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El de Hacienda: Ministerio de la sinvergüencería

Por Jaime Enríquez Sansón

Indigna, vulgar, vergonzosa para decir lo menos, la salida de la administración Santos para burlar al Consejo de Estado en la fábula de los sueldos que reciben los congresistas. Porque esta reedición de la conducta del “Derecho foral” o derecho de sobrecarta que resumían los navarros

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Por Jaime Enríquez Sansón

Indigna, vulgar, vergonzosa para decir lo menos, la salida de la administración Santos para burlar al Consejo de Estado en la fábula de los sueldos que reciben los congresistas. Porque esta reedición de la conducta del “Derecho foral” o derecho de sobrecarta que resumían los navarros en la expresión “Sea Acatado, pero no cumplido” y que en América dio paso al uso del “se obedece pero no se cumple”, convierte al Consejo de Estado en rey de burlas frente a un gobierno que no se atreve a pisar los callos de los senadores, representantes y demás altos funcionarios que devengan sueldos superiores a los quince millones de pesos. Todo para pasmo de los colombianos de a pie, para dolor y rabia de las familias que sobreviven a duras penas con un salario mínimo, para escándalo no sólo de la opinión internacional sino de los campesinos e indígenas a quienes no se les cumple lo prometido y por eso ya se preparan a un nuevo paro que podrá ser fatal para la economía colombiana.


La razón de la sinrazón

Pero detengámonos un momento en comprender la razón de una sinrazón. En la faena que le han dado estos días al gobierno nuestros padres de la patria, se buscaban motivos. Porque esos pases de pecho, esas manoletinas y esos envites con banderillas y todo, parecían obedecer a intereses particulares. Que si este senador tiene mordida en una EPS, que si el de más allá es dueño o socio de una distribuidora de medicamentos, que si la mujer o ciudadana preferida del de más allá trabaja en otra entidad prestadora de servicios de salud… Y que por eso se hacían los remolones, no iban a las sesiones del Senado, se salían para descompletar el quórum, buscaban inhabilitarse. En fin, se había tratado de una táctica por una razón general, que por supuesto no excluye las otras ya mencionadas: se buscaba presionar al gobierno de Santos para que les devolviera los seis o siete milloncitos recortados por orden del Consejo de Estado. Dicho en forma directa, la mayoría de honorables senadores obraban con disciplina y conciencia de manada. Y que no se nos ofendan, porque manada también se llaman cariñosamente los scouts cuando se reúnen para aprender buenas cosas y para ocupar sanamente el tiempo libre. Igual que nuestros congresistas.


Vuelve la normalidad

Como el ministro Mauricio Cárdenas ya decidió reponer las primas de localización y salud que el Consejo de Estado les tumbara a los congresistas y a los funcionarios que llevan sus sueldos amarrados de los sueldos de aquellos, y les dará casi ocho millones como reparación, ahora es muy probable que la ley sobre salud se apruebe en el debate respectivo y el presidente Santos ya no tendrá que desvelarse más, al menos pensando en ese tema, y podrá dedicarse a planear con más calma la estrategia de la reelección.

Mientras tanto, el pueblo elude la inseguridad de calles y caminos, se angustia por los efectos del TLC, pese a las afirmaciones de los adivinos del DANE padece por el desempleo, la economía doméstica está cada vez más anémica, se preparan las llantas, troncos y piedras para los bloqueos del paro, las urbes pululan con campesinos desplazados, y prenden las campañas electoreras con los congresistas repuestos del susto y con una prima que bien podría servir para ocupar a catorce, CATORCE o mas cabezas de familia que ganan salario mínimo. O sea que todo volverá a la normalidad de esta Colombia irredenta en donde son pocos, se cuentan con los dedos de las manos, los congresistas con carácter que no aceptarán esa prima de oprobio ofrecida por el Ministerio de Hacienda y Descrédito Público para volver al redil a los renuentes toreros del senado, que le estaban haciendo una cruel faena al toro de la reelección santista.


¿Y el Consejo de Estado?

No quisiera estar en los zapatos de los honorables magistrados del Consejo de Estado. Pues han sido objeto de una falta de respeto como pocas veces se ha visto. O como no se había visto antes. La cuchufleta de la administración terminó haciéndoles higas a los señores Magistrados que si dejan pasar este desafío, permitirán que tan alto tribunal como se dice ahora, se convierta en una mojiganga y esto es inaceptable en un estado de derecho como se supone es el nuestro. Los señores magistrados deben salir al paso de la prima ofrecida y ya establecida por el Ministerio de Hacienda, para demostrar su carácter y su autoridad. O – y este es un camino más fácil pero igualmente digno – deberán renunciar de inmediato porque no pueden permitir este precedente de manoseo, esta descarada burla, este desplante que nos hace sentir vergüenza ajena… y pena ajena, por supuesto.

Ya dejaron ver sus cartas tanto los congresistas oficialistas como el propio gobierno del presidente Santos. Tienen la palabra, les toca jugar o pasar a los honorables magistrados del Consejo de Estado.


jrenriquezs@yahoo.com

Pasto, 8 de octubre de 2013.

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