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La farsa de las 10.000 becas

Por Darío Arenas Villegas / La Patria  

La revista Semana en su edición del 18 de enero presentó como una revolución educativa el programa “Ser pilo paga”, impulsado por la ministra de educación Gina Parody. Lo “revolucionario” consiste en la entrega de 10.000 becas para educación superior a jóvenes de estratos bajos. Nada más alejado de la realidad.

Las becas son apoyos económicos que se otorgan para cubrir la totalidad o parte del costo de los estudios de las personas por diversas razones: mérito académico, situación económica precaria, etc.

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Por Darío Arenas Villegas / La Patria  

La revista Semana en su edición del 18 de enero presentó como una revolución educativa el programa “Ser pilo paga”, impulsado por la ministra de educación Gina Parody. Lo “revolucionario” consiste en la entrega de 10.000 becas para educación superior a jóvenes de estratos bajos. Nada más alejado de la realidad.

Las becas son apoyos económicos que se otorgan para cubrir la totalidad o parte del costo de los estudios de las personas por diversas razones: mérito académico, situación económica precaria, etc.

Por su naturaleza las becas se constituyen en una ayuda para que las personas puedan realizar y culminar sus estudios y no en una herramienta que pueda perjudicarlas. Allí radica la primera mentira del programa ministerial. Las supuestas 10.000 becas son en realidad créditos educativos otorgados por el Ministerio de Educación a través del ICETEX que pueden ser condonados solo si el estudiante culmina la carrera, de lo contrario, si el joven llega a desertar, tendrá que asumir el costo del préstamo otorgado, incluidos intereses y demás pagos que impone la entidad crediticia. Las “becas” constituyen entonces una trampa que puede truncar las aspiraciones de miles de jóvenes del país que de ser beneficiados podrían terminar siendo deudores de una institución de crédito.

Los beneficiarios de los créditos deben pertenecer a Sisbén 1 ó 2, una de las poblaciones más vulnerables ya que el 47,8% de los estudiantes cuyas familias perciben menos de 2 salarios mínimos mensuales, abandona la universidad antes de finalizar sus estudios. Ante esta realidad, el ministerio otorgará un subsidio de sostenimiento que en promedio será de 2 salarios mínimos semestrales, es decir, 214 mil pesos mensuales, lo que difícilmente asegurará que los estudiantes resuelvan las necesidades económicas derivadas de sus estudios y de su estadía en otra ciudad.

Uno de los mitos agitados por la propaganda oficial y por la revista consiste en señalar que los 10.000 créditos cubrirán a una porción muy importante de los jóvenes del país, lo que contrasta con los datos que aporta el mismo Ministerio de Educación. En 2013 presentaron las Pruebas Saber 11 más de 682 mil estudiantes en toda Colombia, lo que implica que los beneficiarios de los créditos significan apenas el 1,4% de los estudiantes que presentaron el examen de Estado. Demuestra -por lo menos- falta de rigor periodístico Semana al tildar de revolucionario un programa que cubrirá a menos del 2% de la población a la que está dirigida y que no es lo que clama ser.

Uno de los aspectos más lesivos de los 10.000 créditos es que profundizan el modelo de educación superior colombiano, cimentado en el impulso a la educación privada, la promoción del crédito educativo y el desamparo al sector público. 21 de las 33 instituciones de educación superior seleccionadas por el ministerio son privadas y de acuerdo al ex rector de la Universidad Nacional Moisés Wasserman, el 96% de los beneficiarios del crédito se inscribieron en este tipo de instituciones. Así las cosas, se continúa por la senda de transferirle recursos públicos a las entidades privadas ya que la mayor parte de los 150 mil millones de pesos que costará el programa se dirigirán a este tipo de universidades.

Hay una diferencia sustancial entre un crédito y una beca, y existe un abismo entre un apoyo económico y educación gratuita garantizada por el Estado. El problema con Santos y Parody no es conceptual, es político. Ambos conciben a la educación como un sector para hacer asistencialismo, perpetuar los privilegios y favorecer a los privados, y no como una herramienta que sirva al crecimiento personal y al desarrollo de la nación. No se trata de ser pilo, se trata de que el Estado colombiano asuma su responsabilidad y brinde oportunidades reales y de calidad para todos los jóvenes del país.

La Patria, Manizales.

 

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