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De las ‘Soluciones Express’ a la realidad

Por Juan Manuel López Caballero  

La doctora Cecilia López me aventajó al describir una característica que se repite en la forma de manejar los problemas del país por parte del actual gobierno.

La llamó las ‘soluciones express’ y se refiere a la forma en que se producen medidas demagógicas que no corresponden a la solución del problema que tratan pero si dan la imagen de que se está atendiendo.

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Por Juan Manuel López Caballero  

La doctora Cecilia López me aventajó al describir una característica que se repite en la forma de manejar los problemas del país por parte del actual gobierno.

La llamó las ‘soluciones express’ y se refiere a la forma en que se producen medidas demagógicas que no corresponden a la solución del problema que tratan pero si dan la imagen de que se está atendiendo.

Sus ejemplos son las ‘casas gratis’ del vicepresidente Vargas Lleras y ahora las 10.000 becas para los mejores estudiantes que no tengan recursos para acceder a lo que darían sus capacidades.

Destacó que por no ser propiamente programas (en el sentido de no tener proyección o continuidad, ni tomar en cuenta el resto de la población que se encuentra en la misma condición) solo benefician a una minoría del universo que tendría igual derecho, y al mismo tiempo oculta que ninguna respuesta se da a la dimensión de lo que se olvida.

Pero otras características pueden mencionarse.

Entre ellas, la improvisación o falta de estudio y evaluación de las dificultades para desarrollar esos anuncios y las consecuencias que traerían. Y por supuesto lo que en los resultados se refleja.

En el caso de las viviendas se asumió que los terrenos se conseguirían con las entidades territoriales, que los constructores se pelearían por entrar a esas actividades, y sobre todo se olvidaron las costumbres y necesidades de los potenciales beneficiarios.

Hoy, tres años después de su lanzamiento solo se han entregado el 40 %, adjudicado en el papel otras 40.000, y pendiente de contratarse en licitaciones otro 20 %. Buena parte de quienes las han recibido se encuentran descontentos por la dificultad de adaptación que eso implica, por un lado no estar preparados para los pagos mensuales por mantenimiento o por los servicios públicos; por otro lado sus modos de convivencia chocan con el mundo al cual se envían.

Otros caso citable sería el de la restitución de tierras para las familias de desplazados. Muchos anuncios de programas e incluso leyes que suponen responder al problema de 1.500.000 familias en esa condición. Menos del 20 % se han interesado en esa propuesta y menos del 5 % han efectivamente retornado a sus predios. En cambio, varios de los promotores han sido asesinados y ninguna solución apropiada o adecuada se ha contemplado para el resto de los casos de quienes en la misma situación no aspiran por diferentes razones a beneficiarse de esa alternativa.

Coincide este tratamiento en referirse a determinadas situaciones sin contextualizar la realidad de las mismas. Así se producen anuncios que mostrarían un gobierno que atiende todos los frentes y da solución a todos los problemas cuando lo cierto puede ser lo contrario.

De todo esto lo que preocupa no es lo ya pasado sino las promesas o anuncios recientes.

En cuanto a las diez mil becas para los más ‘pilos’ de los estratos 1,2 y 3, el costo de estas será la disminución para otros programas del Ministerio (no nace de un presupuesto adicional, por lo tanto será a costa por ejemplo de la ya cuestionada poca asignación para las universidades públicas); no dice nada respecto a los centenares de miles que no podrán gozar de ese subsidio del Estado; no se sabe cómo afectará los procesos y las condiciones de entrada a las universidades a las cuales serán remitidas (el 85 % escogieron entidades privadas); los cupos que así se asignen necesariamente desplazarán a otros que solo por el hecho de no pertenecer a ese programa perderán la oportunidad de esos cupos; y nada se sabe de cómo se manejarán los casos de abandono, cambio de carrera u otros que signifiquen incumplimiento por parte de los becados. No hay duda que la idea suena deseable, pero lo que parece es que detrás de ella hay, más que estudio, algo de propósito de manejar imagen.

Y mayor es el temor con las licitaciones y programas de obras de infraestructura. Por tradición las grandes obras que se contratan terminan en demoras, incumplimientos y sobrecostos. Los casos de La Línea, Girardot, Buenaventura, o Tunja no son excepciones sino ejemplos típicos. Lo raro es que se declare la caducidad o se exija verdaderamente el cumplimiento. Y aún más raro que se cumpla en los términos pactados. Como antecedente esto haría dudar de tanta belleza como se promete. La garantía sería que quien hoy ‘gobierna’ en ese aspecto es el actual vicepresidente y quien se propone con esas ejecuciones como futuro aspirante a presidente. Pero ni el precedente de lo que sucedió con las casas gratis, ni el cambio en las condiciones económicas bajo las cuales se lanzaron estos programas, ni el plazo para la culminación de las mismas, auguran que se verán los resultados que se prometen. No sería inesperado que se convirtiera en una cría de ‘elefantes blancos’, megaobras inconclusas y pleitos indefinidos. Una vez más, parece que estas ‘soluciones express’ están más soportadas en el interés promocional de quien las presenta que en un estudio juicioso y riguroso sobre su viabilidad.

 

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