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A las puertas de Davos

Por Octavio Quintero  

Puede resultar delinquiendo fácilmente un pobre que lucha por la vida y hasta, incluso, ese que desde una posición política defiende al pobre… Pero resulta legal explotar a los pobres y “gobernar para las élites”.

Aparece entre comillas esto último porque así se titula el informe que la Oxfam

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Por Octavio Quintero  

Puede resultar delinquiendo fácilmente un pobre que lucha por la vida y hasta, incluso, ese que desde una posición política defiende al pobre… Pero resulta legal explotar a los pobres y “gobernar para las élites”.

Aparece entre comillas esto último porque así se titula el informe que la Oxfam

Intermón lanza hoy, vísperas de Davos 2014, que congrega a los líderes del mundo preocupados –o haciéndose–, por la creciente anchura que persiste entre las orillas de una riqueza extrema y una extrema pobreza.

“La mitad de la renta mundial está en manos del 1% más rico de la población”, revela el informe… Y no necesitaría decir más: ni cuánta es la mitad de la población mundial, ni cuánto es el 1% de esa población más rica, ni menos, a cuánto asciende la renta mundial para percibir, si hubiera conciencia social, de que aquí se está cometiendo un crimen de lesa humanidad.

Claro que si se le ponen cifras concretas al enunciado, se puede observar la magnitud de la tragedia humana: hoy, 85 personas más pudientes acumulan igual cantidad de riqueza (110 billones de dólares) que 3.500 millones de personas pobres.

Se dice en el discurso de los gobernantes, y sobre todo cuando están de candidatos, que “estamos seriamente luchando contra esta desigualdad social”. Pero no, Colombia, por ejemplo, con una población de aproximadamente 47 millones de habitantes, comporta un índice de pobreza del 45 por ciento, y esta relación porcentual es igual a la que se daba en los mismos términos hace 30 años (1984).

¿Es políticamente sostenible la situación? Parece que sí, al menos en Colombia… Póngase cuidado y verá que en estas elecciones de Congreso y presidencial que tenemos ad portas, resultamos eligiendo, en su gran mayoría, a los mismos congresistas y reeligiendo al mismo Presidente que, de manera muy sibilina, ha encarnado una fiera lucha con su antiguo mejor amigo quien ha pasado a ser, en el mismo lenguaje sibilino de Santos, su nuevo mejor enemigo.

Ellos, como reza el informe de Oxfam, gobiernan para las élites… Y los ejemplos son tan crueles que resultan a veces ofensivos: ¿Qué tal la solución que se le dio al problema de la dieta (en términos económicos) de los parlamentarios, comparado con el incremento del salario mínimo a los trabajadores activos o la dieta (en términos de vida) de los pensionados? ¿Y qué tal si encontramos en los últimos 10 años el incremento de las utilidades de los más ricos y lo contrastamos con el incremento (si es que hubo) del ingreso de los más pobres? Y no resultaría menos ofensivo el régimen tributario que en los últimos años, ha desmontado impuestos de renta y patrimonio a los ricos, compensados, al otro lado del balance, con una mayor carga de impuestos indirectos como el IVA a los pobres.

El mensaje de los indignados a los líderes de Davos podría resultar esta vez contundente: o cambian o los cambian. La ruta de las protestas que surca al mundo, todas por una vida digna y un mundo mejor, no parece tener reversa.

21 de enero de 2014.

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