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Santiago Rivas: sobreviviendo a la censura

El expresentador de “Los puros criollos” cuenta cómo siguió adelante después del escándalo que desató su denuncia sobre el proyecto de Ley Mintic y la posterior censura de la que fue víctima por parte de Juan Pablo Bieri, exgerente de RTVC.

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El expresentador de “Los puros criollos” cuenta cómo siguió adelante después del escándalo que desató su denuncia sobre el proyecto de Ley Mintic y la posterior censura de la que fue víctima por parte de Juan Pablo Bieri, exgerente de RTVC.

 

El expresentador de “Los puros criollos” cuenta cómo siguió adelante después del escándalo que desató su denuncia sobre el proyecto de Ley Mintic y la posterior censura de la que fue víctima por parte de Juan Pablo Bieri, exgerente de RTVC.

“Trato de no pensar mucho en eso y de no vivir mi vida con miedo. Ese sería un triunfo para ellos”, me dijo Santiago Rivas cuando le pregunté si aún se sentía inseguro, como lo mencionó en una reciente entrevista para la revista Cromos. Tiene 37 años y le dedicó 11 a grabar Los puros criollos, programa que se terminó después de que se atrevió a denunciar el proyecto de Ley Mintic en un capítulo de La Pulla. Lo llamé para preguntarle qué estaba haciendo actualmente, cuáles eran sus planes, proyectos o sueños. Quise hablar con él para que me contara cómo se sigue adelante después de un revolcón que lo convirtió en el “sabor del mes” en Colombia, como él dice.

Rivas ya no se siente perseguido porque es consciente de que una noticia en Colombia no dura mucho. Ahora que ya no tiene trabajo formal, se ha dedicado a intentar descansar del porrazo que recibió en diciembre por cuenta de su denuncia y la posterior reacción de Juan Pablo Bieri, el gerente de RTVC en ese entonces, que decidió censurarlo porque se había atrevido a hablar mal del lugar “que le daba de comer”. En Colombia no es extraño que los cargos públicos sean ocupados por alguien a quien se le deba un favor, pero antes, y según Rivas, los cambios de gerencia en esa entidad no habían generado tanta preocupación. Y es que es inevitable que no salgan risas de frustración y hasta de asombro al escuchar a un funcionario público ignorar que quienes pagamos los productos públicos somos nosotros, los ciudadanos.

A él, que tanto defiende el humor como herramienta para decir verdades necesarias y crudas, le tocó enfrentarse a un absurdo que confirmó, una vez más, que en Colombia controvertir es igual a ponerse una soga al cuello. Sí, lo que vivió fue un chiste, uno de mal gusto, de esos que todos los días nos cuentan por medio de titulares con los que, seguramente, todos reaccionamos con una risa dolorosa y la malgastada frase: “Esto solo pasa en Colombia”.

Ahora, después de que el aluvión de entrevistas, señalamientos, reclamos, apoyos y noticias falsas mermaron, sus días se inician con un partido de fútbol o una clase de tenis. Después regresa a su casa, desayuna y decide si se quedará escribiendo algún artículo o saldrá a alguna reunión, porque ahora va a muchas, casi todos los días tiene una cita para encontrarse a hablar de proyectos que aún no están definidos ni tienen ningún presupuesto aprobado. “A nadie le pagan por ir a reuniones”, así que es algo que logra quitarle la tranquilidad, pero la recupera con el almuerzo, que procura cocinarlo en la casa. Cuando puede lo comparte con su novia, cuando no, come algo en la calle. En la tarde procrastina, “le hace pereza al almuerzo”, echa globos. Sus noches transcurren entre libros, más trabajo o algún juego que le coquetee al sueño. Dice que no hace mucho, pero que tampoco puede no hacer nada. Ahora le cuesta concentrarse y terminar sus pendientes: trabajos de diseño, artículos, charlas. Entre más ocupado, más le rinde.

“Agotado”, eso me respondió cuando le pregunté cómo se sentía emocional y físicamente. Rivas necesita una serie de circunstancias externas que le colaboren para que su rutina funcione y produzca a los ritmos que esperaría. “Es una cosa muy brava estar en medio de estas cosas”, agregó. Después de que renunció a Caracol Radio y decidió dar la pelea en contra del proyecto de ley, habla con una voz que sentí cercana a la de la incomodidad por el desubique. Como si no entendiera muy bien qué pasa ahora, pero conserva una calma que le nace de la intuición o la esperanza. Sabe que ha sido afortunado y es agradecido. “La vida ha sido benévola conmigo”, ha podido pagar los recibos y recibe propuestas que aún no ha incorporado, pero que le soportan las ilusiones.

Rivas conoce el lugar del que proviene, y, aunque es evidente que lo quiere, no niega sus defectos, pesares e incoherencias. Que en Colombia los favores políticos se pagan con burocracia: sí, lo tiene claro. Que todos los gobiernos dicen que está vez sí, que seguramente sí seremos el país soñado (aplica para cualquier época), pero nunca pasa nada: también lo sabe, es más, se prepara para que todo cambie para mal. Para él es evidente que la gran mayoría de personas que integran esta administración no entiende cuál es el sentido de la palabra servicio. “No tienen claro cuál es el sentido de montar un aparato en torno al servicio como lo es el Estado”, y ese es el gran origen que para él seguirá ocasionado que en Colombia todo se ejecute al revés. Es de donde se podría explicar que un gerente de una entidad pública como RTVC diga que el dinero que le paga el Estado a sus funcionarios salé de ahí, del bolsillo de ellos.

La batalla en contra del proyecto de ley Mintic continuará. “No creo que valga la pena hacerse matar por nada en Colombia, pero hay luchas que deben darse en todos los países democráticos”, dice el expresentador de Los puros criollos, que cree que esta pelea tiene un propósito que va más allá de las argucias con las que le quieran seguir bloqueando el camino. Santiago Rivas seguirá adelante porque aún quiere, porque no dejará de explorar y porque este episodio de su vida lo está tomando como una posibilidad de descubrir zonas desconocidas. “No me puedo morir. Hay que adaptarse, y si la televisión y la radio públicas dejan de ser una opción, pues algo tendré que hacer. El regalo está en el proceso, no en el fin”.

 

Tomado de https://www.elespectador.com

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