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¿Paz exprés?

Por Ricardo Villa Sánchez  

El conflicto armado interno, irregular, prolongado y con raíces históricas de índole ideológica, más antiguo del mundo está a punto de terminar por la vía de la solución política negociada, dirían algunos expertos luego de los anuncios del avance en el punto 1.1 del proceso de paz

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Por Ricardo Villa Sánchez  

El conflicto armado interno, irregular, prolongado y con raíces históricas de índole ideológica, más antiguo del mundo está a punto de terminar por la vía de la solución política negociada, dirían algunos expertos luego de los anuncios del avance en el punto 1.1 del proceso de paz

de La Habana, entre el gobierno colombiano actual y la delegación de la cúpula de las Farc- EP. Sin embargo, restan los demás aspectos de los cinco puntos planteados inicialmente, en esta nueva versión del proceso de diálogo hacia una paz estable y duradera en nuestro país.

Poder desatar el nudo gordiano de la cuestión agraria, como diría el maestro Fals Borda,  para algunas de las abejas que han crecido en ese 74,3%% (Dane, Censo 2005) de la ‘matrix’ urbana, parecería nada del otro mundo, sin embargo, ha corrido buena sangre, odio, víctimas, despojo, guerras, paces, olvido, enclaves, resistencias, arrierías, conquista, colonización, exclusión y concentración de riqueza en esas tres cuartas partes de los municipios del país rural (75,5%), donde sobrevive el  31,6% de la población y que ocupa el 94,4% del territorio nacional (Informe Nacional de Desarrollo Humano, PNUD, 2011); por algo han dicho que este problema agrario aún no resuelto, es una de las ‘causas objetivas’ del conflicto.

Es de subrayar en negrilla que se haya avanzado en este acuerdo, que ya tiene antecedentes históricos no sólo en nuestra Constitución, sino en el punto 8.b de Los Acuerdos de La Uribe, o en lo correspondiente a las zonas de reserva campesina descritos en la Ley 160 de 1994 y, más que todo, con base en el  viejo aforismo materialista, espíritu de la Ley 200 de 1936: “la tierra para el que la trabaja”. Es decir, la pregunta acá sería, si el avance agrario de La Habana ya está en la Constitución y la ley, ¿cuánto tiempo hemos perdido matándonos entre hermanos en Colombia?, y ¿si en la Constitución de 1991 ya están los puntos del pacto agrario de La Habana, para qué Asamblea Nacional Constituyente u otro mecanismo para refrendar los acuerdos? Es más, queda claro que con el pacto agrario de La Habana, se reafirma que la paz es consolidar el Estado Social de Derecho establecido en la Constitución de 1991.

Lo grave es que de La Uribe en 1984 a Tlaxcala, al Caguán, a la similar versión de La Habana en 2013,  ¿Cuánta infamia nos hubiéramos evitado si desde hace tres décadas nos hubiésemos puesto de acuerdo? Es decir, para quienes hablan de que el proceso de paz con las Farc debe ser ‘exprés’ o no puede serlo, se olvidan que ya vamos para 30 años en ires y venires de la solución política por la vía del diálogo al conflicto armado, desde cuando empezó un samario a quien llamaban el Flaco a hablar del ‘Sancocho Nacional’.

Al final de cuentas, ¿cuál paz exprés?, si tal parece que en distintas épocas, coyunturas, lugares, es el mismo proceso, con los mismos actores pero con distintos interlocutores, tendiente a la búsqueda de la paz con justicia social y con apertura democrática o por lo menos, como terminación del conflicto armado. Ojalá pronto se puedan presentar nuevos resultados que no se queden en meros anuncios y no se empantane el proceso en las calenturas de la carrera presidencial. Remember habaneros, lo que dijo alguna vez Benjamín Franklin: nunca ha habido una buena guerra ni una mala paz.

Santa Marta, 27 de mayo de 2013.


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