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Lo del presidente Santos es una declaratoria de guerra ambiental

Por Yolima Vargas Garzón  

Muy bien lo dice Alfredo Molano en su columna Servicio al cliente: “El presidente Santos nada dijo en el discurso de reposesión sobre medio ambiente. Nada. Nada. O mucho desde otro punto de vista: un vacío siempre es un mensaje”

Y el vacío en este tema no es nuevo, Santos le teme a la furia que el tema ambiental desata en la opinión de los colombianos.

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Por Yolima Vargas Garzón  

Muy bien lo dice Alfredo Molano en su columna Servicio al cliente: “El presidente Santos nada dijo en el discurso de reposesión sobre medio ambiente. Nada. Nada. O mucho desde otro punto de vista: un vacío siempre es un mensaje”

Y el vacío en este tema no es nuevo, Santos le teme a la furia que el tema ambiental desata en la opinión de los colombianos.

No es para menos, las protestas ciudadanas lograron echar abajo el proyecto de venta del Parque Tayrona, que según la Silla vacía habría sido pactado por uno de los hermanos del presidente Santos, por el que fuera ministro de comercio, industria y turismo Sergio Díaz-Granados y la empresa Daabon SAS de la que el hermano del exministro de comercio era socio (para mayor información consultar: “El engaño del negocio verde en el Tayrona“).

Pero ese negocio, el de la venta del Tayrona a la hora de la verdad es pequeño en comparación a otros más jugosos y grandes como la venta del Amazonas para minería; del Magdalena Medio para Fracking; del páramo más grande del mundo, el Sumapáz, para explotación petrolera; o del Vichada para la agroindustria, entre tantos otros.

El presidente Santos inicia su segundo mandato con una declaratoria de guerra a la conservación de ecosistemas estratégicos en el país. Su ofensiva inició desde la ausencia del tema ambiental en la campaña y se ha consolidado con dos movimientos: el nombramiento de un ministro de ambiente experto en mercadeo y no en ambiente (Gabriel Vallejo, nuevo ministro de ambiente), y el anuncio de que el Ministerio de Minas, en últimas será quién decida si en Colombia un área ambiental en buen estado de conservación podrá ser declarada, incluida o excluida de alguna de las figuras que permitan su protección (Áreas protegidas se definirán en conjunto con Minminas).

La estrategia ya está montada, consiste en la metáfora del lobo disfrazado de oveja: las comunicaciones oficiales estarán dedicadas a hacer propaganda sobre las buenas intenciones del gobierno en la formulación (más no implementación) de insuficientes programas de “adaptación al cambio climático”, mientras se ejecuta con celeridad la venta de ecosistemas bien conservados del país para explotación “privada” de recursos naturales.

No hay tiempo para llegar a acuerdos con el presidente Santos sobre el futuro ambiental del país, las cartas están sobre la mesa. Los colombianos no tienen otra opción diferente que la de resistirse de manera pacífica a un plan siniestro que promete exacerbar los problemas ambientales que hoy ya son crónicos y dejan miles de afectados por sequías e inundaciones.
La amenaza ambiental sobre Colombia no es un problema solo nacional. Se nos dio el privilegio de nacer en un país con ecosistemas complejos y tan especiales, que de ellos depende la salud del clima global. Es nuestra responsabilidad como colombianos, pero también como ciudadanos del mundo luchar por su protección.

La política ambiental del presidente Santos descansa sobre una falsa ilusión que plantea que la única manera de “adaptarse al cambio climático” es dejar que el mercado financiero sea el que regule la explotación de los recursos naturales del país. Pero como habría dicho Einstein “no es posible solucionar un problema, haciendo uso de la misma lógica que lo creó”. El sistema financiero mundial ha provocado que se consuman a gran velocidad los recursos ambientales que deberían ser conservados para garantizar el bienestar de la humanidad, todo para satisfacer las expectativas de riqueza de unos pocos.

No es mi intención en esta columna cuestionar si el gobierno del presidente Santos es consciente de lo falsa que es la ilusión de la conservación en manos del mercado financiero. En cambio sí es mi responsabilidad escribir, que esta figura es la excusa perfecta para endosar recursos naturales públicos y de propiedad de los colombianos a empresas y multinacionales privadas. Esto no es nuevo, ya se ha hecho antes en Colombia bajo otras figuras o excusas, el mejor ejemplo es la venta de las reservas de carbón del país, que hoy ya no nos pertenecen y son propiedad de Drummond y El Cerrejón.

La declaratoria de guerra ambiental del presidente Santos ya está hecha. De nosotros los colombianos dependerá que los profesores de ciencias en las universidades puedan seguir enseñándole a sus estudiantes que Colombia es uno de los países más megadiversos del mundo.

 

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