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El impresentable uribista Secretario de Ambiente del alcalde Enrique Peñalosa

La Silla Vacía  

Francisco Cruz Prada, el secretario de la administración Peñalosa que le “da mal ambiente”, es cuestionado por su desempeñó como gerente de la empresa Aerocafé en el departamento de Caldas, “un verdadero monumento al despilfarro”, razón por la cual la Contraloría le imputó cargos por un presunto detrimento patrimonial cercano a los 50 mil millones de pesos, a lo que se suma una investigación que tiene en la Fiscalía.

Además, el funcionario del gobierno de Peñalosa fue ficha política de Óscar Iván Zuluaga, su fugado “asesor espiritual” Luis Alfonso Hoyos, y la cuestionada excongresista Adriana Gutiérrez.

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La Silla Vacía  

Francisco Cruz Prada, el secretario de la administración Peñalosa que le “da mal ambiente”, es cuestionado por su desempeñó como gerente de la empresa Aerocafé en el departamento de Caldas, “un verdadero monumento al despilfarro”, razón por la cual la Contraloría le imputó cargos por un presunto detrimento patrimonial cercano a los 50 mil millones de pesos, a lo que se suma una investigación que tiene en la Fiscalía.

Además, el funcionario del gobierno de Peñalosa fue ficha política de Óscar Iván Zuluaga, su fugado “asesor espiritual” Luis Alfonso Hoyos, y la cuestionada excongresista Adriana Gutiérrez.

En Caldas hay un chiste: el único ‘avión’ que ha despegado del Aeropuerto del Café es su exgerente Francisco Cruz, el nuevo secretario de Ambiente de Enrique Peñalosa. En los pocos días que ha estado en el cargo, Cruz ha sido duramente criticado sobre todo por personas de Caldas que le atribuyen el descalabro de la obra.

El primero que desató la polémica fue el senador de La U, Mauricio Lizcano. “El mayor responsable del fracaso de Aerocafé en Caldas es Francisco Cruz, él fue uno de los primeros gerentes a los cuales se les entregó recursos de la Nación, más o menos 250 mil millones de pesos, en el gobierno de Álvaro Uribe, donde se hizo la pista de Aerocafé que tuvo varios cuestionamientos de tipo contractual y además dos o tres terraplenes hechos se cayeron“, dijo a RCN Radio. “Era el gerente en ese momento, salió por la puerta de atrás del departamento, con muchos cuestionamientos de tipo ético y de tipo contractual, no lo volvimos a ver en Caldas, por allá nunca volvió y ahora nos vinimos a enterar de que Enrique Peñalosa lo premia nombrándolo Secretario de Ambiente”.

Luego, la directora de la Corporación Cívica de Caldas, Adriana Villegas, se unió a la polémica y dijo que Cruz está siendo investigado por la Contraloría por un presunto detrimento patrimonial junto con otras 20 personas luego de que la Corporación y el periódico La Patria publicaran una investigación en la que se mostró un carrusel entre los contratistas que se ganaron la licitación de la obra y sus interventores quienes eran viejos  socios.

Por eso, La Silla investigó quién es y cómo y por qué llegó al cargo.

¿Quién es Francisco Cruz?

Francisco José Cruz Prada nació en Villavicencio pero desde muy joven vino a Bogotá a estudiar derecho a la Universidad La Gran Colombia y geología en la Universidad Nacional. Luego de graduarse, trabajó durante tres años como geólogo en la petrolera Chevron y luego pasó a trabajar con la también petrolera española Repsol en un proyecto de exploración en el departamento del Chocó. Ese fue el fin de su carrera en la industria petrolera, asegura él, porque entonces se interesó en el medio ambiente.

Renunció y se quedó en la selva para defender a los indígenas embera como abogado. Allí también entró al comité jurídico del recién creado Instituto de Investigaciones del Pacífico, que dependía del Ministerio de Medio Ambiente, y que se encargaba de emitir conceptos para normas ambientales en varias regiones del país.

A comienzos del 2002, Cruz se presentó a un concurso de méritos para aspirar a la dirección de Corpocaldas, la autoridad ambiental del departamento. Sentía que tenía la experiencia para hacerlo y además, allí vivía su esposa, a la que conoció en uno de sus viajes a la región como parte de las tareas de su trabajo.

“Yo no llegué a Caldas por amigos políticos, llegué por amor”, le dijo Cruz a La Silla.

El concurso lo ganó “en franca lid”, según una fuente que lo conoció en la época y que prefiere no dar su nombre. Durante los cuatro años que estuvo en el cargo generó buena imagen entre los caldenses y sus colegas ambientalistas, como recuerda hoy el ex ministro Manuel Rodríguez Becerra (uno de los ambientalistas críticos de Peñalosa) que lo conoció brevemente en ese entonces.

Cruz recuerda que dedicó la mayor parte de su trabajo a atender las emergencias por derrumbes asociados al invierno en el departamento y que fue en uno de esos derrumbes que conoció al entonces presidente Álvaro Uribe y a sus aliados más cercanos, Óscar Iván Zuluaga, Luis Alfonso Hoyos y la representante Adriana Gutiérrez.

En 2007, con el apoyo de los uribistas caldenses, donde además estaba Mauricio Lizcano, Cruz aspiró a la gobernación con el aval de La U. Una nota de El Tiempo aseguraba que él se hacía llamar “el auténtico uribista”.

“Me surgió la idea de que podríamos hacer una gobernación verde, fue mi idea”, recuerda.

Su contendor y quien resultó ganador fue Mario Aristizábal apoyado por el yepobarquismo. Ambos grupos, enemigos históricos en el departamento.

Lo que pasó después es lo que hoy tiene el nombre de Cruz en el ojo del huracán. Tras perder las elecciones, Cruz no quiso dejar el departamento y aspiró a la gerencia de la recién creada Asociación del Aeropuerto del Café, un proyecto que se está construyendo hace más de 30 años pero que hoy está prácticamente paralizado. Algo que en Caldas le atribuyen a Cruz.

El factor aeropuerto

En medio de toda la discusión sobre la construcción del aeropuerto del Café, en Palestina, Caldas, Óscar Iván Zuluaga, siendo ministro de Hacienda, se dio la pela para conseguir el presupuesto para esta megaobra.

Según cuenta una persona de la región, y que, como contó La Silla se publicó como rumor en La Patria de Manizales, Zuluaga le ofreció su apoyo presupuestal al Gobernador Mario Aristizábal y a cambio éste nombró a Francisco Cruz Prada, una ficha suya, al frente del proyecto.

La Silla corroboró con dos fuentes cercanas al proceso que efectivamente Zuluaga y Gutiérrez lo apoyaron para que fuera nombrado aunque no que hubiera sido a cambio de que el ministro le inyectara recursos al proyecto. Algo que además, Cruz niega. Asegura más bien que se ganó el puesto porque ya había trabajado como asesor de la Alcaldía de Manizales para analizar el diseño y el presupuesto de la obra.

En 2008 se posesionó en el cargo y desde entonces, tanto Cruz como el gobernador Aristizábal prometieron que durante ese gobierno iban a “aterrizar” la obra. Tanto, que según una fuente que ha investigado el tema, anunciaron que en el 2011, el aeropuerto entraría a funcionar.

A principios del 2010, después de dos años de Cruz estar al frente del proyecto, la obra parecía estar andando. Así lo corrobora un artículo de La Patria luego de una visita de empresarios y gremios al sitio de la obra dijeron “ahora sí podemos decir que existen grandes avances y un proyecto dinámico, como para garantizar que Aerocafé será una realidad”.

Sin embargo, en agosto, la Corporación Cívica de Caldas y el periódico La Patria publicaron una investigación que mostraba que los consorcios que se ganaron los contratos eran los mismos que estaban haciendo las interventorías de la obra.1 Las conexiones entre los contratistas eran a través de sociedades y venta de acciones en varias empresas que participaron en las licitaciones.  Además, denunciaron sobrecostos.

“Los trabajos, avaluados en casi 120 mil millones, quedaron en manos de un grupo de constructores que tienen negocios con sus interventores. Hay miembros que, por fuera de las obras de Aerocafé, son socios hace 13 años”, dice la nota.

Antes, el invierno ya había hecho estragos en las obras y se había desplomado parte de dos de los terraplenes donde se iba a construir el aeropuerto.

Las denuncias coincidieron con que por esas fechas, Cruz estaba presentando su renuncia a la gerencia de Aerocafé con la intención, dice él, de lanzarse nuevamente a la Gobernación en las elecciones del 2011. Su renuncia se haría efectiva ese primero de octubre.

“Ahí (cuando renuncié) fue donde surgió el problema”, dice Cruz. “Antes todo el mundo apoyaba [la obra]. Empecé la construcción del aeropuerto con auditorías permanentes, nunca hubo reparos”.

Frente al carrusel, Cruz dijo a La Silla que él no sabía que eran socios cuando contrató la obra.

“Yo le dije en ese momento a la Patria que los proponentes presentan una carta en la que, bajo la gravedad de juramento, manifiestan no estar inhabilitados. De lo contrario, ellos se hacen responsables. Yo actué bajo el principio de la buena fe y no violé en ninguna parte ningún principio legal”, dice Cruz frente a las denuncias por el carrusel de contratistas. “Desafortunadamente”, agrega, “ se mezcló un tema técnico con uno político”.

A partir de las denuncias, la Contraloría General de la República inició una investigación contra 31 personas naturales y jurídicas que participaron en el proyecto de Aerocafé. A mediados del 2012, la Contraloría exoneró a algunos de los implicados pero mantuvo la investigación contra 17 personas.

Además, pidió realizar un informe técnico que en febrero de 2013 concluyó que a los estudios y diseños les faltó rigurosidad y que, aunque el terreno tenía condiciones desfavorables, “todas ellas eran previsibles”.

Tras la investigación, la Contraloría compulsó copias a la Procuraduría y a la Fiscalía. Finalmente en noviembre del 2013, la Contraloría imputó cargos contra 21 personas entre las que estaba Cruz en un proceso de responsabilidad fiscal por un detrimento patrimonial de más de 16 mil millones de pesos. Ese proceso aún sigue abierto mientras que, según Cruz, la Procuraduría “que es la que estudia si hubo alguna conducta no transparente”, archivó la investigación en su contra.

 “Hay un fallo que me exonera de toda responsabilidad. En toda mi vida como funcionario público no he tenido ninguna sanción disciplinaria”, dijo.

Después de que estalló el escándalo, Cruz renunció a su aspiración a la Gobernación y se alejó de los círculos políticos del departamento que aún hoy le tienen desconfianza. En Caldas dicen que “se desvaneció” aunque él asegura que se quedó siendo profesor universitario y terminando su tesis de maestría en filosofía de la ciencia.

“Él empezó el proyecto bien, digamos, pero su apetito político – cuando quiso aspirar a la Gobernación y conseguir los recursos- ahí fue donde se le dañó la cabeza”, dice una fuente del departamento que lo apoyó en esa época.

“Él es causante de la debacle de Aerocafé. Nos montó en una película a los que lo apoyamos, a todos los caldenses. El ruido que causó la adjudicación de esos contratos puso en duda la honestidad en el manejo de recursos y le quitó el apoyo al desarrollo de ese proyecto”, agrega. Algo similar le dijeron a La Silla otras dos fuentes del departamento.

En 2012, “después del problema” como lo llama él, Cruz viajó a Bogotá y se presentó nuevamente en un concurso de méritos para ser director de la Corporación Autónoma de Cundinamarca, Car, “sin conocer a nadie”. No quedó.

Sin embargo, Alfred Ignacio Ballesteros que sí fue elegido, lo llamó al día siguiente y le ofreció la subdirección de evaluación y seguimiento ambiental por su hoja de vida, recuerda Cruz. Allí estuvo durante tres años y medio hasta la última semana de diciembre cuando Peñalosa lo llamó a ofrecerle la Secretaría.

De cuestionado en Caldas a Secretario en BogotáDespués de que ganó las elecciones, Peñalosa empezó a revelar a cuenta gotas y por twitter a su nuevo gabinete. A pesar de que el tema ambiental va a ser uno de los flancos de oposición del Gobierno de Peñalosa, como contó La Silla, la cartera de ambiente fue una de las últimas que se adjudicó y sólo se conoció el nombre de Cruz el día de la posesión.

La demora, según supo La Silla por tres fuentes que estuvieron cerca al proceso, fue porque muchos de los candidatos a los que se la ofrecieron rechazaron la propuesta. Por eso, después de que se supo quién era Cruz creció la especulación de por qué Peñalosa lo había nombrado.

Algunos dijeron que era cuota del uribismo o que era un recomendado del Ministro de Ambiente, Gabriel Vallejo, amigo de Peñalosa con quién trabajó en su primera alcaldía como gerente de Canal Capital. Ambos, sin embargo, negaron que ellos hubieran tenido que ver con el nombramiento de Cruz.

“Óscar Iván no puede sentarse con él ni en misa. Él le dio una puñalada con lo de Aerocafé”, dijo una fuente cercana a Oscar Iván Zuluaga.

El Ministro Vallejo también se lo negó tajantemente a La Silla: “no hay ninguna posibilidad de que Enrique me llame a preguntarme por un candidato que él tiene”, dijo. “Conocí a Cruz hace como 9 o 10 años en Manizales y sólo lo volví a ver hace cinco meses cuando fuí a una reunión en la Car”. Dijo que supo de su nombramiento porque Cruz lo llamó el 30 de diciembre a las 10 de la mañana a contarle que lo acababan de nombrar.

Para Cruz, Peñalosa lo eligió por varias razones. Primero, porque son viejos compañeros de ciclismo. Desde que volvió a Bogotá, Cruz sube en bicicleta frecuentemente a Patios, en la vía a la Calera y allí, después de encontrarse varias veces con Peñalosa comenzaron a hablar, a desayunar juntos, e intercambiar ideas sobre el medio ambiente.

Segundo, porque Cruz, como subdirector de la Car conoció las normas ambientales de la región y muchos de los problemas de Bogotá y sus vecinos en Cundinamarca.

Y finalmente, porque comparte y está de acuerdo con muchas de las propuestas de Peñalosa.

Aunque no lo dijo, Cruz también tiene otra ventaja que podría haber tenido en cuenta Peñalosa. Trabajó durante tres años en la Car donde Cruz conoció y tiene buena relación con el actual director, Néstor Franco, que antes de ser nombrado en octubre del año pasado, fue secretario general de la entidad desde que Cruz entró.

Esa cercanía con la CAR podría terminar siendo clave para ayudar a apalancar los proyectos que el Alcalde ha anunciado hasta ahora. Sobre todo, aquellos que desbordan la jurisdicción de la ciudad, y por lo tanto, pueden terminar necesitando el respaldo de la Corporación Regional.

Entre esos están por ejemplo la recuperación del río Bogotá, las nuevas vías de salida de la ciudad, la conexión del metro con Mosquera. E incluso, llegar a construir sobre la reserva Thomas Van der Hammen, uno de los temas que más despierta la antipatía de los ambientalistas.

Aunque Peñalosa ha sido ambiguo frente a sus planes con la Reserva y no ha confirmado que tratará de urbanizarla, si decide hacerlo tendría que modificar la reserva tal y como fue aprobada por la Car en el 2011 y para eso, según un ambientalista experto, “necesita el apoyo y decisión de la Car”.

Uno de los escenarios que podría estudiarse es que la reserva amplíe sus fronteras, creciendo fuera de los límites de la ciudad y en jurisdicción de otros municipios vecinos como Chía y Cota. Así, el nuevo concepto de protección será superior al que existe hoy y de esa forma, algunos de los terrenos que Peñalosa considera “potreros” podrían liberarse para que se pueda construir sobre ellos.           

“Él entiende los dos puntos de vista”, le dijo a La Silla una fuente cercana a Peñalosa.  “Eso podría ser muy importante para la ciudad. Su gestión en las entidades ambientales ha sido muy buena y tiene la experiencia técnica de la Car que es muy importante para temas como el río Bogotá, cerros orientales y la reserva forestal del norte que son claves para el manejo ambiental de Bogotá”.

Por ahora, Cruz ha dicho que respeta la medida que impuso la Car en la que en la Reserva no se puede construir.

“Es un tema de ley. La Reserva no permite construcciones”, le dijo Cruz a La Silla. Aunque sí está de acuerdo con el Alcalde en que un “gran porcentaje de la Reserva son potreros”.

Frente a las investigaciones en su contra, Cruz dice que no tiene ningún impedimento para posesionarse como Secretario de Peñalosa y confía en que la Contraloría fallará a su favor.1 Peñalosa, por ahora, no se ha pronunciado sobre el tema. Sin embargo, este ruido alrededor del Secretario de Ambiente de Peñalosa, precisamente en uno de los flancos más débiles del Alcalde, han enrarecido el ambiente.

La Silla Vacía, Bogotá.

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