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LAS ENSEÑANZAS DE UNA REVOLUCIÓN

Hay toda una tendencia historiográfica que presenta nuestra Revolución de Independencia (1810-1819) como una guerra civil o como la respuesta de la “aristocracia criolla” y sus redes de parentesco, a la coyuntura (1808-1810: invasión napoleónica, abdicación de Carlos IV y Fernando VII, nombramiento de José Bonaparte como rey de España, Junta Suprema de Gobierno y Consejo de Regencia en España, Juntas de Gobierno en América) que le dio la opción de ser poder político y de ocupar los cargos públicos de que había sido despojada por los reyes borbones en el siglo XVIII.

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Hay toda una tendencia historiográfica que presenta nuestra Revolución de Independencia (1810-1819) como una guerra civil o como la respuesta de la “aristocracia criolla” y sus redes de parentesco, a la coyuntura (1808-1810: invasión napoleónica, abdicación de Carlos IV y Fernando VII, nombramiento de José Bonaparte como rey de España, Junta Suprema de Gobierno y Consejo de Regencia en España, Juntas de Gobierno en América) que le dio la opción de ser poder político y de ocupar los cargos públicos de que había sido despojada por los reyes borbones en el siglo XVIII.

Hay toda una tendencia historiográfica que presenta nuestra Revolución de Independencia (1810-1819) como una guerra civil o como la respuesta de la “aristocracia criolla” y sus redes de parentesco, a la coyuntura (1808-1810: invasión napoleónica, abdicación de Carlos IV y Fernando VII, nombramiento de José Bonaparte como rey de España, Junta Suprema de Gobierno y Consejo de Regencia en España, Juntas de Gobierno en América) que le dio la opción de ser poder político y de ocupar los cargos públicos de que había sido despojada por los reyes borbones en el siglo XVIII.

Guerra civil, se dice, en cuanto muchos españoles se integraron al ejército patriota, y muchos criollos, mestizos, indígenas y esclavos defendieron hasta la muerte la causa del rey. Aclaremos algo: no se trataba exclusivamente del origen geográfico de los combatientes. Se trataba de una concepción del Estado: se era partidario de la monarquía absoluta que encarnaba Fernando VII con todo su aparato jurídico y político, la permanencia del colonialismo y sus consecuencias en la estructura económica (feudalismo) o se compartía la aspiración a una nación independiente y a una República, regida por una constitución, con separación de poderes, con ciudadanos en vez de súbditos, con libertades individuales, con elecciones, libre empresa, libre comercio, etc. Esto es lo que hay que precisar: los americanos que apoyaron al rey defendían el antiguo régimen feudal y los españoles que se unieron a los ejércitos patriotas eran republicanos. Claro que los guarismos son claros: la mayoría de los americanos, en nuestro caso granadinos, apoyaron la Independencia; la mayoría de los españoles, los chapetones, se la jugaron por el rey. Cosa semejante sucedió con los esclavos y los indígenas: la mayoría estuvieron al margen como correspondía a “castas”, marginadas de la vida social, por las instituciones de la esclavitud y los resguardos. Pero si los indígenas y mestizos pastusos apoyaron al rey aupados por los curas y el ofrecimiento de un estatus para la ciudad semejante al de Quito, los indígenas de Tierradentro estuvieron con Nariño. Los indígenas, mestizos, mulatos y los pardos de los Llanos sobre todo colombianos (Casanare) desde 1810 fueron insurgentes. Y así sucesivamente.

¿Qué no se hicieron reformas sociales de fondo? Evidente. En Cúcuta, en 1821, se enfrentaron los demócratas contra los terratenientes y esclavistas, por la esclavitud y los resguardos y por el oprobioso Tributo de Indios. Pero como correspondía a una constitución de compromiso, en un momento en que todavía España controlaba prácticamente todo el subcontinente, la solución fue mediada: Libertad de vientres o de partos. El Tributo de Indios se abolió y se restauró una y otra vez y finalmente se mantuvo a instancias de Bolívar. El Estanco del Tabaco no se pudo suprimir, aunque varias de las constituciones de la Primera República lo hicieron, porque era el único recurso del Estado. Sin esa renta no habría ni para pagar la pólvora. Al igual los restantes impuestos coloniales. Aquí cabe una analogía: los Estados Unidos se independizaron gracias a una estrecha alianza entre la burguesía norteña y los terratenientes esclavistas del sur y solo liberaron los esclavos al final de la Guerra de Secesión, casi 80 años después.

Lo que sí es evidente son varias cosas:
1. Los argumentos económicos, políticos y culturales de los patriotas, enunciados desde mediados de la década del 90, por Francisco de Miranda, Pedro Fermín de Vargas, Antonio Nariño, Ignacio de Herrera, Camilo Torres, Caldas, Bolívar y muchos otros, y que fueron plasmados en las primeras constituciones, nos demuestran que más que una guerra civil o las ambiciones de la aristocracia, lo que puso a la orden del día la necesidad de la Independencia, fue un conjunto de reivindicaciones que se correspondían con la revolución democrática que sacudía al mundo. Presentamos una síntesis de las motivaciones de los granadinos tomada de diversos documentos: a). El monopolio comercial que impedía el comercio con el mundo, sobre todo con Inglaterra, Francia, Holanda y los Estados Unidos, al tiempo que nos convertía en consumidores de los productos industriales de estos países. b). La prohibición de la producción industrial. c). El monopolio de la exportación del oro. La nueva Granada era el segundo exportador mundial de oro en el XVIII, así como había sido el primero en el XVII. d). El estanco del tabaco y el aguardiente. e). La innumerable cantidad de impuestos que afectaban la producción, el cambio y el consumo, los empleos públicos y los cargos religiosos, como la alcabala, el almojarifazgo, las guías y tornaguías, los pontazgos, la mesada eclesiástica. f). La mala distribución de las tierras. g). La expropiación de los resguardos y el tributo de indios. h). La falta de hábitos productivos y el desprecio a las actividades económicas. i). El desprecio a la ciencia y el predominio de la visión mágica del mundo, pese a las reformas de Francisco Antonio Moreno y Escandón, el Sabio Mutis, Francisco José de Caldas, los profesores del San Bartolomé y el Rosario y hasta el mismo arzobispo-virrey Caballero y Góngora. Todos estos criterios correspondían a la ideología liberal y expresaban la urgente necesidad de liberar de obstáculos la naciente economía moderna.

2. El carácter popular de la Independencia y el apoyo, desde siempre, pero principalmente desde 1816, de los criollos, los mestizos, cientos de mujeres y de curas, los comerciantes, la juventud, los artesanos, los pequeños y medianos propietarios agrarios e incluso hasta de los terratenientes y los esclavistas. Hoy es absolutamente claro que el 20 de julio fue un motín popular, que contó incluso, desde el día siguiente, con refuerzos de las ciudades, villas y corregimientos cercanos a la capital. Soacha, Choachí, Chía, Chocontá, Usaquén, Chocontá, Fontibón, Facatativá, enviaron hombres y armas para respaldar a los insurgentes . Los eventos del Socorro, anteriores al 20 de Julio, también fueron multitudinarios, al igual que los de Cartagena, El Socorro, Cali y Pamplona. ¿Qué decir del ejército llanero?, ¿del apoyo masivo al ejército antes, durante y después de la Batalla de Boyacá? ¿Y de las guerrillas de Coromoro, los Almeida, etc.? ¿Cómo callar los hechos del río Pienta en Charalá?

3. Una vez definido que lo central era la Independencia se formó una coalición de clases, sectores sociales y estamentos, que reunió a la mayoría de la población. En 1819, Barreiro estaba derrotado, antes de las grandes batallas, por el peso del apoyo a los insurgentes de los habitantes de las provincias del Casanare, Pamplona, El Socorro y Santa Fe, apoyo que brindaba desde la gente de “pata al suelo” hasta los terratenientes como Juana Velasco de Gallo y la mayoría de los religiosos de estas provincias. Ya antes en 1812, doña María Concepción Loperena de Fernández de Castro, en Valledupar, se había puesto al servicio de Bolívar. Y no podía ser para menos: La Independencia era una causa que necesariamente los comprometía a todos y así lo entendieron los dirigentes de la Revolución. Las ideas de nación, de una patria con fronteras definidas, de una soberanía no atada al derecho divino de los monarcas y la condición de ciudadanos libres en una economía libre, en 1819, en comparación con los finales del siglo XVIII y la primera década del siglo XIX, habían logrado una gran audiencia y obraban como “Ideas Fuerza” en la conciencia de los granadinos.

4. El Congreso de Angostura (1819) y la Constitución de Cúcuta (1821) resolvieron lo que había que resolver: Soberanía y República. En un país despoblado, 2.379.888 personas según el Censo de 1825 (Colombia, apenas 1.400.000), sin vías de comunicación, que no había colonizado su frontera interior, con una economía autárquica y exhausta por 9 años de guerra y de expropiaciones, un sector moderno de la economía asfixiado por el régimen feudal y con una población en un 80% analfabeta, estos logros eran lo alcanzable. Lo fundamental para esa coyuntura histórica fue la conquista de la soberanía.

Para este Bicentenario, quisiéramos que todos los colombianos y en particular los trabajadores, grabaran en letras de molde el artículo 1 de la constitución de Cúcuta de 1821: “La nación colombiana es para siempre e irrevocablemente libre e independiente de la monarquía española y de cualquier otra potencia o dominación extranjera…”. Bien vale repetir hasta el cansancio este artículo cuando la apertura económica, los TLC, las inversiones extranjeras directas IED, la OCDE, la privatización de los bienes de patrimonio público y la hegemonía de las transnacionales nos indican que, hoy otra vez, nos vemos en la obligación histórica de recuperar nuestra soberanía.

Observación: La documentación y las fuentes de lo aquí expuesto se encuentran en el texto: Significado histórico y político del Bicentenario de la Independencia (1819.2019), de próxima edición.

 

Gustavo Adolfo Quesada Vanegas
Miembro de la Junta Directiva e investigador de CEDETRABAJO
Miembro de La UNA

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