y sociales de los últimos 15 años se hace evidente que el país se encuentra en un acelerado proceso de debilitamiento del agro y de la industria, así como de disminución sistemática y precarización de las fuentes de empleo, deterioro de los salarios, desmonte y privatización de los servicios sociales, anulación de las conquistas de los trabajadores y de persecución de las organizaciones sindicales.

Hay quienes dicen que el problema social es un tema de educación. ¿Usted lo cree así?

El desarrollo social constituye una unidad integrada e indivisible que incluye empleo, ingreso, nutrición, salud, educación, vivienda, seguridad social, participación, movilidad social, oportunidades de éxito y varios otros factores afines, que no pueden parcelarse. La sola educación no basta y la mejor prueba es que el país está saturado de trabajadores alfabetizados, bachilleres, profesionales y hasta doctores que no encuentran empleo y que terminan obligados a asumir trabajos de muy bajo nivel, emigrar o incorporarse al narcotráfico, la delincuencia común, el paramilitarismo y la subversión.

¿La discusión sobre la distribución del ingreso en Colombia pasó de moda?

Todo lo contrario, estoy convencido de que hay mucho por hacer en este campo. Pero es importante tener en cuenta que hay que respetar y estimular el capital que produce desarrollo económico y desarrollo social. Hay que proteger y alentar las inversiones en capital de riego, de largo plazo y solidarias con los intereses sociales y nacionales. Al contrario, por ejemplo, hay que desalentar la usura y las inversiones meramente especulativas; hay que redistribuir la tierra improductiva y la adquirida a base de violencia organizada.

En Colombia se hace una reforma tributaria cada 13 o 14 meses y a renglón seguido se habla de reglas claras para la inversión. ¿Cuál es su posición al respecto?

En Colombia las llamadas "reformas tributarias" constituyen apenas simples recursos arbitristas para enjugar parcialmente el déficit crónico del fisco nacional, y una oportunidad para afianzar los mecanismos de inequidad y evasión. Y, como si fuera poco, no está exento de corrupción y la mejor prueba es que ya son varios los ex directores de impuestos y ex altos funcionarios que se encuentran sub judice.
Se necesita una reforma de fondo para imprimirle al sistema tributario las características que debe tener: carácter estructural, equidad, eficiencia, honestidad y concebida como instrumento estratégico de apoyo al desarrollo económico y social. El sistema tributario debe ser el eje del financiamiento del Estado, el mecanismo generador de equidad ciudadana y el instrumento estratégico estimulador del desarrollo nacional. Y el gasto público estará orientado prioritariamente hacia la inversión en desarrollo económico y la solución de los problemas más agobiantes de los colombianos.

¿Le introduciría cambios a la política de "seguridad democrática"?

Indudablemente que sí, por varias razones: En primer lugar, porque el presente conflicto armado que agobia al país desde hace alrededor de 60 años no es un fenómeno simplemente militar sino, fundamentalmente, político y social y, por tanto, no se supera con más violencia militar e intervención extranjera, sino resolviendo el conflicto que lo genera. Cada día más colombianos piensan que este dilatado conflicto interno no tendrá solución mientras el país siga sumido en la pobreza, el desempleo, la exclusión, la injusticia, la corrupción, la delincuencia común, la impunidad, la frustración, la desesperanza, la fuga de cerebros y de capitales y tantas otras desgracias juntas. Son varios los intentos que los gobiernos han hecho para enfrentar militarmente el problema y todos han fracasado, y en el presente el éxito de la "seguridad democrática" está cada día más en duda, porque ella privilegia a los terratenientes y algunos sectores turísticos, pero ha dejado desprotegidos y abandonados a su propia suerte a numerosas regiones campesinas y a la casi totalidad de las ciudades. Mientras tanto, el país paga un elevado y peligroso costo político, financiero, de soberanía y de desvío de los limitados recursos económicos que requieren los frentes básicos y estratégicos del desarrollo nacional. Este conflicto tiene que ser resuelto mediante negociación y superación de las causas. Porque lo importante y lo prioritario no es una paz impune, o una paz violenta y dictatorial, a la manera de la paz romana, la "pinochetista" o la "fujimorista" o la de los militares argentinos y uruguayos, o la que se pretende imponer en Irak, sino la solución justa y democrática de las causas del conflicto. Y esta solución no puede ser sólo militar.

Durante la campaña se estará en la última etapa de negociación del TLC con E.U. ¿Cuáles serán los puntos clave sobre el tema en los que haráénfasis en su campaña?

En primer lugar pensamos replantear el sentido de las negociaciones: Lo que más debe preocuparnos a los colombianos no es solo lograr un mayor acceso a los mercados norteamericanos o europeos para competir allí, porque tenemos muy pocos productos competitivos y de muy bajo nivel de valor agregado, porque carecemos del conocimiento científico y tecnológico, del capital y las escalas de producción para lograr un adecuado desempeño. Lo más preocupante es cómo defender la débil y precaria producción nacional de la avalancha incontenible sobre nuestro mercado interno de productos de mejor calidad, más baratos, más innovativos, con mejor marketing, con privilegios en nuestros supermercados y hasta con crédito para adquirirlos. En este sentido el gobierno y sus negociadores se han equivocado peligrosamente y esto lo plantearemos a la opinión pública con toda energía.
Otro aspecto que plantearemos es el de una estrategia alternativa a los TLC con los países industrializados y sus grandes imperios transnacionales. Pensamos que en materia de libre comercio y competitividad internacional, Colombia y los demás países latinoamericanos y del Caribe no tienen otra salida que la integración equitativa y democrática y con propósitos de mutuo beneficio, con países afines entre iguales, sin cláusulas discriminatorias, y sin superpoderes económicos y políticos conspirando contra los intereses nacionales. Ello permite disponer de mercados mayores, economías de escala en la producción, trueques y triangulaciones compensatorios e intercambios equitativos, alianzas estratégicas, un sistema de pagos interno sin tener que someterse al dólar o el euro, un frente defensivo común contra las grandes corporaciones transnacionales y muchas otras ventajas. Esto es lo que vienen haciendo los países de la Unión Europea desde hace 35 años y es precisamente esto lo que hoy los protege ante las embestidas de las grandes economías no europeas. Y esto es también lo que están haciendo los países suramericanos más importantes. Propondremos al país alianzas e integración con el Mercosur y con las otras asociaciones subregionales en marcha.

Hay quienes dicen que la revaluación es un fenómeno internacional y que no hay nada que hacer. ¿Se puede hacer algo?

Efectivamente, todo parece indicar que se trata de un fenómeno internacional, ya que el propio FMI y las grandes corporaciones internacionales están presionando a los países para la revaluación de sus monedas. Pero no hay certeza de que no se trate de fenómeno coyuntural y hay quienes piensan que en Colombia el lavado de dinero, el endeudamiento externo sistemático y creciente y la afluencia de "ayudas" para la supuesta "guerra contra el terrorismo" pueden estar presionando la situación. La revaluación del peso es un fenómeno de doble filo, que es coyuntural y que debe ser manejado con sentido de estrategia.

Pese a que hay una reducción de la tasa de desempleo no se nota un aumento significativo en la ocupación. ¿Cuál es su propuesta?

Las estadísticas oficiales disfrazan la gravedad del problema de la desocupación en el país, puesto que los sucesivos descensos de la tasa de desempleo no significan generación neta de puestos de trabajo sino porcentaje de desempleados que desisten cada trimestre de seguir buscando empleo, porque han perdido toda esperanza en encontrarlo.

Consideramos el desempleo la mayor desgracia familiar, el mayor factor de humillación y frustración y la mayor fuente de resentimiento para los trabajadores colombianos de todos los estratos y todas las regiones. Por eso daremos, junto con la solución del conflicto armado, prioridad a nuestra política de búsqueda agresiva del pleno empleo. También porque al generar empleo generamos poder de compra y éste genera demanda efectiva y, con ello abrimos posibilidades a la dinamización de la producción. Para generar masivamente empleo productivo tendremos que replantear el mal llamado "modelo de desarrollo"; y en este empeño proponemos una nueva estrategia de desarrollo equitativo y democrático que en materia de empleo apela a los siguientes frentes principales: a) La reindustrialización acelerada, estimulada y ampliada a la producción de herramientas, equipos para la construcción y los servicios sociales, electrodomésticos, metalmecánica, papel y cartón, equipos de oficina, maquinaria agrícola y vehículos, y varios otros rubros complementarios; b) La reagrarización y modernización del campo y su agroindustrialización, con base paralelamente en la inversión privada individual y la propiedad cooperativa, y la provisión de los servicios básicos para la producción y el mercadeo; c) La construcción masiva de infraestructura urbana y rural, en las áreas vial, eléctrica, de transporte, vivienda y servicios comunitarios; d) La recuperación ambiental y urbanística de los centros urbanos; e) Ampliación sustancial de las coberturas de los servicios de salud, educación, seguridad, recreación y demás servicios asistenciales; e) Reestructuración de la tenencia y explotación de la tierra rural y urbana, mediante la distribución de la tierra apropiada violentamente por el paramilitarismo y sus socios encubiertos, así como de los latifundios legítimos improductivos, todo ello con fines de reactivación de la producción y el empleo; f) reforestación masiva con fines de generación de empleo, producción industrial, combate a la erosión y contribución a la generación de oxigeno y estabilidad climática planetaria; g) desarrollo acelerado de los sectores minero y energético, aprovechando los cuantiosos recursos carboneros, petroleros, gasíferos, saliníferos y otros. Para asegurar la cooperación del capital privado e internacional en esta política de pleno empleo se aplicarán adecuados y atractivos estímulos y se crearán los mecanismos necesarios para su financiamiento.

¿Qué conservaría y quitaría del gobierno de Alvaro Uribe?

Conservaría el tesón, el compromiso con los propósitos, la constancia, el no perder de vista un solo momento qué es lo que se quiere y poner todos los medios al servicio de ese propósito. El empeño por la seguridad ciudadana pero dentro de un esquema muy distinto como el que expuse.

Desecharía el propósito de su Gobierno porque es muy diferente al mío. El de él es consolidar un statu quo muy inicuo que hay en Colombia ofreciéndole a la gente que la va a librar de la violencia. Ha prometido la derrota militar de la insurgencia y a pesar de que no se ha dado, la gente la sigue esperando y va a resultar todavía más costosa para el país la guerra. Desecharía también su tono autoritario. Pienso que un gobernante demócrata no puede tener no sólo el tono sino la actitud autoritaria del presidente y muchas veces, incluso, desdeñosa del derecho. Varias veces ha puesto sus propósitos por encima de las normas jurídicas que rigen la actividad de un gobernante. En lo económico desecharía fundamentalmente la filosofía que precede la política económica de Uribe que es una economía de mercado desbordada. No me gusta mucho utilizar el término pero me parece que toda su política económica está inspirada de neoliberalismo, de privatizaciones y cuando se privatiza se está cambiando la búsqueda del interés general por la búsqueda del lucro de las personas que se incorporan a la prestación de los servicios públicos buscando no el bien de la comunidad sino el enriquecimiento personal.

Radical, académico y político

El interés de las oligarquías en la educación de la población se debe a que necesitan asegurar recursos humanos capacitados, abundantes y redundantes para la producción.

El senador Carlos Gaviria, de 68 años, ex magistrado de la Corte Constitucional y un académico por excelencia, tiene la idea de llegar a la presidencia de la República con el apoyo del Partido Alternativa Democrática, agrupación de izquierda democrática que aglutina a varias organizaciones entre ellas al Partido Comunista, el Frente Social y Político y sectores independientes.

Vestido con traje azul oscuro, lleva en la solapa un Escudo de Antioquia y desde muy temprano comienza a recibir miembros de su partido en una casa alquilada en el tradicional barrio Teusaquillo de Bogotá, que ha puesto a funcionar como su sede política.

Aunque falta más un año para las elecciones y su agenda es muy apretada sigue disfrutando el tango y rechaza de plano la idea de "trabajar, trabajar y trabajar" que ha marcado al actual presidente Alvaro Uribe.
Claro está que le produce mucho malestar el hecho de que la gente no haga lo que debe hacer, no le gusta el desorden, es fanático de la limpieza y la pulcritud en lo físico, en lo político y en lo ético.

No pensó en llegar a la política pues dice que su sueño nunca fue el poder. Sin embargo, con una campaña de 120 millones de pesos y muchos votos de opinión, se convirtió en senador en el 2002 al obtener la quinta votación más alta del país. No obstante estos resultados, insiste en que sus sueños, su compromiso vital y su vocación han estado más ligadas al conocimiento que al poder.

Hizo sus estudios de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Antioquia entre 1957 y 1961. Se graduó con una tesis titulada "Apuntes para un Curso de Introducción al Estudio del Derecho", la cual recibió mención honorífica en el año 1965.

Toda su vida ha estado vinculado a la academia como profesor universitario, decano de Derecho, director del Instituto de Estudios Políticos, Vicerrector de la Universidad de Antioquia y quienes lo conocen dicen que cuando no dicta al menos una clase, se siente como "pez fuera del agua", extraña los debates y el pulso intelectual con sus colegas y sus estudiantes.

La experiencia y el conocimiento acumulados, lo han llevado a ser magistrado y presidente de la Corte Constitucional, a no olvidar a sus amigos y colegas asesinados en la década del 70 y 80 y a sentir que era su deber moral aceptar colaborar para cambiar la realidad del país.

El conocimiento entonces y sus convicciones lo han llevado a transitar el camino de la política y a convertirse en alternativa porque según él, en Colombia no existen propuestas ideológicas diferentes, los partidos tradicionales quieren en realidad lo mismo y lo que han hecho es simplemente repartirse la burocracia y el presupuesto.

Después de su paso por la Corte Constitucional, a donde llegó con respaldo del liberalismo, se adhirió al Frente Social y Político que decía tener una orientación de izquierda democrática, que es la que Gaviria siempre ha soñado hacer realidad.
Nadie desconoce sus cualidades intelectuales como tampoco su radicalismo en la defensa de lo que considera los derechos fundamentales: con gran claridad, así muchos no la compartan, defiende posiciones en temas como el manejo de la libre personalidad y más recientemente el aborto para casos especiales, asuntos que han generado una gran controversia entre distintos sectores sociales.

Portafolio, Bogotá, 11 de agosto de 2005.